Hablan los hechos

El poder de las calificadoras de riesgos

Con un poder omnipotente y sacrosanto, las calificadoras de riesgos tienen una capacidad sancionadora gigantesca sobre los diferentes países a los cuales someten a evaluaciones periódicas en función de la incursión en los mercados de deudas que estos participan.

Estas agencias son capaces de zarandear a los mercados del mundo entero, son temidas por los gobiernos y políticos que se interesan por las calificaciones que asignan, cuya incidencia es de tal magnitud que es inimaginable la credibilidad del entorno económico financiero sin su existencia.

Parecería que las calificadoras tienen un poder divino sin límites, aunque este depende de la importancia que los demás les asignen a sus veredictos.

Pero es que la misión de las calificadoras de riesgo consiste básicamente en evaluar la deuda que emiten países, compañías o instituciones financieras, y darles una calificación según la certeza de que cumplan esos compromisos.

Estas agencias son capaces de zarandear a los mercados del mundo entero, son temidas por los gobiernos y políticos que se interesan por las calificaciones que asignan, cuya incidencia es de tal magnitud que es inimaginable la credibilidad del entorno económico financiero sin su existencia.

En los mercados financieros internacionales se actúa con el convencimiento de que las agencias de inversión tienen credibilidad o impacto si hay entidades privadas o públicas que las usan como un modelo referente para tomar decisiones.

Sin lugar a dudas, esto se deriva del hecho de que en general aciertan en sus pronósticos, razón por la cual se usa de manera permanente, aunque el poder de las calificadoras de riesgo también emana del valor que las propias autoridades le hayan concedido a los juicios que emiten esas entidades.

A pesar de que en muchas ocasiones el veredicto de las agencias calificadoras de riesgo ha sido cuestionado, como en los casos de la crisis de Grecia, España y Portugal, su influencia sigue intacta tal como quedó demostrado con la crisis financiera global.

Es tal la influencia de estas agencias que múltiples entidades internacionales tienen como norma la política de exigir que sus préstamos tengan como colateral bonos de los países con un determinado nivel de confianza definida por las calificadoras de riesgo para el otorgamiento de los mismos. A pesar de que en muchas ocasiones el veredicto de las agencias calificadoras de riesgo ha sido cuestionado, como en los casos de la crisis de Grecia, España y Portugal, su influencia sigue intacta tal como quedó demostrado con la crisis financiera global.

La conservación de la influencia de las calificadoras de riesgo esta explicada por que estas supervisan los presupuestos de la Unión Europea y de otros países bajo el predominio de Wall Street y la City de Londres, al tiempo que forman parte de la geometría económica al servicio del FMI, el Banco Mundial y la Comisión Europea. En adición, no tan sólo el FMI y el Banco Mundial son los estamentos que rigen a las calificadoras, sino también una asociación de banqueros y de fondos de inversión de alto riesgo que están detrás de estas agencias.

La capacidad de análisis de las calificadoras de riesgo no está en cuestionamiento cuando se pondera la metodología que las mismas utilizan, ya que se basan en examen profesionales de información de tipo cualitativo y cuantitativo ponderados. Aunque estas pueden incluir diversas técnicas de análisis financiero, económico y científico en general, sin embargo, estas metodologías pueden variar de una calificadora a otra, lo que se interpreta que la calificación no es una verdad absoluta e irrefutable, sino una opinión estudiada que pretende tener la mayor certeza financiera.

Aunque conceptualmente se sabe que las agencias calificadoras de riesgo son entidades encargadas de realizar estudios que indican el riesgo crediticio de una entidad o emisión de títulos con el fin de facilitar a los inversionistas la toma de decisiones a la hora de colocar sus recursos.

Precisamos también, que detrás de sus valoraciones técnicas, que por su propia naturaleza e influencias gravitan sobre estas, ejercen una ponderación de carácter político que determinan la evaluación y clasificación de riesgos de los títulos de deuda emitidos por países y empresas, según la coyuntura política.

También hay que precisar que detrás de sus valoraciones técnicas, que por su propia naturaleza e influencias gravitan sobre estas, ejercen una ponderación de carácter político que determinan la evaluación y clasificación de riesgos de los títulos de deuda emitidos por países y empresas, según la coyuntura política.

En ese contexto es que se debe observar detenida y cautelosamente de como se asignan y varían sus calificaciones que van desde un máximo de triple A hasta un mínimo de E, de modo que los inversores cuenten con una referencia de los riesgos de impago, o default, que asumen cuando compran bonos o instrumentos financieros. En tal sentido es prioritario establecer que las calificadoras de riesgo establecen parámetros y fórmulas que le permiten saber a un país o una empresa sus capacidades de pagar o no pagar, es decir, su estabilidad económica y financiera de acuerdo al valor de sus activos, reservas, gastos, inversiones, y esto sencillamente es manipulable.

En el marco del criterio de la manipulación una de las razones de peso de las calificadoras de riesgo en los mercados es su capacidad de sorprender a los agentes con sucesos inesperados. Dada que esto ha sido reincidente, las agencias calificadoras de riesgo han sido acusadas, en múltiples ocasiones, de haber fallado y actuado de forma indebida ante eventos de crisis financiera en los últimos años, fruto de que las mismas se supuso que han ayudado a los bancos a esconder los riesgos de las inversiones que promocionaban.

En sentido general, se usa la calificación A cuando se presume existencia de una muy buena capacidad de pago; B para una buena capacidad de pago con algunos riesgos; C cuando no hay buena capacidad de pago; D en caso de una inadecuada capacidad y E cuando no se cuenta con información suficiente para calificar. Detrás del detalle de estas calificaciones de riesgo se esconden las intenciones políticas con explicaciones sustentadas en argumentos económicos financieros que, en algunos casos. resultan incongruentes y que degradan al país objetivos cuando se producen conflictos políticos.

Detrás del detalle de estas calificaciones de riesgo se esconden las intenciones políticas con explicaciones sustentadas en argumentos económicos financieros que, en algunos casos. resultan incongruentes y que degradan al país objetivos cuando se producen conflictos políticos.

Bajo ese enfoque se entiende que las calificadoras de riesgo cuentan con una escala propia de nomenclaturas, mediante las cuales expresan las notas otorgadas a las entidades, gobiernos e instrumentos financieros. Son esas nomenclaturas que les procura información para decidir sobre la composición de su cartera de inversión, según sus preferencias de riesgo y rentabilidad, a partir de la cual se decide quiénes pueden pagar sus compromisos y quienes están inhabilitados para hacerlo, y es ahí donde reside el poder de estas agencias, las cuales tienen la última palabra.

Para que se tenga una idea de por que existen estas calificadoras de riesgo, a pesar de los cuestionamientos que pesan sobre las mismas, solo hay que precisar la presencia de las tres principales, Standard & Poor’s, Moody’s y Fitch esta abalada por la legislación de EE.UU. Estas agencias financieras calificadoras, controladas por EE.UU, poseen el 90 % del mercado mundial, actúan en muchas ocasiones con marcadas intenciones políticas contra países con sistemas que no son del agrado de ese país y con sus imposiciones y artimañas afectan las economías de naciones que políticamente incomodan a este, pues entonces se interpreta mejor la calificación asignada a determinadas naciones del hemisferio.

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