El pasado 19 de agosto ocurrió una tragedia de tránsito en Argentina que tocó muy de cerca al Papa Francisco, que se encontraba en la Santa Sede Católica en ese momento.
Se trató de un hecho que consternó a millones de familia no solo por tratarse de parientes del Santo Pontífice, sino porque fueron todos los miembros de una familia de cuatro personas. Un auto contra un camión de carga, cuando la familia regresaba a su residencia de unas vacaciones a medianoche por autopista.
Fallecieron al instante del siniestro dos de los implicados, la madre con su hijo menor de apenas 8 meses de nacido. En tanto que el otro hijo de dos años, murió momentos después en el hospital. El Sr. Emanuel Horacio Bergoglio, que conducía el vehículo Chevrolet Spin en que iba su familia, quedó gravemente herido, con pronósticos reservados, hasta ser dado de alta el 24 de ese mismo mes.
Este acontecimiento que tocó de forma directa al Vaticano debió ser un catalizador para que los gobiernos a través de la Santa Sede se movilizaran con un plan estratégico para acoger los articulados de la Década de Acción Mundial proclamado por Naciones Unidas.
Sentimos que frente al dolor que produjo esa tragedia no ha habido hasta este momento una reacción de estímulo de alto nivel para erradicar el flagelo de la inseguridad vial, puesto que ya existen las iniciativas del Pontificio Consejo para la Pastoral de Emigrantes e Itinerantes “Orientaciones para la Pastoral de la Carretera»destinada a los obispos, sacerdotes, religiosos/as y a los agentes de pastoral , con el objetivo de integrarla la pastoral ordinaria, territorial y parroquial.
Sin embargo, llama la atención que su contenido no es conocido, ni divulgado, cuando ha sido una preocupación del más alto organismo eclesiástico en la primera mitad de la pasada década.
Queremos recordar la frase “Hay que difundir en la sociedad el mensaje evangélico de amor, aplicado a la realidad de la carretera, afianzando, en primer lugar, la conciencia de las obligaciones morales de los viajeros, alimentando el sentido de responsabilidad y garantizando el respeto de las leyes para evitar ofensas y daños a terceros.”
Las iglesias deben retomar este tema por el peso social que representan en el desarrollo de la sociedad.