Por: Juan Ariel Jiménez | Hay estadísticas que preocupan y otras que deberían quitarnos el sueño.
La semana pasada se publicaron los resultados de PISA 2025 y, una vez más, la República Dominicana aparece entre los países con peor desempeño educativo. En matemáticas, 9 de cada 10 estudiantes dominicanos no son capaces de resolver operaciones matemáticas relativamente sencillas. Mientras que en lectura 8 de cada 10 estudiantes tienen dificultades para identificar la idea principal y comprender adecuadamente un texto de varias oraciones.
Estos resultados son dolorosos, pero lamentablemente no deberían sorprendernos.
Las propias pruebas diagnósticas del Ministerio de Educación vienen mostrando desde hace tiempo la baja calidad de nuestro sistema educativo. En 2025, 94% de los estudiantes de tercer grado de secundaria obtuvo resultados insatisfactorios en matemáticas, mientras que 83% tuvo un desempeño insatisfactorio en lengua española.
Y detrás de estos porcentajes existe una tragedia humana mucho mayor.
Hay madres que se levantan temprano todos los días para llevar a sus hijos a una escuela o colegio convencidas de que están construyendo un mejor futuro. Hay padres que tienen que “hacer un lío” para conseguir una inscripción, pagar transporte, comprar uniformes y sacrificar una parte importante de sus ingresos.
Después de todo ese esfuerzo, demasiados jóvenes terminan la escuela sin comprender adecuadamente lo que leen o sin poder realizar operaciones matemáticas básicas.
Ante una situación así, lo lógico sería declarar una especie de emergencia nacional por la calidad educativa. Pero para resolver un problema primero hay que reconocerlo y desmontar algunas de las excusas que durante años hemos utilizado para justificar los malos resultados.
Primer mito: falta dinero
Durante años se ha dicho que nuestros resultados se deben simplemente a que invertíamos poco en educación y que era cuestión de esperar a que “el 4% diera resultados”.
Los datos de PISA obligan a revisar esa explicación.
Un estudiante dominicano recibe durante su trayectoria educativa una inversión acumulada cercana a US$48,996 en dólares ajustados por paridad de poder adquisitivo, con lo cual República Dominicana es el cuarto país de América Latina con mayor gasto acumulado por estudiante, solamente por detrás de Chile, Uruguay y Costa Rica. A pesar de esto, estamos entre los países con peores resultados educativos.
A modo de ejemplo, invertimos más del doble por estudiante que Perú y obtenemos resultados considerablemente peores.
Esto no significa que debamos invertir menos. Significa que invertir mucho es necesario, pero no suficiente. Hay que invertir mucho e invertir bien.
Segundo mito: el problema es la pobreza
Por supuesto que la pobreza afecta el aprendizaje. Un niño que no come adecuadamente o que vive en condiciones difíciles enfrenta obstáculos mayores. Pero utilizar la pobreza como explicación general tampoco resiste un análisis serio.
Primero, porque los estudiantes dominicanos de mayores ingresos también presentan un desempeño extraordinariamente bajo en las comparaciones internacionales. Los estudiantes del cuarto cuartil de nivel socioeconómico tienen un puntaje en ciencias inferior al de sus pares de Zambia (país africano más pobre que Haití).
Segundo, porque PISA muestra que alrededor de 17% de los estudiantes dominicanos enfrenta carencias materiales, mientras que países como Filipinas tienen más del triple de problemas económicos y, aun así, logran mejores resultados educativos.
Tercer mito: “los muchachos no están en eso”
También escuchamos que los jóvenes de ahora no quieren estudiar o que no tienen interés en aprender. Pero las estadísticas de PISA 2025 muestran que cerca de 60% de los estudiantes dominicanos muestra curiosidad e interés por aprender cosas nuevas, un porcentaje superior al observado en muchos de los países evaluados.
Podemos encontrar estudiantes desinteresados, naturalmente, como en cualquier país. Pero difícilmente podemos explicar el fracaso de todo un sistema diciendo simplemente que nuestros jóvenes no quieren aprender.
Quizás sea más incómodo preguntarnos si hemos construido un sistema capaz de transformar esa curiosidad en aprendizaje.
Cuarto mito: la culpa es de los profesores
Cuando fallan los estudiantes, una de las respuestas más fáciles es señalar al maestro.
Pero PISA muestra que 89% de los estudiantes dominicanos afirma que sus profesores muestran interés por su aprendizaje, 83% señala que el profesor continúa enseñando hasta que entienden y 86% dice que recibe ayuda adicional cuando la necesita.
De hecho, el índice de apoyo de los profesores dominicanos está entre los más elevados de los países evaluados.
Eso no significa que todos nuestros docentes sean excelentes ni que no tengamos que mejorar profundamente su selección, formación y evaluación. Significa que culpar simplemente al maestro tampoco explica el desastre, y que detrás de un pobre desempeño del docente muchas veces está el caos en las escuelas producto de la politización del sistema educativo.
Y aquí llegamos al punto incómodo: se acabaron las excusas.
Señalar culpables puede servir para lavarse las manos o para obtener algún beneficio político, pero ninguna excusa ha enseñado matemáticas a un niño ni ha ayudado a un adolescente a comprender mejor lo que lee.
Necesitamos un plan nacional de emergencia por la calidad educativa, concentrado en pocas prioridades, basado en políticas públicas que cuenten con evidencia de efectividad para mejorar los aprendizajes, y evaluado constantemente por sus resultados.
Un país no puede aspirar a entrar a la economía del siglo XXI cuando 9 de cada 10 de sus adolescentes no alcanzan siquiera el nivel básico de competencia matemática.
La educación debería ser la gran escalera de movilidad social de República Dominicana. Pero, hoy en día, esa escalera tiene casi todos sus escalones rotos.