Hablan los hechos

Los desequibrios globales

En la economía mundial hace diez años que se arribó a la peor crisis económica financiera más grande cuyo precedente se remonta al 1929 cuando ocurrió la gran crisis global que estremecieron todas las economías a escala planetaria. Situación esta derivada de un elevado apalancamiento, o endeudamiento, permitido a ciertas instituciones financieras fruto de la desregulación ocurrida a partir de la década de los noventa que dejó amplios segmentos del mercado fuera de la supervisión de la autoridad e inclusive el establecimiento de una política monetaria en los EE.UU conducente a un amplio incremento de la liquidez.

A partir de septiembre del 2008 se produjeron fuertes caídas en los precios de los activos y se desencadenó la peor crisis financiera sistémica en varias décadas.

A partir de septiembre del 2008 se produjeron fuertes caídas en los precios de los activos y se desencadenó la peor crisis financiera sistémica en varias décadas. Por igual, en octubre, y en algunos casos también durante noviembre, los precios de las materias primas mostraron descensos significativos mientras que los índices bursátiles registraron caídas cercanas al 50%.

Como precedente inmediato está el hecho de que durante la década de los noventa, EE.UU experimentó una importante alza de la actividad económica apoyada en el crecimiento de la inversión en bienes de capital, principalmente equipamiento informático, y en una elevada expansión del consumo. Este dinamismo estuvo apoyado por el importante aumento de la liquidez en el mercado monetario y por la reducción de las tasas de interés que se verificó durante la década de los noventa y en los primeros años de los 2000.

A su vez, la conducción de la política fiscal entre 1990 y 1993 tuvo como resultado un marcado aumento del déficit fiscal, alcanzando niveles de entre 4% y 6% del PIB. A raíz de ello, a partir de 1994 las autoridades implementaron un programa de medidas destinadas a mejorar la posición fiscal del país, lo cual tuvo como resultado una reversión paulatina de este déficit alcanzando un superávit fiscal cercano a 2% en el año 2000.

Como precedente inmediato está el hecho de que durante la década de los noventa, EE.UU experimentó una importante alza de la actividad económica apoyada en el crecimiento de la inversión en bienes de capital, principalmente equipamiento informático, y en una elevada expansión del consumo.

A partir del año 2001, la conducción de la política fiscal se volvió más expansiva, motivada por un lado, por el mayor gasto fiscal relacionado con la seguridad nacional y los gastos militares. Pero por el otro, con el paquete de medidas aprobado en 2001, incluyendo la mayor reducción de impuestos en 20 años, destinado a dar un impulso a la economía a raíz de la fuerte desaceleración que esta última experimentaba en ese entonces.

El elevado ritmo de incremento de la demanda interna se tradujo a su vez en un alza significativa de las importaciones de bienes y servicios. En consecuencia, el déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos como porcentaje del PIB aumentó de 1,7% en el 1998 a 4,3% en el 2000, alcanzando un 6,2% en el 2006, esto implicó que EE.UU necesitara financiarse con el resto del mundo, fruto de esto la venta de bonos del Tesoro aumentó considerablemente y, con ello, las reservas internacionales de países emergentes invertidas en esos instrumentos.

En ese panorama se presentó un importante incremento de los precios de las viviendas: entre enero de 2000 y diciembre de 2007, lo cual implicó que el índice Standard and Poor´s de precios de viviendas aumentó un 85%. Esto se explica por el fuerte aumento de la demanda, fomentada a su vez por una mayor disponibilidad de crédito, apoyada justamente en los mayores precios de los activos inmobiliarios.

