Opinión

Paz y salud universal

A Galileo Galilei se le atribuye la célebre frase “Eppur si muove”, cuya traducción al español es “Y, sin embargo, se mueve”. Este astrónomo italiano nació en Pisa, Italia, a comienzos del año 1564. En 1633, el tribunal de la Inquisición le obligó a retractarse de su apoyo a la teoría de Copérnico, que aseguraba que era la Tierra la que se movía alrededor del Sol, y no lo opuesto, sostenido por Ptolomeo y apoyado por la Iglesia católica.

La Tierra, al igual que todos los integrantes de nuestra Vía Láctea, está en constante movimiento. Los integrantes de los reinos mineral, vegetal y animal están en continuo cambio; a pesar de ello, gracias a la inercia, todo nos luce como si permaneciera igual.

El mundo material, social, cultural, económico y político también está sujeto a cambios que modifican el statu quo del individuo, la familia, los pueblos, las naciones y los continentes.

Con la salida voluntaria del gobierno de los Estados Unidos de la Organización Mundial de la Salud, la capacidad operativa de tan importante órgano de asistencia sanitaria para las distintas naciones se ha visto mermada. Los programas de ayuda a personas afectadas por el Sida, la tuberculosis, la desnutrición y el dengue, así como las campañas tradicionales de vacunación, se ven debilitados ante la falta de recursos financieros para sostener al personal y para la compra de los insumos farmacéuticos.

Los efectos del cambio climático, aunados a los aires de violencia que arropan a varios continentes, mantienen una atmósfera de inseguridad, ansiedad colectiva e incertidumbre, en la que mucha gente solamente sabe del hoy sin ser capaz de predecir con un gran nivel de certeza lo que vendrá mañana. Por varias generaciones predominó la confianza en los acuerdos internacionales, el diálogo y la negociación para la resolución de los conflictos. Muchos confiamos en la fuerza de la razón y en los entendimientos pacíficos. De repente, nos cambian las reglas en medio del juego.

La razón de la fuerza se impone al mundo sin que la población haya tenido tiempo para reponerse del asombro. Oriente y Occidente son ahora los dos polos desde los que se valora a los terrícolas. Polo Norte y Polo Sur son apenas dos puntos de confluencia de los meridianos terrestres. Quienes por la edad han perdido gran parte de la resiliencia requerida para afrontar las circunstancias actuales probablemente sucumban a la gran sacudida emocional del cambio paradigmático.

Muchos somos los testarudos que seguimos apostando al raciocinio, la fe y la confianza de que la especie Homo sapiens es inmensamente buena, y que esa bondad hará que la mirada humana evite vernos como enemigos, sino más bien como hermanos y hermanas que, en coro cristiano, repitamos como un eco salvador: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.

Votemos por la paz y la salud universal. Así lo demandan todos los hombres y mujeres de buena voluntad que pueblan la Tierra.

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