Opinión

Reingeniería de los Partido Políticos I

La participación, por ejemplo, era muy limitada en ámbitos sociales, círculos en políticos y culturales de nuestro tiempo, aquellas calendas en donde ofrecimos nuestra juventud desde una óptica ideológica. Esto ha cambiado radicalmente, impulsado por la muerte de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, la caída del Muro de Berlín y la alianza táctica del mundo asiático, que encabeza la China de Mao, con los norteamericanos y sus socios ingleses.

Otro aspecto que ha cambiado profundamente, es el hecho, de que entidades claves del ordenamiento socioeconómico y sociopolítico, enfatizan como elemento clave un impulso sin precedentes al proceso de desarrollo humano que promueve la equidad y que consolida su sostenibilidad en el tiempo, sacando a colación la deuda social de la igualdad, acumulada por siglos en el ámbito humano, con el objeto de cerrar la brecha de la desigualdad a su máxima expresión. Este escenario es clave para la reingeniería de los partidos; dependerá de las inteligencias múltiples que puedan procesar sus líderes, así como las destrezas y habilidades que puedan aplicar para lograr que se validen los cambios en sus organizaciones.

Desde la génesis misma del capitalismo, han existido teorías de pensamiento sustentantes de que el Estado garantice justicia social, y muchos grupos humanos organizados han enarbolado posiciones importantes sobre el mismo tema, con la finalidad expresa de que todas las personas puedan ampliar sus opciones y desarrollar plenamente sus capacidades. Las nuevas tecnologías están constantemente cambiando al mundo, y los políticos debemos asumir estos cambios para nuestras organizaciones. La rapidez y la cantidad de información abruman a los conglomerados sociales, los deprime y desorienta, cuando no se manejan los datos, para construir bien las informaciones, las que al final en un porcentaje equis, serán convertidas en conocimientos validos, es decir en verdades inscritas en el convencimiento de las personas comunes. Es preciso que los partidos políticos se adapten positivamente a ese nuevo orden de cosas, si no lo hacen, serán arrasados por los malos entendidos y la desinformación.

Otra arista de la cuestión que estamos reflexionando, se encuentra en el hecho, de que la participación es necesaria para solidificar la democracia en sentido general. Cada día existen más personas e instituciones que se adhieren a esa idea. Considero importante repasar la literatura sobre experiencias de desarrollo, expuesta en los años noventa y en el primer decenio del presente Siglo. Existen en los párrafos de esa literatura, referencias al tema de la participación y a verdaderas realizaciones de vivencias de participación real.

Esta documentación debe ser organizada y dirigida hacia la construcción de una vida mejor, teniendo en cuenta que la participación debe ser blindada para que no se contamine con el partidarismo político ni con ideas contaminantes que le desvíen de su finalidad.

Parece una paradoja el hecho de que estemos hablando de esto, cuando es claro que para revertir la exclusión social, que crece y amenaza la estabilidad y gobernabilidad de muchas de nuestras naciones, se precisa de un amasijo de nuevas articulaciones entre lo público y lo privado. En ese orden, los partido políticos tienen que replantearse su visión acerca de la participación ciudadana, porque no se puede prescindir de las estructuras sociales existentes, porque se requiere que estos procesos de construcción ciudadana sean asumidos por sectores claves de la sociedad, porque el Estado no puede sólo enfrentar esa enorme tarea. En ese escenario, les corresponde a los ciudadanos convertirse en verdaderos pilares sociales, en aras de motorizar el desarrollo socioeconómico, sociopolítico y sociocultural, como un conjunto de cambio y recambio constante, que no asuste a los sectores de poder, acostumbrados a manipular a su conveniencia todo proceso social.

Ese proceso no debe convertirse en un circo, en donde se abrume a la población con subjetividades, para beneficiar la construcción de percepción a la manera de los nazis en tiempo de Hitler, cuando la generalidad de los humanos se percató de que una mentira dicha mil veces se convertía en una verdad irrefutable.

Muchos políticos dicen que la participación trae caos, y es verdad, pero el caos con la fuerza de sus vientos, saca a la vista muchos acontecimientos importantes, ocultos en la falta de transparencia. Para la conformidad de estos, compañeros o no; creo innegablemente el hecho de que la participación necesita orden, autodisciplina y espera lógica. Pero esa espera no puede ser eterna, los ciclos de cambio deben corresponderse con la era digital, la que ha impuesto una cultura de cambio continuo y en poco espacio de tiempo.

En el proceso de cambio, los partido políticos deben ayudar en el proceso de “independencia partidaria” a través de la concienciación ciudadana, capaz de reconocer cualidades en las organizaciones partidarias, colocadas en la valoración perceptiva de la población, como entes preocupados por el cumplimiento de los deberes, como fundamento clave en la consecución de los derechos. Juan Bosch inicio ese trabajo a partir del año 1973, tratando de organizar un partido capaz de hacer cambiar desde el poder del Estado a la sociedad; sobre la legitimación de las acciones desde el gobierno y desde el partido, cimentado en el pedestal de la “moral partidaria.” Ese objetivo se desvanece unos años antes de la muerte del paradigma Soviético y el fracaso de la revolución sandinista, en un proceso de transformación interna que avanzó vertiginosamente luego de la conformación del Frente Patriótico y toda la historia vivida, desde agosto del año 2000 hasta este presente tormentoso que nos agobia hoy.

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