En ese panorama se presentó un importante incremento de los precios de las viviendas: entre enero de 2000 y diciembre de 2007, lo cual implicó que el índice Standard and Poor´s de precios de viviendas aumentó un 85%

En esa dirección, la disminución de las tasas de interés se traspasó a varias economías, lo cual generó un comportamiento similar de los principales índices bursátiles y de los precios de las viviendas en varias ciudades capitales en el mundo. Detrás del significativo incremento en el crédito hipotecario en los EE.UU estaba el sostenido aumento en el monto de contratos mediante instrumentos derivados desde el año 2000 que inundaba los diferentes mercados financieros. En total, y a nivel mundial, los contratos de derivados denominados over-the-counter (OTC) aumentaron desde 95,200 miles de millones de dólares en diciembre de 2000 a 595,341 mil millones de dólares en diciembre de 2007 y a 683,725 mil millones de dólares al final del primer semestre de 2008, según lo testificaron cifras del Banco de Pagos Internacionales (BIS).

A pesar de que todos los instrumentos derivados aumentaron en forma importante, entre diciembre de 2004 y diciembre de 2007 se destaca el aumento de los derivados de crédito desde US$ 6.396 miles de millones a 57.894 miles de millones de dólares. En consecuencia, entre diciembre de 2004 y diciembre de 2007, los derivados de crédito pasaron de ser un 2% a representar un 10% del total de los montos vigentes en contratos de derivados OTC a nivel mundial.

Por su parte, los derivados de commodities aumentaron de 1.443 miles de millones de dólares a 8.455 miles de millones de dólares en igual período. A su vez, los derivados en bolsas de valores registraron igualmente un aumento importante y los contratos de futuros y opciones crecieron desde un total de 13,753 y 23,034 miles de millones de dólares, respectivamente, en diciembre de 2003 a un total de 28,060 y 51,039 miles de millones de dólares a diciembre de 2007, respectivamente.

En este contexto de fuerte expansión crediticia, carencias de regulación y riesgos mal medidos, o simplemente no cuantificados, a mediados de 2007 se generó la alarma en el sistema financiero de EE.UU que explican los desequilibrios vigentes.

En el primer semestre de 2008 los montos vigentes de este tipo de contratos siguieron aumentando pero a tasas muy menores; a junio de 2008 los contratos de futuros totalizaban 28,634 miles de millones de dólares a la vez que los contratos de opciones totalizaban 54,099 miles de millones de dólares. Las alzas en estos tipos de contratos se debieron principalmente al aumento de los contratos de opciones sobre tasas de interés en los mercados de EE.UU entre el 2003-2005 y, a partir de 2006, al incremento de los contratos de opciones sobre tasas de interés en los mercados europeos.

En este contexto de fuerte expansión crediticia, carencias de regulación y riesgos mal medidos, o simplemente no cuantificados, a mediados de 2007 se generó la alarma en el sistema financiero de EE.UU que explican los desequilibrios vigentes. En efecto, la tasa de desempleo, después de reducirse en forma importante, desde 6,3% en junio de 2003 a 4,4% en diciembre de 2006, a inicios de 2007 empezó a aumentar sostenidamente, alcanzando en mayo de 2008 un 5,5%.

Con todo, el escenario base de la contracción económica del 2014 y una lenta recuperación el 2015 dejó como secuela un desequilibrio global de las economías que en la actualidad todavía no ha sido superada.

La alta probabilidad de que se generara un problema de contagio y de quiebras terminó materializándose a fines de septiembre de 2008. Como resultado, la liquidez en los mercados internacionales se contrajo, las tasas de interés del mercado interbancario aumentaron en forma importante, y en las primeras semanas de octubre se presentó una deflación generalizada de los activos financieros en los mercados internacionales, con caídas importantes en los precios de las acciones y de los productos básicos.

Con todo, el escenario base de la contracción económica del 2014 y una lenta recuperación el 2015 dejó como secuela un desequilibrio global de las economías que en la actualidad todavía no ha sido superada. La velocidad y sustentabilidad de la recuperación fueron negativamente afectadas por la escasez de crédito y caro por un período prolongado de tiempo cuyos efectos persistentes con un lento crecimiento del PIB, mayores niveles de endeudamiento, contracción del comercio global, desequilibrio de la balanza de pagos y expansión de la inequidad económica a escala planetaria.

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