Opinión

La trampa de la pobreza

Aunque no existe una definición única y suficientemente precisa del fenómeno de la pobreza, pero sí se tiene la certeza de que el mismo está afectado por factores de tipo cultural, religioso y los sistemas sociales de valores que la condicionan. En tal sentido existe la pobreza absoluta cuando las condiciones de vida de los individuos poseen deficiencias en la satisfacción de necesidades físicas y socioculturales y, por igual, se reconoce la existencia de la pobreza relativa que es cuando los sujetos bajo consideración son pobres en relación a otros.

En tal contexto, se observa que en la actualidad la economia mundial sufre una significativa transformación impulsada por los grandes montos de acumulación de capitales, fruto de la globalización financiera que ha impulsado la liberalización de altas sumas que se desplazan sin impedimento por los diferentes mercados financieros. Pero es que si por el flujo de capitales que se mueven en el mundo se valorara el bienestar de las gentes, entonces, estaríamos asistiendo a un paraíso del progreso sin preocupaciones ni dificultades.

Tan solo con observar que esos capitales suelen estar orientados hacia los portafolios de mercados emergentes, ascendentes a US$35,000 millones, así como los flujos a los mercados de deuda por el orden de los US$10,200 millones, sumas estas que cubren los alimentos requeridos en los países de economia en vía de desarrollo, también financiarían por los próximos 40 años la educación y el total de alimentos requeridos.

En adición, se sabe que existen un monto impresionante de recursos provenientes del blanqueo internacional de capitales ascendente a más de US$38,000 millones anual, cuya repartición regional comprende una mayor captación de esos flujos de capitales correspondieron a los mercados asiáticos con US$19,100 millones y América Latina con 8,700 millones. Esas respetables cifras plantean un escenario asimétrico si se toma en consideración los datos de la FAO que estima que en la actualidad existen 815 millones de personas que en el mundo pasan hambre, esto es un 11.5% de la población mundial, y que alrededor de 200 millones de niños están sufriendo de malnutrición. Peor aún es aceptar que más de 11 millones de niños con edad inferior a los cinco años están muriendo en el mundo cada año, pero resulta inaceptable que estas cifras ponen en evidencia que estamos ante la presencia de lo que se puede calificar como la globalización a escala planetaria del hambre, vinculada al fenómeno de la pobreza.

Los estudios realizados por el banco mundial y la FAO han logrado identificar la zonificación del hambre y en el cual se tiene que la gran mayoría de las personas que pasan por esta tragedia en el mundo se ubican en los países de economía emergente. Las evidencias empíricas muestran que ya en el año 2015, el 98% de las personas que padecen de hambre están en estos países, de los cuales el 75% corresponden a la zona rural, situación que empuja a estas personas a la migración internacional.

Es oportuno destacar que la cantidad de personas que sufren hambre y carecen de recursos están en un proceso de ascenso como resultado de que la economia mundial está con un PIB creciendo a un ritmo muy lento. Por igual, se estima que alrededor de 146 millones de niños en los países de economía emergente sufren de bajo peso en relación a su tamaño, al tiempo que más de 17 millones de niños en el mundo nacen con bajo peso fruto de que durante el embarazo las madres reciben una nutrición inadecuada durante su proceso de gestación.

Si se toma como referente los niveles de hambre mundial en el 2014, se tiene que el incremento del hambre en el planeta ha ascendido, en el primer semestre de 2017, a la indeseable cifra de 38 millones de personas más, lo que en una alta proporción se debe la proliferación de conflictos violentos y de perturbaciones relacionadas con el cambio climático.

En adición, en el presente 2017, la hambruna ha golpeado diversas zonas del mundo, lo que unido a la desaceleración económica global, han inducido a un deterioro de la seguridad alimentaria y la nutrición del planeta, acelerando así la trampa de la pobreza.

Pero resulta que el aumento del hambre en el mundo guarda una estrecha relación con el incremento de la deuda externa de los países, la expansión de la pobreza y la desigualdad en cada uno de ellos, así podemos observar que en los países que tienen mayor deuda mucho mayor es la pobreza y donde más hambre pasan las personas fruto de la inseguridad alimentaria. Tal realidad se explica porque los gobiernos se manejan con una precariedad presupuestaria donde destinan grandes sumas financieras para honrar los compromisos de su pasivos con sus acreedores, por tanto, descuidan la protección a la ciudadanía aplicando políticas sociales pocos efectivas, situación que ha conducido al mundo a la trampa de la pobreza.

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