Por: Juan Manuel Ventura | En la actualidad podríamos decir que la vida partidaria atraviesa uno de los momentos más tensos en la vida republicana pues hasta cuando nos separábamos entre azules y rojos existía una dosis de sentido patriótico y se perseguía un fin colectivo.
Ahora vemos cómo los partidos se subdividen en parcelas y es que todos absolutamente todos los partidos tienen en sus venas diferentes corrientes que van más allá de la lealtad partidaria al grupismo. Esta acción golpea la vida institucional de los partidos.
Para las elecciones del 2028 se pudiera decir que el partido que pueda mantener la unidad podrá llegar a la Casa de Gobierno.
En el partido oficialista se puede observar una diferencia que pareciera ser insalvable entre las facciones más fuertes del Partido Revolucionario Moderno mientras que en la Fuerza del Pueblo por momentos se destapa la olla y salen a la luz los problemas que circulan entre los pasillos del partido verde. El PLD reaparece fortalecido en las encuestas pero con el temor de poder llevar una campaña de elección de su candidato presidencial sin rupturas.
Y es que desde hace tiempo en República Dominicana se dejó a un lado las luchas políticas ideológicas aunque está más que claro que nadie quiere hacer ese análisis y los partidos no quieren asumir sus roles ideológicos pues en el mundo en que vivimos todos queremos parecernos a Bukele y venerar a Donald Trump.
Los partidos de izquierda priorizan en sus principios la igualdad y la justicia social mientras que la derecha busca el individualismo y podría decirse que es el modelo que está predominando hoy pues mientras el país sufre atentados directos a la salud del dominicano de a pie como el caso de SENASA y el oncológico del Cibao cada quien anda por su lado olvidándose de los intereses de la nación.
La propuesta y el discurso de campaña dirigido a la clase pobre dominicana sin duda alguna será en las elecciones 2028 el devolver, estabilizar y garantizar el sustento de las familias pues la situación económica que atraviesa el país en estos momentos es como describir el Niágara en bicicleta.
Pero para que un país viva en un sistema político democrático necesita partidos fuertes y sólidos no divididos en diferentes parcelas que buscan el interés individual sobre el colectivo.
Un país no se sostiene con líderes virales ni con partidos convertidos en agencias de empleo para clanes. Si para el 2028 seguimos trabajando en torno a parcelas y no sobre los intereses del país continuaremos golpeando la democracia.