Opinión

Ya hoy es ayer, importa el mañana

Un característico signo que distingue la época actual de todas las precedentes es la velocidad a la que están cambiando las ciencias y la tecnología. No bien se lanza un producto al mercado de consumidores cuando ya se está anunciando otro nuevo modelo que torna obsoleto al recién estrenado. Tanta es la rapidez que los usuarios no llegan a conocer en detalle las especificaciones de una maquinaria cuando ya circula otra sustituta. Lo que a todas luces resulta ventajoso no deja de tener su aspecto negativo, el mundo pobre no dispone de los recursos financieros para seguirle el ritmo al vertiginoso ambiente competitivo de la cambiante nanotecnología.

El campo de la medicina es un área donde con mayor intensidad se nota el fenómeno arriba expuesto. El facultativo que recibe a un paciente ya sea en la sala de emergencia o en su consultorio, acude a una serie de analíticas de laboratorio y estudios de imágenes requeridos para el diagnóstico, o el seguimiento de una determinada dolencia orgánica. Tanto las pruebas de sangre, orina, gases arteriales, aspirados por aguja, biopsia líquida, sonografía, tomografía, resonancia magnética, rastreo por emisión de positrones, ecocardiograma, electroencefalograma, y otro gran etcétera de sofisticados estudios utilizan equipos de última generación que con solo 3 a 5 años de uso ya constituyen dinosaurios en fase de extinción.

¿Qué país con recursos muy limitados, y con un endeudamiento externo excesivo y en aumento, soporta seguir el ritmo y la velocidad a esta danza tecnológica? El gran problema que se nos presenta tiene mucho que ver con la transformación de los servicios de salud, entiéndase la total privatización de las atenciones sanitarias en general. La promoción de hábitos saludables requiere de renovadas plataformas atractivas para que los mensajes puedan llegar y calar en los distintos estratos en que está dividida la sociedad. Los esquemas de vacunas y la naturaleza de las mismas, fechas de caducidad, mantenimiento, distribución, vías y modos de aplicación, son objeto de cada vez más frecuentes modificaciones, lo que aumenta la carga presupuestaria del sector salud. Todo esto debe tomarse en cuenta para un efectivo alumbramiento del retrasado parto de la esperada Atención Primaria.

¿Qué hacer? ¿Caerle detrás y perseguir hasta alcanzar el tren de la modernidad, montarnos en el mismo, o contemplarlo desde una hamaca? Lo racional y sensato sería llevar a cabo un análisis serio de nuestra realidad sanitaria en pleno siglo XXI y hacer una proyección generacional de 25 años, con una continua revisión, ajuste y actualización cada cuatrienio, lo que incluiría en primer plano el equipo humano, seguido del complemento nanotecnológico. La inteligencia artificial serviría a la sociedad, contrario a tener un conglomerado esclavo de la informática de avanzada.

El mercado, a través de sus sofisticados equipos robotizados, pudiera tornarse en un enemigo mortal de los trabajadores de la salud, cuando podemos hacer de él un poderoso aliado que permitiera el uso racional y diversificado, léase especializado de los recursos humanos. Nada de cambiar por cambiar, sustituyamos de acuerdo a nuestro plan maestro monitoreado y ajustado a la realidad social dominicana vista dentro del contexto regional y universal.

La innovación nanotecnológica como vorágine huracanada, rápidamente convierte el hoy en pasado, al joven lo hace anciano, al tiempo que acerca el hoy al mañana. Es a este futuro próximo, al cual debemos apostar, para sobrevivir como generación.

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