Julio Ortega Tous
El Servicio Exterior, tanto diplomático como consular dominicano está en cuestionamiento. La reciente entrega por parte del Ministerio de Relaciones Exteriores de la nomina del Servicio Exterior dominicano a un diario electrónico, solo pone nombres y cifras a una situación que era vox populi en el país. Designados que no asisten a las embajadas o consulados; ausencia de criterios en la estructuración de la misiones dominicanas; favoritismos; falta de un criterio de un servicio exterior profesional y de carrera, y otros más que saltan a la vista.
El hecho que en una embajada como la dominicana en Haití, haya más de 60 personas en la nomina y que solo trabajen menos de una docena; que seamos el país con más embajadores alternos en la Naciones Unidas, en las sedes de New York, de Ginebra o de Viena, o la OEA en Washington; tener tres embajadores en Roma (¡!), uno ante el gobierno italiano, otro ante el Vaticano y otro ante la FAO; tener una embajada en Qatar y otra en Emiratos Árabes Unidos, pero no tener embajada en Arabia Saudita –el país más importante de la Península Arábiga- o en Turquía, o en el Líbano –con nexos históricos muy importantes con nuestro país; mantener la postura de no tener relaciones con China, la principal potencia comercial y económica del mundo contemporáneo, entre otras, nos dan la ocasión para proponer algunos puntos para una reestructuración del Servicio Exterior y de la propia Cancillería dominicana, que esté al servicio de los intereses tanto políticos como comerciales de la nación.
¿Cuáles debería ser las prioridades de la política exterior dominicana? ¿Cómo debe apuntar nuestro servicio exterior y su composición?
Entendemos que las prioridades deben ser las siguientes: 1) La más importante prioridad debe ser fortalecer nuestra integración con los países hermanos de América Latina y El Caribe. Por ello, deberíamos tener presencia diplomática en todos los Estados de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), con embajadas modestas pero profesionales y eficientes. Es muy pobre y poca la representación que tenemos en los países de CARICOM, donde solo tenemos embajadas abiertas en Jamaica y en Trinidad & Tobago. Es necesario extender representaciones a Barbados, a Guyana, a Surinam, a Bahamas y una embajada para los países de la Organización de Estados del Caribe Oriental (OECS) que agrupa a Antigua y Barbuda; Dominica; Granada; Santa Lucia (sede de la Secretaria del OECS); San Cristóbal y Nieves y San Vicente y Las Granadinas. Los otros tres miembros países son dependencias del Reino Unido (Montserrat, Anguila y las Islas Vírgenes Británicas). De igual forma deberíamos tener consulados en cada una de las islas asociadas en la OECS, así como en las dependencias francesas (Martinica, Guadalupe y Guyana Francesa), en las dependencias Británicas (Islas Turcas y Caicos, Islas Caimán y Bermudas además de los territorios mencionados miembros de la OECS). Igualmente, la República debe estar presente con embajadas funcionales en todos los países de América Latina que todavía no tenemos embajadas, en particular Bolivia, Belice y Paraguay. Dar prioridad a Unasur, Mercosur, Grupo Andino, SICA, ALBA, Petrocaribe, CARICOM, Alianza del Pacífico, Grupo Andino, entre los más relevantes, claro, poniendo todos los huevos en el proyecto de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC).
2) La segunda prioridad debe ser tener relaciones estrechas con todos los países Miembros Permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, es decir, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Rusia y la República Popular China, esta última excluida todavía de nuestra prioridad a pesar de las evidencias de que es una potencia mundial y que la guerra fría terminó hace más de 30 años. Junto con los países del Consejo de Seguridad, debemos priorizar los países del grupo BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) así como los países de Grupo de los 20 (G20).
3) En tercer lugar debemos priorizar nuestras relaciones con la Unión Europea y sus países miembros y en particular con España, por los lazos históricos que nos unen. La Unión Europea no es los países europeos individuales, por lo que debe haber una política de presencia y activismo diplomático y comercial en los 28 países miembros.
4) La República debe ver el mundo con otra óptica. La diplomacia de paltó y levita y recepciones no es la diplomacia de hoy. A pesar de nuestros lazos evidentes con África, apenas tenemos tres embajadas en África (Egipto, que más árabe que africano; Marruecos, también del mundo árabe y Sudáfrica). Debemos desarrollar una estrategia para estar presentes en los países claves de África, como Nigeria, Angola, Mozambique, Kenia, Etiopia, Senegal, Argelia, entre otros, con representación ante la Unión Africana, heredera de la Organización de la Unidad Africana. Lo mismo para el mundo árabe. A pesar de las convulsiones actuales, el mundo árabe es fundamental, y ampliar nuestras representaciones es fundamental.
5) Desarrollar una política de presencia activa en países claves de Asia, como Vietnam, Indonesia, Tailandia, Turquía, Pakistán, Filipinas y evidentemente, China.
