«No dejen de luchar por lo correcto, aunque les cueste el puesto». La frase, convertida en lapidaria, será recordada en la posteridad por la denuncia implícita que entraña, aun cuando no se expongan detalles; por lo demás, innecesarios en una sociedad que ha sido testigo de tantos desmanes.
La expresión pertenece al saliente director de la Policía Nacional, el mayor general retirado Andrés Modesto Cruz, y ha generado un fuerte revuelo político y social, pese a los intentos del Gobierno por minimizar su impacto.
El mensaje, pronunciado tras haber permanecido apenas seis meses en el cargo, provocó reacciones en la opinión pública que ameritan examinar con mayor atención la intención del alto oficial.
Sin embargo, no hace falta profundizar demasiado en sus palabras para concluir que se trata de una denuncia directa sobre irregularidades internas.
Para nadie es un secreto que la Policía Nacional atraviesa una crisis moral, la cual ha motivado el intento de modificar su marco normativo y la discusión sobre una reforma policial que, hasta ahora, no ha pasado de lo cosmético.
«Sean íntegros, luchen por lo correcto», remató el efímero director para completar la advertencia con la que se despidió de la institución.
El Gobierno tiene el deber de explicar las razones de una sustitución tan prematura, sobre todo tras unas declaraciones que abren serias interrogantes.
Este episodio —objeto de intensos análisis, comentarios y conjeturas— merece una lectura oficial más profunda y madura, alejada de las manipulaciones mediáticas a las que el gobierno suele recurrir.
El problema ético sigue siendo uno de los principales escollos en la Policía Nacional. Ignorar este aspecto equivale a seguir transitando por terreno movedizo en el empeño por concretar la tan cacareada reforma o la aclamada Ley de Policía.
El pueblo dominicano tiene derecho a una explicación y espera, ansioso, por ella.