Al igual que la educación, el desarrollo en sentido general, es un proceso integral y permanente en donde los seres humanos crecen, no solo en lo académico sino en experiencia laboral y de la vida, en ese orden, la participación comunitaria le dota de conocimientos directos, los que por ser de primera mano, colocan al participante en condiciones de valorar los procesos en sentido global. El ciudadano al participar, no solo agrega valor a los procesos, sino que se nutre de conocimientos imposibles de lograr en un salón de clases o en instrucciones especializadas al respecto. Esa praxis es estratégica en el camino de la experiencia y el desarrollo individual y lo es, porque no tiene sustituto en el camino del empoderamiento y en la adquisición del sentido de pertenencia.
Este desarrollo de las personas dentro de sus conglomerados sociales, se mide a través del Índice del Desarrollo Humano, mejor conocido por sus siglas de IDH. Se trata de una medida denominada sinóptica del desarrollo humano por su creador y desarrolladores, que mide el progreso conseguido por una nación. Para lograrlo, se estructura en una triada de dimensiones, denominadas básicas que inciden en el desarrollo individual de las personas, están son: disfrute de una vida larga y saludable; acceso a la educación y un nivel de vida que transcurra en dignidad. El cálculo de este índice se desarrolla sobre datos obtenidos por los organismos internacionales de mayor influencia, los que poseen estadísticas fundamentales y confiables, que ponen a disponibilidad de los estudiosos que han de calcularlo para redactar las conclusiones de lugar.
Empoderarse de lo que sucede en los procesos-situaciones que se desarrollan en la comunidad, sirve para tomar decisiones sobre asuntos que trascienden la cotidianidad ciudadana. He ahí el punto clave del desarrollo social, cuando se logra que una parte considerable de la población se haga cargo de la procura organizada de alcanzar retos relevantes para la estabilidad de la democracia, para solo poner un ejemplo.
En este proceso es importante separar “saber” de “conocer” y al hacerlo, buscar objetivos que puntualicen y enfaticen en la indagación, como una manera de hacer mayor objetivo los procesos de críticas o los del desarrollo de las tareas cotidianas, las que van sistematizando a las actividades.
El sistema de partidos políticos en sentido general, debe repensar su papel en todos los ámbitos, debido al agotamiento de sus modelos. En ese replanteo debe buscarle venta a sus proyectos en el seno del pueblo, como diría Juan Bosch, y para ello debe pensar objetivamente en la gente, recurriendo a la transparencia de las ofertas como sustituto de la demagogia y la mentira política. Esta última ha sido recurrente durante todo el proceso de desarrollo de la historia política y se le ha denominado en sentido holístico: “Arte de la política.”
Los que hacemos política a tiempo completo, aunque incursionemos en otras áreas para vivir con la dignidad que genera ganarse la vida en lo privado, así como en lo público y que durante toda nuestras vidas seremos políticos por decisión particular, tenemos la obligación moral de exponer ideas para mejorar el sistema político, social y económico que gobierna a los conglomerados en todo el planeta. Es por ello que asociamos todo punto de vista progresista, con las posibilidades de adaptación que pueden cristalizarse en las estructuras partidarias. Esto lo hacemos con la visión de amainar la indignación de los ciudadanos y ciudadanas que ven como en forma liviana muchos políticos se auto aniquilan y aportan al descontento popular frente a los partidos políticos y sus prácticas cotidianas.
En todo este panorama, muchos genios de la política se olvidan de que son el producto de la credibilidad de la gente común en un proyecto partidario que se puede dañar con sus livianas actitudes. Se olvidan que la democracia y la dictadura funcionan muy bien en el capitalismo y que este último se sustenta en la eficacia de la economía y en el clima social de paz. La democracia nos coloca en las posibilidades de un sistema público basado en normas establecidas a través de la participación, que la democracia nos facilita la vida a través de la conformación de una estructura básica de la sociedad que se encarga de distribuir equitativamente los bienes sociales primarios, es decir, los derechos, las libertades, las oportunidades, los poderes en todos los órdenes del poder y que equilibra los ingresos y las riquezas a través de las políticas de los bancos centrales.
Se olvidan estos personajes políticos del origen de sus status. Se olvidan y dilapidan oportunidades de recomienzo. Estos engreídos seudolideres ignoran en su ignorante atrevimiento, que la configuración democrática que disfrutamos, es una forma de vida política, pero que el capitalismo que la sustenta no lo es, porque él funciona excelentemente para los capitalistas en países sin democracia.
La diferencia se encuentra, en que en las sociedades no democráticas, el capital se apoya en las oligarquías, las que imponen su poder. Mientras que en la democracia opera el consenso, prolifera como en un festival la libertad y en países como el nuestro, esa libertad se posibilita sin bridas, para sacar provecho del desorden.
Cuidado mis amados y no tan amados, que el capitalismo es un sistema económico de mercado. Se trata de una forma de vida económica, la que es compatible en la práctica con dictaduras de derecha muy sangrientas, pero eficientes y en dictaduras de “izquierda” como las de la China de Mao y otras naciones de Asia. No podemos olvidar que el capitalismo es un mutante agresivo que nos engulle en sus múltiples culturas de vicios y consumos; que tiene el poder de enfermarnos de ego, para convertirnos en extravagantes exponentes exclusivos de inhumanidades y a veces hasta de ridiculeces nunca pensadas. Es tan especial el capitalismo, que nació en una especie de función-fusión con la monarquía que enfrentó.
Es tiempo de validar las acciones política ante los ciudadanos que desean fortalecer el actual sistema democrático, tenemos que legitimar las acciones de los gobiernos nacionales y municipales en todas las naciones del mundo americano, para poder combatir pobrezas en todas las vertientes de su existencia humana y social.