Daris Javier Cuevas
Aunque siempre tuve el interés de saber cuál era el rol de la Corporación Federal de Seguros de Depósitos (FDIC, por su sigla en inglés), mis inquietudes no fueron satisfechas hasta que a raíz de la crisis bancaria del 2008, recibí, por parte de esta agencia de USA, capacitación y entrenamiento para resolución de crisis bancaria, y es cuando logro entender mejor el importante papel que juega en la estabilidad financiera y económica, así como la capacidad de intervenir en el salvataje de entidades bancarias de ese país y mitigar los pánicos bancarios en los depositantes.
Cuando el entrenamiento profundizaba me impactó que en pleno desarrollo de la crisis se había producido la quiebra de 340 bancos de carácter regional desde el estallido de la crisis suprime en el 2007, incluyendo 44 instituciones que habían sido intervenidas por la FDIC, pero me sorprendió mucho más el saber que había en existencia la impresionante cantidad de 7,574 entidades financieras que operaban regionalmente en EEUU.
Nunca imaginé que en USA existieran tantas entidades bancarias ni mucho que un número de estas pudieran quebrar en cascada, ni autoridades con capacidad de enfrentar la resolución de las mismas, sin embargo, a pesar de un número tan elevado de bancos cerrados como resultado de la crisis, esto era inferior a la histórica cifra de 584 bancos quebrados en 1989. Pero tal situación no genera pánico ni escándalos porque son entidades regionales y por la existencia de la FDIC que tiene la capacidad técnica y fortaleza institucional para actuar de manera oportuna y con plena autoridad para la solución de estos casos. Como pruebas irrefutables están los casos de la clausura de 26 entidades, cuyas obligaciones ascendían a 9,839 millones de dólares. Todos resueltos sin traumas en los depositantes.
Pero para la FDIC estas cifras no son preocupantes ya que como antecedentes tienen un historial de quiebras bancarias impresionante. En efecto, durante el período 1980-1994 en USA quebraron 2,912 entidades bancarias, siendo esta el mayor número de quiebras que ha enfrentado la FDIC, desde su creación en 1933, saliendo con éxito y una experiencia incalculable sobre estos casos, quedando establecido que para enfrentar una situación de salvataje bancario es imprescindible que haya múltiples factores a favor como son la condición económica nacional, estructura legal y regulatoria, disponibilidad de fondos, disponibilidad de personal con experiencia, acceso a información correcta, conocer el tamaño y complejidad de los problemas del Banco, así como evitar contratación de personal externo para participar en el proceso.
Las razones por las cuales quiebran las entidades bancarias son múltiples y variadas, sin embargo, cuando se examinan las causales de las mismas aparecen como denominador común las prácticas crediticias débiles, falta de controles internos, insuficiencia de capital, involucramiento en actividades de alto riesgo, abuso interno, fraude y exceso de crédito a las partes vinculadas en violación a las normas bancarias y prudenciales establecidas.
Cuando se produce la quiebra de una o varias entidades bancarias es necesario tomar en consideración el soporte de la infraestructura legal existente, tener criterios claros y obligatorios para la iniciación del proceso de resolución, que la autoridad inmediata que participe invoque el buen juicio y sea flexible en la aplicación de la resolución, y estar investida de los poderes legales efectivos para la liquidación, impulsar todo un proceso transparente para determinar las demandas y hacer rápido el reembolso a los depositantes hasta el monto asegurados por la ley, pues esto contribuye con minimizar los costos de la resolución y evita cualquier acto doloso cuestionable.
La perturbación más indeseable para una autoridad de regulación es la quiebra de una entidad bancaria, esto así, ya que el público depositante provoca una retirada masiva de efectivo que tiende a derivar en una suspensión temporal por parte de los demás bancos que quedan afectados, lo que técnicamente se conoce como pánico bancario, cuya característica es la retirada de efectivo y ausencia de depósitos, impactando con un incremento en la cantidad nominal de la base monetaria, y presiona las reservas de las entidades frente al banco central, lo que se traduce en una interrupción para la intermediación financiera.