La justicia, el pluralismo, la participación, la descentralización y la transparencia, son en realidad, una condición de la democracia, que hacen posible la realización de aquellos dos estandartes convertidos en valores, la libertad y la igualdad.
Estas reflexiones merecen ser trabajadas para redefinir objetivos partidarios, debido a que todas las revoluciones hablan de este dueto de variables, como contenido de sus propósitos, pero a la larga, no ha sido así. Se ha manipulado el concepto “libertad” desde los sectores de poder, para viciar sus límites y en ese proceso, alejar la verdadera libertad de las opciones populares.
Porque la libertad sin limitaciones, sin esas fronteras básicas del imperio de la Ley, no sirve más que para alejar verdaderas conquista populares. La libertad sin bridas y con alcance infinito, es un proceso lleno de peligros para quien transita sus caminos.
En ese circo que hemos escenificado en América Latina, en donde la libertad de decir y hacer lo que se me viene en ganas, es un proceso que no conviene al pueblo en sentido general. Debido a ese proceso de payasearía y malabarismos, hemos perdido muchas ocasiones claves para buscar acercar a la igualdad en diferentes tópicos de la vida diaria, sin padecer la enfermedad del pequeño burgués que llega a creer en la igualdad plena entre los seres humanos, tomando literalmente algunos concepto de la democracia al estilo Estados Unidos de América. Allí en el escenario mediático e ideológico del imperio, de la génesis misma de su origen, existen un discurso y una praxis paralelas, que en la lejanía conceptual confunde a muchos y le sirve de plataforma a otros para crear espejismos con el objeto de sacar beneficios en todos los órdenes. En el desierto real de oportunidades en equidad, el discurso engañoso gana adeptos e incautos; ahí necesitamos trabajar la acción partidaria de las organizaciones de mayor incidencia en simpatías populares.
Es bueno observar los procesos en donde los partidos mayoritarios de América Latina se desconectaron de la debida retroalimentación, aquella que nace en la praxis popular y que las organizaciones deben recibir para irse reciclando ante los ojos de sus militantes y simpatizantes. Esta retroalimentación es una especie de advertencia constante, dinámica y perenne a las directivas mecánicas de los partidos, que nunca prevén, creyéndose que la costumbre hace ley en las estructuras partidarias y no es así.
Por eso insistimos tanto en el paradigma de participación que debemos construir, empezamos con un artículo publicado en el Periódico Ultima Hora hace 25 años, cuando advertíamos en 1990, después de las elecciones; que el PLD había crecido en todos los órdenes y que su dirigencia máxima no se había percatado de lo que eso significaba para el futuro inmediato de la organización. Cuando hablamos comúnmente de participación, en este tránsito de reingeniería, nos colocamos en la reflexión, en el desglose o en el examen sobre qué se debe entender por participación, cuáles factores limitan las posibilidades de participar a las personas, a los colectivos y muy especialmente a los militantes partidistas con derechos a la aspiración nominal de cargos electivos. No me refiero solo a la colocación de reglas claras en normativas y reglamentos, sino en los aspectos de difusión, formación, instrucción y educación. Si descuidamos esta variable estamos dando sazón a un caldo de cultivo peligroso en las vivencias de una clase media en aumento.
Poder participar en la definición del propio “yo” como ente de cambio y dueño de su presente, para construir el mundo que desea en el futuro para él en particular y para el colectivo al que sirve y del que se sirve necesita cultivo personal puntualizado en la disciplina, en el orden y en el autocontrol. Entender que para que el colectivo pueda servirle a él y a sus allegados, primero hay que servir al colectivo, con el objeto de fortalecerle; necesita de formación, instrucción y educación. La formación le capacita en el orden disciplinario, la instrucción le coloca en la actitud de respeto a lo que dispone el colectivo y la educación hace que reflexione con ecuanimidad, porque ha crecido y se ha desarrollado a un nivel de poder utilizar herramientas, como utensilios de sus capacidades, sus destrezas y habilidades. En este punto deberá aprender el manejo efectivo de las esperas.
En pocas palabras el nivel educativo le desarrolla en competencias para dilucidar, analizar y reflexionar escenarios con sus conveniencias a corto, mediano y largo plazos. La toma de decisión depende del nivel de desarrollo de las personas, para poder manejarse en inteligencias múltiples, básicamente en la que tiene que ver con lo emocional.
¿Pueden ustedes imaginar el crecimiento particular y social en una praxis como la que puede realizarse en esa democracia que debemos construir, y no solo soñar? Debemos trascender el entendimiento acerca de qué resultados muestran las experiencias de participación en los procesos económicos, políticos, sociales y culturales de las naciones y cuáles podrían ser los mecanismos o formas idóneas de promover la participación de las personas y grupos para que puedan ser impulsores del desarrollo social, cultural, económico y político.
La mayoría de la gente cree que se merece todo lo que aspira. Es la educación la que le pone límites a esas aspiraciones, porque arma a las personas de racionalidad, y aunque tiene una visión, arma su día a día con una misión que le va retroalimentando sus perspectivas reales, así puede ir readecuando sus metas; esto lo hace si entiende que la vida va transcurriendo sin retroceso y si no la disfruta, pierde oportunidades en los procesos de construcción de su futuro. En ese orden, la incertidumbre del futuro incierto coloca al milítante político en afanes que nada tienen que ver con el colectivo, lo que al fin de cuentas lo perjudica a él y a la organización, porque se deslegitima ante los ciudadanos y ciudadanas.
La reingeniería de los partidos políticos, debiera enfatizar su atención a las estadísticas y a los informes de agencias internacionales, como por ejemplo, puntualizar en lo que según el Primer Informe sobre Desarrollo Humano del PNUD, es el desarrollo del hombre. En ese informe se dice, que el desarrollo humano se sustenta en unos procesos, en donde se procede a la ampliación de las opciones de la gente común para disfrutar de una vida prolongada y saludable, en donde pueda educarse, tener salud y acceso a los recursos que necesitase para vivir niveles de existencia dignos, en donde se sientan personas y aprendan a auto valorarse como tales.
Entre esas oportunidades, sostiene dicho informe, estas deben incluirse la libertad política, y garantía de los derechos inherentes a los seres humanos civilizados. Todos sabemos, que esto trae como consecuencia, el debido auto respeto y la importante auto valoración, como base de las capacidades de los sujetos humanos.
Según este primer informe del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, estos son los fundamentos del modelo al que debemos aspirar los que trabajamos por la mejora de la existencia material, moral y espiritual del individuo humano en el planeta. En ese sentido, caminar juntos hacia la obtención de la eliminación de la pobreza material, moral y espiritual, debe entrar en el esquema de reingeniería de los partidos políticos en América Latina. El PLD tiene una gran ventaja en todo el Hemisferio, y en esa línea puede sacar provecho y convertirse en paradigma, para ello hacen falta algunos criterios fundamentales para retomar la línea formativa, instructiva y educacional que inicio Juan Bosch; también hace falta su coraje y su decisión ante los retos del recomienzo.