¿Es posible lograr esta presencia sin objetivos específicos y un reordenamiento del servicio exterior? Evidentemente no. En su momentos plantee a las autoridades del Ministerio de Asuntos Exteriores, cuando estaba ligado a él, que dividiéramos las embajadas dominicanas en tres categorías. Una primera que serían las embajadas y misiones A) que deberían tener un personal muy profesional según demanden las circunstancias, pero en ningún caso deberían ser más de 12 ó 15 diplomáticos. ¿Cuáles serían esas embajadas A? Las misiones en Washington, en Puerto Príncipe, en Madrid, en Bruselas y en las Naciones Unidas, tanto en New York como en Ginebra. Un segundo grupo de embajadas B) que sería integrada por aquellos países que relevan de importancia para nuestros intereses pero que no debe pasar de 6 diplomáticos destacados. Para solo dar un ejemplo tenemos el caso de Brasilia, de Caracas, de Bogotá, de París, de Londres, de Suecia, de China, de India, de Rusia, de Japón, entre otros. Finalmente, un último grupo de embajadas C), que son los representantes del país en los demás países con un límite de 4 diplomáticos. De esta manera, el país puede casi duplicar su presencia en la comunidad internacional, ahorrar recursos hoy dispendiosos en personas sin calificación que solo les interesa el sueldo, y que incluso la mayoría viven en el país y no asisten a las embajadas que están designados.
El servicio consular es otro que hay que darle la vuelta como una tortilla. En primer lugar los cónsules y servidores consulares, deben en todos los casos que sea posible, ser Secciones Consulares de las embajadas. Su función fundamental debe ser defender los dominicanos en el exterior en cualquier situación y ofertar los servicios necesarios a dominicanos y extranjeros. Terminar con la práctica de cónsules que va “a hacerse” de dinero. Todo pago debe hacerse en un banco, en cuentas del Tesoro dominicano a través de la Cuenta Unica del Tesoro como ha planteado el Ministerio de Hacienda, y los funcionarios consulares no deben JAMAS, tocar un centavo de ese dinero.
Los salarios de los funcionarios diplomáticos deben responder a un criterio general, sin dispendio pero tampoco sin miserias salariales, pero adaptado al costo de la vida en cada sitio. Un criterio que los secretarios, los agregados, los consejeros, cónsules, vice-cónsules, auxiliares consulares, ministros o embajadores tengan un retribución adecuada, decorosa, pero que no sean botines de guerra, pero tampoco que vayan a pasar trabajos fuera, que tengan en todos los países seguros de salud completo, y que la Cancillería asista al servicio exterior a ejercer una función decorosa. Cada embajada debe tener un “administrador”, que se encargue de los pagos y los aspectos administrativos, de rentas de casas y sedes de embajadas, y que el embajador y los demás funcionarios, de acuerdo a su función solo reciban su salario adaptado al costo de la vida de cada país, y una partida para gastos de representación. Que cada embajador tenga asignado un vehículo oficial adquirido por el Estado para la embajada; que cada uno tanga un chofer pagado por la Cancillería, y que la embajada pueda contratar, bajo la autorización de Cancillería, “personal administrativo”, que puede ser dominicano o extranjero, sin condición diplomática, para ejercer las funciones que sean de lugar.
Quien esto escribe ha sido embajador en dos ocasiones. Una en Canadá, donde tuve el privilegio y el enorme trabajo de reabrir la embajada dominicana en Ottawa después de 25 de clausurada, y luego fui embajador en Colombia, en una embajada ya operando desde hacia tiempo. La experiencia de Ottawa me enseñó que con tres diplomáticos, incluyendo el embajador, con todo el trabajo de la apertura, era más que suficiente para una representación digna y decorosa, y provechosa para el país en términos de inversiones, comercio, cooperación y relación con el gobierno local. Solo tenía adicional una secretaria dominicana, pero como personal administrativo, y un chofer para uso del embajador. Hoy en día la embajada en Ottawa tiene una cantidad diez veces el personal con que empezamos. El caso de Bogotá también fue aleccionador. Al no ser una embajada nueva, ya había 18 personas nombradas, algunas ausentes fuera de Colombia. En dos años los nombramientos fueron aumentando hasta alcanzar unos 25, y luego de mi salida la nomina fue mayor. El control que podía tener el embajador era muy limitado, ya que no era consultado de quien ni para que se nombraba nuevo personal. Pero lo peor es que el nivel de ese nuevo personal era deprimente, extremadamente bajo. Esto tiene que cambiar, y solo se cambia con una decisión política al más alto nivel.
Si el gobierno dominicano tiene compromisos con los miembros de las comunidades residentes en el exterior, sea del color o el partido que sea, que se creen entidades de trabajo comunitario, como podría ser la “Casa de los Dominicanos” en cada lugar, y ahí designar las personas que se entienda necesarias. Pero no contaminar el servicio exterior, diplomático o consular, con esas apetencias o compromisos por clientelismo con las comunidades dominicanas en ciudades y países donde tienen presencia.
Es el momento de hacerlo, y de proceder a una profunda reforma y reestructuración del Servicio Exterior Dominicano.