Opinión

EL GOBIERNO QUE SE PISA A SÍ MISMO

Por: Osiris Mota | En política, no basta con tener buenas intenciones. Tampoco basta con multiplicar instituciones, y menos ser populista. Un Estado que no se coordina es un Estado que se contradice, se duplica y finalmente, se sabotea a sí mismo dilapidando recursos vitales para la solución de los problemas de la sociedad.

La falta de articulación entre instituciones públicas no es un problema menor ni técnico: es una de las causas más profundas del estancamiento en nuestros países del Caribe. Y en el caso dominicano, es una herida abierta que seguimos maquillando con anuncios, mientras la realidad sigue desbordándose.

Durante años hemos construido un aparato estatal que crece en tamaño, pero no en eficiencia. Ministerios, direcciones, programas sociales, gabinetes especiales, todos operando como islas, compitiendo entre sí, y olvidando que el objetivo no es lucirse y enriquecerse, sino fortalecer la institución y resolverle la vida a la gente. En esto el gobierno del PRM es un gran desastre.

Cuando las instituciones no se coordinan, la burocracia se convierte en un obstáculo. El ciudadano tiene que tocar múltiples puertas para resolver un solo problema. El emprendedor se ahoga en permisos. El inversionista se enfrenta a señales contradictorias. Y en ese caos, florece lo peor: la informalidad, la ineficiencia y la corrupción.

La falta de coordinación debilita la capacidad del Estado para responder a crisis, algo particularmente grave en una región como la nuestra, expuesta a desastres naturales, choques económicos y vulnerabilidades sociales. Sin articulación, cada institución actúa tarde, mal o nunca. Y el costo lo paga el pueblo, especialmente los más pobres. Actualmente, con los conflictos del medio oriente, es cuando más necesitamos de una muestra de coordinación.

También erosiona la confianza. Un Estado desorganizado transmite una señal peligrosa, que no hay dirección, que no hay control, que cada uno hace lo que le da la gana. Y cuando la ciudadanía pierde la fe en sus instituciones, la democracia se queda sin contenido.

Aquí es donde el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) tiene una responsabilidad histórica que no puede evadir.

No se trata solo de recordar los años de crecimiento o las obras ejecutadas. Se trata de reconocer con honestidad que parte de este problema también se incubó en la lógica de gobierno que priorizó la expansión institucional sin garantizar su integración efectiva.

Hoy, desde la oposición o desde cualquier espacio de reflexión política, el PLD tiene la oportunidad, y la obligación, de replantear su visión del Estado.

Un Estado moderno no es el que más instituciones tiene, sino el que mejor coordina sus operaciones.

No es el que más gasta, sino el que mejor impacta la sociedad.

No es el que más promete, sino el que más cumple, porque sabe cómo hacerlo de manera articulada. Y los peledeistas de Juan Bosch, saben que la reforma pendiente no es solo fiscal, y administrativa. Debemos reestructurar el esqueleto institucional, conectar, alinear y poner a todas las estructuras del Estado a trabajar en una misma dirección. Unificar criterio como nos decía Juan Bosch.

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