La década de los 60 está marcada como una de las de mayor turbulencia política en la República Dominicana, dentro de un entorno internacional caracterizado por la confrontación este-oeste y la competencia de las potencias dominantes de la época, situación que estuvo a punto de desatar una guerra nuclear en aguas del mar Caribe entre los Estados Unidos y la Unión Soviética en 1962.
En Latinoamérica, con muy escasas excepciones, las primeras cinco décadas del siglo XX constituyeron terreno fértil para la presencia de gobiernos militares, dictaduras caudillistas y regímenes de fuerza, la mayor parte de ellos financiados y sostenidos por los Estados Unidos y sus aliados dentro de nuestros países.
Es decir, la mayor parte de los gobiernos antidemocráticos de nuestra región se sostenían políticamente por sus relaciones con la potencia dominante posterior a la Segunda Guerra Mundial, que al mismo tiempo promovía la democracia liberal como sistema de gobierno en Europa, frente al absolutismo planteado por los comunistas y la tesis marxista-leninista de la dictadura del proletariado.
La República Dominicana había sido incapaz, a partir de su independencia, de establecer un orden democrático liberal como forma de gobierno, ya que su estadío de desarrollo no le permitió crear las condiciones sociales que son necesarias para dar soporte a este tipo de gobierno.
Muy por el contrario, la mayoría de las veces éramos gobernados por un caudillo con cierto poder militar y a partir del ascenso al poder de Trujillo caímos dentro del poder absoluto de una dictadura militar y policial.
La diferencia entre caudillo y dictador estriba, en que el primero llega al poder a hombros de las masas, pues es un líder natural, que recibe apoyo de una parte importante de los grupos que componen la sociedad donde se desenvuelve.
Mientras el dictador en cambio, tiene acceso al poder, apoyado por la fuerza de las armas y sustituye al poder legislativo por las ordenes presidenciales, usando todo su poder personal para establecer un régimen tiránico, totalitario y absoluto.
Nuestro país fue durante mas de tres décadas gobernado por una tiranía, de las típicas que pululaban en nuestro continente, y a la muerte del dictador en 1961, lo que existía era una sociedad muy atrasada desde el punto de vista económico y social.
Hay que recordar que durante el régimen de Trujillo, nuestro país y sus habitantes estuvieron alejados de los debates que se daban en el mundo a nivel político.
En una dictadura estaba prohibido la confrontación de las ideas acerca de como organizar al Estado y que este funcione en beneficio de la mayoría. Solo los exiliados de los treinta años de dictadura poseían algún tipo de formación política y estaban habituados a las discusiones típicas dentro de los partidos políticos.
Es en este escenario, cuando a nuestro país se presenta el Partido Revolucionario Dominicano dirigido por Juan Bosch, en medio de las turbulencias ideológicas propias de la época, y nos plantea la construcción de un sistema democrático liberal, parecido a los que se desarrollaban en la Europa de post guerra.
El proceso electoral dominicano que culminó el 20 de diciembre de 1962, más que enfrentar a Viriato Fiallo y Juan Bosch, los candidatos del PRD y el UCN (Unión Cívica Nacional), puso sobre la mesa la gran brecha que desde el punto de vista de desarrollo político conceptual separaba a los que se habían quedado en el país totalmente aislados de las corrientes modernas del pensamiento, y los que habían tenido la oportunidad de observar, estudiar y participar en procesos políticos que garantizaban la apertura y el debate.
Lo cierto es que Fiallo centró su discurso en la lucha anti-trujillista, de la cual él mismo había sido un símbolo durante la dictadura, y Bosch, por su parte, se dirigía a las masas campesinas y los sectores marginados, habituados al trujillismo y parte de una población mayoritariamente analfabeta y rural, con mensajes que tenían que ver con su vida diaria y como mejorarla a través de su participación en democracia.
Los resultados electorales pudieron causar sorpresa en los grupos urbanos que apoyaron y votaron masivamente por la UCN, pero fueron los esperados en un país donde la radio era la principal fuente de información, y Bosch. haciendo un uso diario de este medio de comunicación, llegaba hasta el más alejado rincón de la geografía nacional.
