Alberto Quezada
El gobierno que encabeza el presidente Luis Abinader en la actual coyuntura luce
colmado de una serie de acontecimientos y situaciones que dan la impresión
colectiva de que está llevando muchos cartones juntos que al final podría hacer
más daño que bien.
La agenda que vemos que se está llevando a cabo se nota cargada de temas muy
disimiles, sensitivos, conflictivos, delicados y hasta cierto punto,
desestabilizadores. Si son necesarios he importante para la nación dominicana, eso
es otra discusión, pero lo que sí se puede ver, es que el presidente Luis Abinader
está poniendo a riesgo su figura histórica.
Esto podría verse para muchos, como algo normal en el contexto de un país en vía
de desarrollo, con una enorme deuda social y fragilidad institucional, pero en
honor a la verdad, la sensación que trasluce esta acción es que hay una mayor
carga de buena intensión que de posibilidades de obtener los objetivos trazados.
Lo que el presidente Luis Abinader está llevando a cabo y padeciendo en un
mismo tiempo y espacio es terrible, abruma, desconcierta, preocupa, intranquiliza
y hace dudar de sí al final del día todo lo que está planteado y sucediendo será
posible.
Demos una mirada rápida, por ejemplo, a los temas y conflictos que el doctor
Abinader y su equipo de gubernamental se ha propuesto llevar a cabo de manera
conjunta y paralela, reforma constitucional, reforma fiscal, reforma Laboral, la
delicada situación migratoria que deportar 10 mil nacionales haitianos del país
semanal.
Y aunque se diga y hable hasta la saciedad con alardes rimbombantes de la
independencia de la justicia, también se le suma la reciente Operación Camaleón
que involucra a dos jóvenes connotados de la denominada sociedad perfumada.
Las últimas horas vividas por una parte importante de la sociedad dominicana fue
de brinco y espanto, fue algo de mucha tensión lo que se vivió desde las cuatro de
la tarde y hasta 11: 30 de la noche del miércoles 2 de octubre. Todavía se respira y
se siente el estrés social, la atmósfera está muy, muy cargada. ¡Dios que nos
ilumine! .