El balance que presenta el Gobierno del Partido Revolucionario Moderno (PRM), al cumplirse el 16 de este mes su sexto aniversario, no puede ser más crítico. Tras un primer período (2020-2024) caracterizado por el retroceso nacional en todos los órdenes, la tendencia dominante en los primeros dos años del segundo mandato es la acentuación de las deficiencias del primer cuatrienio, acompañadas por la improvisación, el aumento en el costo de la vida, el deterioro de los servicios públicos, las quejas y las protestas ciudadanas.
Los anuncios y planes mediáticos con los que se ha procurado presentar al país logros inexistentes no han acallado las quejas ni el malestar de la gente, los cuales se han visto incrementados en la víspera de este nuevo aniversario de la gestión gubernamental.
La arrogancia de los funcionarios que presentan supuestas obras y logros económicos contrasta con el sentir de un pueblo que se expresa arrepentido de haber creído en las mentiras y engaños con que las autoridades actuales llegaron al poder.
Un examen imparcial de cada área del Gobierno deja al descubierto la frustración ciudadana ante el desastre que vive el país: el alto precio de la comida, combinado con nuevas cargas tributarias indirectas, ha complicado la situación económica de las familias.
Otro de los problemas del Gobierno, que no han podido ocultar la propaganda ni el marketing oficiales, es la desaceleración del crecimiento económico, el cual se ha quedado por debajo de las metas trazadas y no se refleja en el bienestar de la gente.
Como si todo eso fuera poco, también se ha registrado un claro retroceso en el funcionamiento de los servicios públicos, entre los que figuran el transporte, el sistema eléctrico, el educativo y el mantenimiento de la infraestructura escolar.
La inseguridad ciudadana ha alcanzado niveles preocupantes en una sociedad donde la delincuencia afecta a todos los sectores. En los tiempos en que era aspirante a la presidencia, Luis Abinader prometía constantemente a todo el que lo quería escuchar —y pedía con una seguridad bien actuada que grabaran sus palabras— que tenía un plan para resolver ese problema en dos años con la asesoría de Rudolph Giuliani, exalcalde de Nueva York. Sin embargo, transcurrieron los dos años prometidos, luego dos más y tras estos dos más, la población se siente hoy más asediada que nunca por la delincuencia.
Mientras los ciudadanos viven acorralados por estos problemas, el Gobierno del PRM rompe todas las marcas de endeudamiento público, sin que el compromiso que esto representa para las presentes y futuras generaciones se traduzca en un bienestar social equitativo.
Estos han sido seis años perdidos. El Gobierno del PRM ha sido un fiasco que la población sufre en carne propia con apagones, altas facturas eléctricas, déficit de aulas, falta de equipos y medicinas en los hospitales, y el abandono del campo, que ahora produce menos del 60 % de lo que consume el país. En fin, una gestión fallida que no solo ha sido incapaz de cumplir lo que prometió, sino de conservar lo que recibió.