Lo cierto es que el PRD guiado por Juan Bosch ganó 62 de los 77 municipios que existían en ese entonces y obtuvo el 59.53% de los votos válidos contra el 30.08% obtenidos por la UCN.
Este porcentaje de 58. 53%, se mantiene hoy en día como el más alto logrado por candidato alguno en la historia de nuestra democracia, seguido por el que obtuvo Joaquín Balaguer en las elecciones celebradas en 1966, con presencia de las tropas interventoras de la OEA, que fue de 57.66% y la cantidad de votos que obtuvo Leonel Fernández en las elecciones del 2004 que sumaron el 57.11%.
El documento que ha quedado para la historia como sustento del gobierno de 7 meses de Juan Bosch en 1963 es la Constitución de la República Dominicana, discutida y aprobada entre febrero y marzo y proclamada el 29 de abril de ese mismo año.
Es preciso apuntar que por las circunstancias que rodeaban la elaboración de la Constitución, la Asamblea Revisora, con mayoría de legisladores del PRD, no se limitó a las usuales modificaciones de algunos de los articulados que constituían la Carta Magna de la República, sino que se aprobó un texto íntegro y nuevo que reflejaba la posición ideológica de quienes dirigían ese partido, especialmente Juan Bosch.
Por esto, la elaboración y puesta en vigencia del texto constitucional provocó amplias discusiones en un país, donde la oligarquía y los sectores conservadores poseían un gran poder económico y el apoyo de poderes fácticos tan importantes como la Iglesia Católica y la mayoría de los dueños de los pocos medios de comunicación que existían para la época.
La Constitución de 1963 es el punto de apoyo de la reforma para la construcción de una democracia liberal propuesta por Juan Bosch, y refleja la visión que tenían las fuerzas políticas mas avanzadas para esa época, en momentos en que este sistema de gobierno se promovía en casi toda América Latina por parte de los Estados Unidos, como vía alternativa a la revolución socialista cubana aliada a las URSS.
Ahora, los aspectos que se planteaban como derechos fundamentales y garantías a la población dominicana, eran los típicos de una revolución burguesa aplicados a un país donde no existían todavía los instrumentos de negociación y sostén que dieron forma a este tipo de gobierno en los países europeos y sobretodo en los Estados Unidos.
Plantear una serie de avances significativos en el régimen de tenencia de la tierra, en un país donde el minifundio y el latifundio planteaban una relación social más cercana al estado feudal que a una democracia burguesa era casi un suicidio, problema que sin embargo habían superado las democracias europeas desde hacía más de un siglo.
Al mismo tiempo, el cuestionamiento a mantener los privilegios del clero católico a través de la vigencia del Concordato firmado por el dictador Trujillo y el representante del Papa Pio XII a nombre del Vaticano, provocó el enfrentamiento público de los constituyentes y la Iglesia Católica, quien venía ya cuestionando a Bosch desde las elecciones.
La modificación de los términos del Concordato implicaba cesar los privilegios que el Estado otorgaba a lo que se denominaba la iglesia oficial, en un país de gobierno laico y gobierno no confesional.
Lo más importante del gobierno de Bosch y su herencia, la Constitución de la República de 1963, es que ideológicamente fue el primer experimento serio con apoyo popular de establecer un régimen sostenido sobre las ideas de la democracia liberal, en un país que desde su guerra de independencia y posteriormente las jornadas restauradoras, había sido gobernado casi exclusivamente por caudillos y tiranos de conducta conservadora.
Debemos recordar que cuando analizamos las ideas sobre las cuales se fundó La Trinitaria y se iniciaron las conspiraciones para liberarse del gobierno haitiano, estas eran parte del ideario libertario que existía en Europa a principios del siglo XIX y que había tenido oportunidad de conocer Juan Pablo Duarte en su viaje al viejo continente.
Sin embargo, una vez lograda la meta de acceder al gobierno, como los sectores más conservadores, casi todos con posiciones anexionistas, se hicieron cargo de la dirección del naciente estado desterrando a los Trinitarios y con ellos a sus ideas libertarias liberales.
