Daris Javier Cuevas
El final del siglo XX e inicio del siglo XXI puede calificarse como la época en que el mundo descontinuó con el aislamiento y el distanciamiento para migrar al encogimiento geoeconómico y geopolítico, fruto de la liberalización comercial y financiera que se ha registrado en las últimas décadas a una velocidad inimaginable. En tal sentido, las primeras señales de la presencia de la globalización se ubican en el siglo XIX, reflejada en el surgimiento de un mercado mundial de productos y de factores de producción en el cual sus precios convergieron entre países.
Esa primera fase de la globalización provocó cambios estructurales en la producción agropecuaria, industrial y el comercio internacional, el cual generó cambios en la distribución de la renta y el Estado no compensó a los grupos perjudicados, situación que estimuló que estos presionaron políticamente a los gobiernos para cambiar las políticas económicas, provocando la vuelta al proteccionismo. Tal contexto creó una amplia división internacional del trabajo por países sobre la base de la aceptada ventaja comparativa en el comercio internacional.
A partir de entonces el Estado comenzó a intervenir más en la economía para asegurar las rentas de los grupos perjudicados por esa primera fase de la globalización. La iniciativa de intervención del Estado se expresaba en el proteccionismo comercial y restricciones a la migración, la creación de bancos centrales para suavizar las crisis financieras y la creación de una red de seguridad social que compense a los trabajadores por la mayor inseguridad de sus puestos de trabajo.
En particular, la evolución de los bancos, privados y centrales, dependió de la regulación de los distintos gobiernos, el Estado y el sistema financiero en el XIX. Este esquema impulsó que en toda Europa se concedieron los monopolios de emisión a los bancos centrales, realidad que prevalece en la actualidad en el mundo.
Con la gran depresión de 1929, y hasta finales de la segunda guerra mundial, culminan las influencias de la primera fase de la globalización, lo que daba paso al inicio de una segunda fase de este fenómeno, la cual se extiende desde 1973 hasta el fin de la guerra fría y el derrumbe del muro de Berlín, al concluir la década de los 80s, cuyos efectos se reflejaron desde inicio del siglo XXI. Dada esa realidad, aparece una tercera fase globalizadora en la primera década del 2000 hasta la actualidad, en esta fase aparecen varios signos de crisis, cuyo mayor esplendor se expresa con la gran recesión del 2007-2013.
Con la presencia del fenómeno de la globalización hay que agregar también el auge e importancia alcanzados por la tecnología de la información, pues sin lugar a dudas, esta combinación ha reorientado la economía mundial y las finanzas internacionales, impulsando grandes transformaciones en la economía dirigida al mercado. Pues en la actualidad, la economía doméstica tiene más vínculo con el resto del mundo, significando esto que, de manera permanente, aumenta la probabilidad de que los shocks externos graviten sobre las economías nacionales ya sea positiva o negativamente. El fenómeno de la globalización está asociado a numerosas referencias como la facilidad de transmisión de información, el procesamiento y expansión veloz de esta, la estandarización de los hábitos de consumo, la formación de bloques comerciales, la movilidad internacional de los factores productivos y la creciente interdependencia de los agentes económicos internacionales. En adición, sus efectos transcienden en mucho las esferas económicas y financieras y otros términos, un tanto simbólicas luego surgirían para intentar suplir la carencia interpretativa de esta, tan complejo en cuanto a fenómeno.
Esta tercera ola de la globalización permite descifrar que se asiste ante la denominada sociedad informática, también llamada internacionalización y transnacionalización, lo que se ha interpretado como la presencia de un nuevo orden mundial, o más bien, la posmodernidad o sociedad posindustrial. Pero resulta que a escala mundial la globalización se refiere a la creciente interdependencia entre los países, tal como se refleja en los flujos internacionales de bienes, servicios, capitales y conocimientos.