Opinión

Incentivos fiscales (II)

Aunque algunos dudan sobre la eficacia de los incentivos fiscales para atraer inversiones, tengo la convicción de la efectividad de esa política en diferentes renglones de la economía, especialmente en la creación de fuentes de empleo, progreso y en la generación de divisas. Así está demostrado en los sectores zona franca y turismo.

Los incentivos tributarios inducen a la entrada de capitales a los países emergentes y estimulan la inversión contribuyendo con la estabilidad macroeconómica y con el desarrollo. Pero tampoco considero que deben permanecer para siempre, pero si se deben revisar algunos aspectos como el nivel salarial en los sectores beneficiarios.

Es bien sabido que en décadas pasadas existían grandes obstáculos para el desarrollo de las empresas debido a la inestabilidad macroeconómica, incertidumbre política, prácticas anticompetitivas, y el poco acceso al crédito nacional e internacional.

Una buena infraestructura y estabilidad macroeconómica, son algunos de los factores que inciden en la atracción de capitales, y que han permitido nuevas inversiones. Pero también creo en los incentivos fiscales de la Ley 28-01 para la zona fronteriza.

Lo importante es lograr que más empresas locales y extranjeras fluyan hacia la frontera. Los empresarios locales, que hoy rechazan la continuación de esa legislación, deben instalarse en esa región para que compitan con sus homólogos en igualdad de condiciones, a sabiendas que los incentivos seguirán jugando un papel preponderante en las políticas públicas y en los debates.

En medio de expectativas pesimistas sobre la rentabilidad de las pocas empresas que se han instalado en la frontera, hoy algunos empresarios tratan de incidir para que se eliminen los incentivos fiscales establecidos en la Ley 28-01, bajo el alegato de que les hacen una competencia desleal.

Quienes se arriesgaron y hoy han alcanzado niveles mínimos de rentabilidad, ven cómo otros que no han querido realizar inversiones procuran la eliminación de los incentivos. Lo que se observa es que todavía hay entre algunos empresarios una sensación de pesimismo sobre la rentabilidad de sus empresas en la frontera, que incluye la probabilidad subjetiva porque todavía siguen dependiendo de la percepción subjetiva.

Es lógico que en la zona se demanda personal capacitado que pudiera perfilar una estrategia dirigida a la competitividad, pero para eso son los incentivos fiscales para que esas empresas pudieran preparar una plataforma que pudieran alcanzar la competencia y competitividad. Si creemos en la inversión en la frontera no se puede dejar de lado a un empresariado que cree en el desarrollo de la zona.

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