Es en 1963 cuando a través del voto popular renace a través de un documento firmado por los constituyentes y como forma de sustituir al régimen tiránico de tres décadas de duración, donde quedan escritas posiciones sobre temas que comprometían el gobierno de Bosch a construir un estado de derecho inédito hasta ese momento en la República Dominicana.
Decimos que era un avance significativo en la construcción de un Estado de Derecho y libertades públicas, porque el texto constitucional aprobado otorgaba a los ciudadanos dominicanos garantías que, algunas de ellas, nunca habían existido desde la fundación de la República.
Se garantizaba el derecho a la no discriminación en el trabajo, lo que incluía hasta la discapacidad; derecho de huelga y libertad sindical; iguales derechos ante la ley del hombre y la mujer; libertad de pensamiento, de asociación, de creencias, de culto, de expresión, de transito y derecho a la participación de los trabajadores en los beneficios de las empresas donde trabajen.
También se declararon iguales ante la ley a los hijos procreados dentro del matrimonio y los concebidos por unión libre, algo revolucionario para la época, y se mantuvo el reconocimiento al divorcio, a pesar de la oposición de la Iglesia Católica.
En cuanto a los derechos sociales, reconoce la salud como un derecho fundamental de los ciudadanos, la educación pública obligatoria gratuita y se establece la prioridad de protección de los que asuman el magisterio como carrera profesional.
Quizás entre los aspectos más novedosos de este documento está la declaración de necesidad de una reforma agraria que garantice la desaparición de los latifundios y minifundios estableciendo como una categoría de propiedad colectiva el régimen de cooperativas, lo que planteaba cambios profundos al régimen de tenencia de la tierra que existía hasta ese entonces.
También se prohibe el monopolio, el oligopolio y la especulación; garantiza el mercado a los productos agrícolas y promueve incentivos a la agroindustria, el turismo y las zonas francas como ejes del desarrollo económico del país.
Del mismo modo se garantiza el derecho a la libertad y se instituye el Habeas Corpus, se prohibe la deportación de ciudadanos dominicanos y la publicidad que pueda ser vejatoria en contra de los presos, que no son culpables hasta que un tribunal lo decida en su ultima instancia.
Es decir, lo que leemos en este documento son una serie de medidas garantistas propias de un estado de derecho donde todos los ciudadanos son iguales ante la Constitución y las leyes.
Es este documento, muy avanzado desde el punto de vista ideológico para la época, lo que provoca los enfrentamientos que desencadenaron los hechos que dieron al traste con el gobierno de Bosch en septiembre de 1963.
Los grupos oligárquicos conservadores, apoyados por el clero católico y, entre otros, por los Estados Unidos, conspiraron para evitar que se aplicaran las reformas planteadas por el pensamiento liberal de Bosch y contenidas en la propuesta constitucional.
Son los sectores más conservadores de la sociedad dominicana que dominaban la Camara de Comercio, la Asociación de Industria y la Confederación Patronal, casi todos ellos alineados en las elecciones con la UCN, quienes plantean en medio de la discusión de la asamblea constituyente, su desacuerdo con gran parte de los artículos que otorgaban derechos a la clase trabajadora.
Y es la Conferencia del Episcopado de la República Dominicana que en un documento hecho público, califica la Constitución como ¨injusta por carecer la universalidad necesaria¨.
Es decir, aún en medio de las discusiones, ya los sectores más conservadores, en minoría dentro de la Asamblea Revisora, manifestaban su desacuerdo con el texto, usando argumentos en contra de los artículos que creían podrían perjudicar sus intereses.
Todos estos sectores se unificaron para extrañar a Juan Bosch del poder y poner fin al experimento de liberalización de la sociedad dominicana que intentó implementar a raíz de las primeras elecciones libres y de amplia participación que se habían realizado en el país desde su fundación.
Esto traería como consecuencia la inestabilidad política, la violencia y el golpe de estado al régimen de facto, donde un grupo de militares sublevados pedía poner en vigencia de nuevo la Constitución derogada por los golpistas de 1963.
Pero además la radicalización de la sociedad dominicana y el enfrentamiento militar y político que daría la oportunidad de vuelta de los conservadores al poder por un largo periodo.
Esto será el tema de la próxima semana.