Observamos durante las Elecciones Generales de Venezuela, celebradas el domingo 28 de julio de 2024, en las que se enfrentaron el actual presidente de la República Nicolas Maduro Moro (de la izquierda), y el ex agente de la CIA Edmundo Gonzalez Urrutia (de la derecha); en la ocasión al polarizarse las contradicciones una vez el Consejo Nacional Electoral (CNE) de Venezuela proclamara como ganadores del proceso al polo encabezado por Maduro.
El ataque del Departamento de Estado y sus satélites en todo el Continente, libraron una campaña mediática de decrépito y aislamiento mundial.
Dos frentes entraron al debate continental en torno a los resultados de dicho proceso, los pros y los contras revolucionario.
Lo chocante del caso e inexplicable fue escuchar a sectores de la misma izquierda en América Latina haciendo causa común con la CIA y el Departamento de Estado de los Estados Unidos de América, tales como Lula Da Silva de, Brasil; Gustavo Petro, de Colombia; Yamandú Orsi, de Uruguay; entre otros.
En República Dominicana vimos con mucha pena, por un lado el silencio de fuerzas políticas que en toda su historia no vacilaron al definir posiciones en defensa de la Auto determinación de los pueblos, la Soberanía de las Naciones, que son la base esencial que definen el Derecho Internacional, consensuado por los gobiernos del mundo en la Carta de las Naciones Unidas (ONU).
De manera abierta y evidente vimos candidatos y dirigentes políticos a todos los niveles en la República Dominicana, obviando el derecho de los venezolanos a decidir su destino, y, de esa manera, dichos políticos dejaban un mensaje claro ante la embajada de Estados Unidos, de postracción y de apoyo claro.
Cantaban para justificar su viraje hacia la Derecha:
«Hugo Chavez, sí» «Con Nicolás Maduro, no».
A los del PRM, podríamos decir que le entendemos, en tanto odiaron a los chavistas desde el momento mismo en que estos derrotaron a su aliado en Venezuela Carlos Andres Pérez, quien, desde tiempos históricos, mantenía relaciones evidentes y de cercanía con José Francisco Peña Gómez y el Partido Revolucionario Dominicano (PRD), pero se podría ver como inexplicable, en tanto los orines y la tradición del PRD se situaban en la llama corriente liberal.
Pero, escuchar a un PLD, olvidar su historia desde Juan Bosch y su Declaración de Principios establecida en sus Estatutos, eso, no solo muestra la alta inconsistencia del bochismo en ese partidos, sino también un viraje acelerado hacia la Derecha, hecho que se registra sin explicación y sin la presencia de una base teórica que sirva de sustento a ese viraje o desviación ideológica.
Actualmente Venezuela está sitiada por cañones y misiles de guerra apuntando su territorio, sin sustento jurídico que justifique esa amenaza sin que en Cenezuela se registre un solo evento que implique o justifique la loca actuación del presidente Donald Trump, y (eso sí) bajo el argumento, ya no de vincular al presidente Maduro con el supuesto Cartel de los Soles, sino sosteniendo que: «el petróleo y las riquezas del subsuelo de Venezuela fueron robados a los Estados Unidos de América» por los venezolanos.
En esencia, lo que debe entrar al debate mundial en torno a la agresión de los gringos en el Caribe, no es si Nicolas Maduro es bonito o feo, si me gusta o no.
El debate debe ser sobre la base del Derecho Internacional, debatir sobre la Carta de la ONU y la soberanía de los pueblos.
A Donald Trump se eligió en EE.UU, para administrar a su Nación y no para extralimitarse y salir con cañones a amenazar, cuan Emperador intocable, a agredir y robarse de manera vulgar, como corsarios o piratas de nuevo tipo las riquezas naturales de los pueblos, tal como se roban a la fuerza ahora mismo los busques petroleros de Venezuela.
Es un hecho sin antecedentes históricos, que la humanidad no se merecen.
El poder no es suficiente para avasallar; el poder corrompe y se desacredita cuando se leja de la moral y Derecho.