Opinión

Necesidades básicas de la vida

Por: Sergio Sarita Valdez | Todo ser humano amerita ciertos requisitos fundamentales sin los cuales se hace imposible su desarrollo, mantenimiento y progreso biológico, emocional y social. Las personas necesitan adecuada nutrición, respiración, hidratación, vestimenta, techo, educación y descanso. Sin importar la etnia, ubicación geográfica, credo ni cultura, el Homo sapiens asegura su continua existencia siempre y cuando respire aire sano y disponga de alimentos balanceados y oportunos, sin temor a que lo maten.

Solían reiterar nuestros abuelos que el papel aguanta todo. Esa expresión la usaban para alertarnos acerca de cierto nivel de desconfianza que debíamos observar en los tiempos en que nos informábamos a través de las noticias publicadas en los periódicos de la época. Si hubiesen vivido en la era de la inteligencia artificial del siglo XXI, tendrían que admitir con mucho pesar e incertidumbre que la pantalla de los teléfonos inteligentes puede mostrarnos imágenes y vídeos en los que no podemos saber a ciencia cierta si es real y concreto lo que vemos y escuchamos.

Publicar que en la República Dominicana se superó la pobreza y la malnutrición, y que contamos con techo adecuado, agua potable, transporte seguro y oportunos servicios de salud, es un irrespeto a la verdad. Lo correcto sería decir que en la patria de Duarte tenemos una sociedad compleja y estratificada. Hay familias que viven holgadamente en cómodos hogares sanos, con servicio eléctrico permanente, agua potable en abundancia, alimentos frescos y balanceados, educación de alta calidad y seguridad privada. ¿A qué porcentaje del total de la población corresponden esas familias?

Si decimos que menos del 25% de los dominicanos vive en el campo, sería interesante saber cuántos de estos disfrutan de una vida sana y holgada. Por otro lado, el restante 75% de nuestros habitantes reside en áreas urbanas. La gente humilde que vive en las zonas urbanas, en su mayoría, tiene limitaciones en lo referente a la disponibilidad de agua potable las veinticuatro horas de los siete días de la semana. Igualmente sucede con el servicio de electricidad. El transporte público citadino es un peligroso caos en el que impera la ley del más osado. En la ciudad capital, conducir es un riesgo mayor; se requiere algo de adivino para saber cuándo se nos aparece en contravía un temerario motorista, o nos pasan como balas o cohetes espaciales vueltos terrestres.

Hablar del derecho a los servicios de salud para toda la ciudadanía es un mito. La calidad de las atenciones en las emergencias hospitalarias mete miedo. Empecemos porque, al llegar a la sala de urgencia, la primera pregunta que se hace al paciente o familiar es acerca del tipo de seguro médico que dispone. De su respuesta depende si recibirá atención inmediata o será referido a otro lugar. Dicen por ahí que nada es real hasta que se localiza; quien haya vivido esta amarga odisea sabe a lo que me refiero.

Por suerte o por desgracia, todos los dominicanos somos empleados. Nos mantenemos muy ocupados, como casi todo el resto del mundo, imantados por el algoritmo a través de los teléfonos inteligentes. Las redes sociales son el oxígeno y alimento que entretiene nuestro cerebro con la fantasía que sus endorfinas fabrican.

Si decimos que menos del 25% de los dominicanos vive en el campo, sería interesante saber cuántos de estos disfrutan de una vida sana y holgada. Por otro lado, el restante 75% de nuestros habitantes reside en áreas urbanas. La gente humilde que vive en las zonas urbanas, en su mayoría, tiene limitaciones en lo referente a la disponibilidad de agua potable las veinticuatro horas de los siete días de la semana. Igualmente sucede con el servicio de electricidad. El transporte público citadino es un peligroso caos en el que impera la ley del más osado. En la ciudad capital, conducir es un riesgo mayor; se requiere algo de adivino para saber cuándo se nos aparece en contravía un temerario motorista, o nos pasan como balas o cohetes espaciales vueltos terrestres.

Hablar del derecho a los servicios de salud para toda la ciudadanía es un mito. La calidad de las atenciones en las emergencias hospitalarias mete miedo. Empecemos porque, al llegar a la sala de urgencia, la primera pregunta que se hace al paciente o familiar es acerca del tipo de seguro médico que dispone. De su respuesta depende si recibirá atención inmediata o será referido a otro lugar. Dicen por ahí que nada es real hasta que se localiza; quien haya vivido esta amarga odisea sabe a lo que me refiero.

Por suerte o por desgracia, todos los dominicanos somos empleados. Nos mantenemos muy ocupados, como casi todo el resto del mundo, imantados por el algoritmo a través de los teléfonos inteligentes. Las redes sociales son el oxígeno y alimento que entretiene nuestro cerebro con la fantasía que sus endorfinas fabrican.

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