Opinión

El errático y evasivo informe de la OEA

Cuando leí el titular y el contenido del informe de marras de la OEA llegué a la conclusión de que se trata de un informe errático, evasivo y fallido.

El título del informe es el siguiente: “informe de la OEA sobre la situación en la frontera de República Dominicana y Haití”. Se supone que el objeto central de la misión enviada por la OEA, tal como se convino en el período de sesiones de la asamblea general de ese organismo, era contemplar en los hechos, in situ, el plan de regularización de inmigrantes y sus resultados, porque la situación en la frontera, donde no se concentra la gran masa de inmigrantes haitianos ilegales, aunque entran y salen por ahí, constituye una situación adyacente, lo que nos indica que la OEA se fue por la tangente.

Sin embargo, la mayor parte del tiempo esa misión se lo pasó en Santo Domingo en reuniones con funcionarios del Estado y representantes de la sociedad civil, después estuvo en la frontera y finalmente se reunió con los principales funcionarios del gobierno haitiano, incluyendo al presidente Michel Martelly. O sea que donde menos tiempo duró fue en la frontera.

He ahí que en el titular del informe se ve como la OEA, de entrada, evade el tratamiento del asunto principal.

En la primera parte del informe la OEA dice que reconoce el soberano derecho del Estado dominicano a tener su propia política migratoria. Y agrega que el gobierno de Haití también le reconoce ese derecho al Estado dominicano.

Desde que toda república o nación o pueblo se organiza como Estado soberano, libre e independiente, pasa a ejercer de manera plena y total su soberanía en materia migratoria, soberanía que de por sí es absoluta.

Y esa absoluta soberanía de cualquier Estado existe independientemente de que un organismo regional o mundial reconozca o no su existencia, porque son estos los que surgen como consecuencia del ejercicio de la soberanía de los Estados. Entonces son ellos los que se deben a los Estados, y no los Estados a ellos.

La OEA sabe muy bien que en asuntos de absoluta competencia de los Estados, como son los asuntos migratorios, el organismo regional no tiene ninguna competencia.

El plan de regularización del Estado dominicano no es cuestionado directamente por la OEA, pero sí es cuestionado indirectamente cuando sostiene la idea de la apatridia, al señalar que un grupo de descendientes de haitianos podría quedar sin nacionalidad

Por eso la OEA se va a la frontera y a los que ella llama movimientos de los desplazados, donde el organismo sí cree que tiene competencia. O por lo menos hace por supuesta preocupación humanitaria o para solidarizarse con la parte más débil de la cadena, aunque no le asiste la razón en un asunto que es de la absoluta soberanía del Estado dominicano.

Y es con relación a todo esto que la OEA llega a una conclusión que no es y en la que desconoce la soberanía del Estado dominicano, planteando prácticamente que la apatridia y los movimientos de los desplazados (repatriación de los indocumentados) dan cuenta de un conflicto o diferendo migratorio entre el Estado dominicano y el Estado haitiano.

Ocurre que en materia migratoria no puede haber conflicto entre dos Estados, porque cada Estado es soberano en materia migratoria, y esa soberanía se ejerce de manera absoluta, no de manera relativa o compartida.

En ese sentido, la República Dominicana no tiene que definir ningún mecanismo con el Estado haitiano para repatriar a los indocumentados o los desplazados como les llama la OEA. El Estado dominicano no tiene que ponerse de acuerdo con el Estado haitiano ni con nadie, llámese OEA o no, para definir y aplicar un plan de repatriaciones de todos los que estén indocumentados de conformidad con nuestra Constitución y con nuestras leyes.

Para Estados Unidos repatriar a los niños despavoridos e indocumentados que llegaron de Centroamérica no se puso de acuerdo primero con ningún Estado de Centroamérica, sencillamente ejerció su soberanía en materia migratoria.

Para Estados Unidos deportar a los hispanos indocumentados no se puso, ni se pone, de acuerdo con ningún Estado, sencillamente ejerció su soberanía en materia migratoria.

Para Estados Unidos y Canadá devolver a los haitianos indocumentados a Haití no se pusieron de acuerdo con el gobierno de Haití ni con la OEA, sencillamente ejercieron su soberanía en materia migratoria.

Para la Comunidad de las Bahamas deportar a los haitianos indocumentados no tuvo que ponerse de acuerdo primero con el gobierno haitiano ni con la OEA, sencillamente ejerció su soberanía en materia migratoria.

Para la República Dominicana repatriar a los haitianos indocumentados no tiene que ponerse de acuerdo ni con el gobierno de Haití ni con la OEA, sencillamente tiene que ejercer su soberanía en materia migratoria.

El otro asunto es que la OEA se nos presenta como facilitador de un posible diálogo entre República Dominicana y Haití.

La OEA y su secretario general se han presentado ante el continente americano como un organismo regional totalmente parcializado con Haití, por lo que están totalmente descalificados para ser puente o escenario de un posible diálogo entre República Dominicana. Y además, porque cualquier diálogo deberá versar sobre cualesquiera otros asuntos, jamás sobre asuntos migratorios.

Daba lo mismo que la misión de la OEA viniera como que no viniera, porque la OEA hace tiempo que tiene procesada su posición y su decisión, las cuales han estado basadas siempre en la preconcepción y en los prejuicios. Por consiguiente, en esa posición y en esa decisión de la OEA no hay ninguna objetividad ni seriedad, porque se trata de una posición construída deductivamente al margen de la realidad material e histórica de dos Estados, de dos naciones y de dos pueblos distintos, aunque compartan un mismo espacio insular.

Pero hubiese sido mejor que esa misión no hubiera venido porque así tal vez la OEA le hubiese dado un uso más racional al dinero de los Estados del continente que se usó para financiar la improductividad o esterilidad de la misión que estuvo en el país.

Lo condenable y execrable de todo este proceder y accionar de la OEA es que en el fondo trata de ignorar o de desconocer realmente la soberanía del Estado dominicano.

Como se ve, el informe de la OEA es totalmente errático, evasivo, fallido, contradictorio, tautológico y mostrenco, puesto que trata de una cosa muy distinta a la situación de los inmigrantes en el contexto de la Constitución, de las leyes y del plan de regularización de inmigrantes en el marco de la absoluta soberanía migratoria del Estado dominicano.

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