La penetración de la radio como medio de comunicación es masiva y ha resistido con el tiempo los diferentes medios, que han surgido posterior a su aparición
Las transmisiones radiales alcanzan a casi toda la población, donde falla internet o las señales de la televisión abierta, llega la radio, que tiene sus atractivos gracias a la inmediatez, bajo costo y accesibilidad, es decir que se escucha sin tecnología complicada, solo un simple receptor y es suficiente para recibir los más variados mensajes y programaciones.
Como receptor comparto los mensajes de la radio, la televisión y soy usuario permanente del internet, incluyendo sus derivaciones, los llamados canales sociales.
Escuchar la radio en estos días festivos fue suficiente para confirmar las maniobras gubernamentales tratando de que la población oculte su cruda realidad.
Mientras en los colmados, mercados, puestos populares y supermercados el tema común era los altos precios de los productos para la cena de nochebuena, desde la radio, el gobierno nos bombardea con los anuncios de la “brisita”
Una saturación en la difusión de los spots de la famosa “brisita”, siguiendo el plan mercadológico del gobierno, procura disminuir la indignación popular por el escándalo del robo del SeNaSa, que lo tipificamos así (robo) por el daño en los sectores vulnerables en un esquema de atención al usuario, que funcionaba muy bien y dejaba beneficios al gobierno.
Saturar con el anuncio de la Brisita solo busca que los ciudadanos desvíen su atención a las cosas que verdaderamente le preocupan: apagones, luz cara, pérdidas del sector eléctrico, hoyos financieros en instituciones públicas, abandono de la tanda escolar extendida, miles de niños sin aulas escolares, inseguridad ciudadana, colapso de los servicios, entre otros.
La incertidumbre es la única certeza de ciudadanos y ciudadanas, que cuando se les presenta la oportunidad, manifiestan su rabia y descontento.
El gobierno, atiborrando de publicidad la ciudadanía, busca que se ignoren problemas acuciantes, sin que se comprenda, como dice la experiencia y la sabiduría popular, que “no se puede tapar el sol con un dedo”