Opinión

Los políticos de territorio.

Existen políticos que cuentan con un alto nivel de reconocimiento a nivel nacional no necesariamente son líderes que pueden ejercer una postura que defina algún tema de elección o decisión más allá de la percepción del momento. El alcance de sus posturas puede ser poco representativo.

Con el pasar de los años, hemos visto cómo figuras políticas que desempeñan una función desde la capital del país comienzan a aparecer en encuestas, incluso gustan a nivel nacional y logran tener simpatizantes en diferentes demarcaciones, pero si no visitan el territorio, poco a poco van apagando esa llama. Y sobre todo cuando la función ya no está y no tienen tanta cabida en los medios de comunicación.

Cuando se está ante el tren gubernamental, todo es más simple, dependiendo de la función que se esté desempeñando. Si usted ejecuta políticas públicas que abarquen todos los puntos del país y son de impacto para la clase mayoritaria, su nombre comienza a sonar para bien o para mal, pero este efecto es muy positivo para la imagen de un político.

Como dirigente político, ya sea de oficialismo o de oposición, el que visita, participa y no es figura decorativa va creando una estructura no necesariamente propia, pero sí de compañerismo, y puede llegar hasta la amistad. Dominar el territorio para un dirigente político puede ser una tarea fácil si este cuenta con las condiciones necesarias y sabe identificar la manera correcta de hacerlo, pues el que vive y siente la actividad política con dedicación y empatía conecta muy fácil con este arte del trabajo político.

Y es que el territorio es tan importante, puesto que va dejando cabezas en distintas zonas y, electoralmente hablando, ante la abstención creciente en el país, las elecciones se ganan con el que más personas lleve a las filas el día de las elecciones. Tener ese dominio de poder dirigir esas tropas es la mayor satisfacción que puede tener un político, y todo esto es posible dominando el territorio.

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