Opinión

La Iglesia en la Seguridad de Tránsito

En noviembre de 2009 tuve el privilegio de representar a la República Dominicana en la Primera Conferencia Ministerial Global sobre Seguridad Vial celebrada en Moscú.

Esta gran convocatoria fue producto de casi cinco años de trabajo intenso desarrollado desde 2005 por personas y especialistas de todo el mundo interesados en el tema, bajo el auspicio de instituciones gubernamentales, no gubernamentales y de organismos internacionales y multilaterales.

Esta reunión constituyó el preámbulo definitivo para la declaración por Naciones Unidas, unos meses más tarde, del Decenio de Acción Mundial para la Seguridad Vial.

En aquella ocasión compartí brevemente con el arzobispo Agostini Marchetto, quien me pareció muy intertesante al darme a conocer los trabajos que venían haciendo desde la Santa Sede referente a la Seguridad Vial.

El Arz. Marchetto fungía como Secretario del Consejo Pontificio para la Pastoral de los Emigrantes e Itinerantes, acompañaba a, nada más y nada menos, que el Cardenal Renato Raffaelle Martino, Presidente de ese importante Departamento del Estado Católico.

Pese a una serie de escándalos de pederastia, homosexualidad y de carácter administrativo, relevantes en los últimos tiempos, no menos cierto que por siglos la Iglesia Católica ha ejercido una notable influencia en el desarrollo de la sociedad y en el comportamiento humano.

Como institución, en sentido general, ha sido bien valorada por su liderazgo, disciplina y organización, aspectos estos últimos que pudieran ser bien aprovechados para fortalecer el mejoramiento de la seguridad en el tránsito.

Los primeros años del milenio estímularon que se ejecutaran grandes proyectos de investigación sobre las consecuencias de la movilidad humana.

Al crecimiento poblacional y de la industria automotríz acompañaban también un aumento del comercio y las inversiones viales. Pero, consecuentemente se evidenciaba un alza en las estadísticas por siniestros de tránsito y las tasas de mortalidad y morbilidad por esta causa, se tornaban exhorbitantes.

De forma que la Iglesia retomaba la preocupación manifiesta por el Papa Pio XII en el 1956 cuando exhortaba a los automovilistas: «No te olvides de respetar a los demás usuarios de la vía, sea cortés y justo con los demás conductores y peatones y mostrarles su naturaleza amable… de ser capaz de dominar una impaciencia con frecuencia natural, en ocasiones sacrificar un poco de su sentido del honor para que la cortesía que es un signo de la verdadera caridad pueda prevalecer. No sólo va a poder así evitar accidentes desagradables, sino que también ayudará a que el coche sea una herramienta más útil para vosotros y para los demás, que es capaz de darle un mayor placer genuino».

Antes de publicarse el primer informe mundial de la OMS sobre los Accidentes de tránsito y sus secuelas en el 2004, se plantean nuevos desafíos que enfrentar para los gobiernos del mundo, la Iglesia Católica publicó en el año 2000, lo que llamaría “Directrices para la Pastoral de los Gitanos, Orientaciones para la Pastoral del Turismo y la Peregrinación en el Gran Jubileo del Año de 2000”, tendentes a promover la paz en la carretera.

Considerados estos antecedentes, en agosto de 2007, se conocen otras pautas vinculadas al tema de la seguridad vial. Fue en esta oportunidad, que el Pontificio Consejo para la Pastoral de los Emigrantes e Itinerantes a que antes hiciéramos referencia, hizo público ”Orientaciones para la Pastoral de la Carretera” dividida en cuatro grandes temas:

1.- Pastoral de los Usuarios

2.- Pastoral para la Liberación de la Mujer de la Calle.

3.- Pastoral para los Niños de la Calle.

4.- Y, Pastoral de los Desamparados.

La Pastoral de los Usuarios de la Carretera contiene siete capítulos en donde se incluye finalmente, los Diez Mandamientos del Conductor:

I. No matarás.

II. El camino será para ti un instrumento de comunión entre las personas y no de daño mortal.

III. Cortesía, corrección y prudencia te ayuden a superar los imprevistos.

IV. Sé caritativo y ayuda al prójimo en necesidad, especialmente las víctimas de accidentes.

V. Los coches no serán para ti una expresión de poder y dominación, y una ocasión de pecado.

VI. Caritativamente convencer a los jóvenes y no tan jóvenes de no manejar cuando no están en condiciones de montarse para hacerlo.

VII. Apoyar a las familias de las víctimas de accidentes.

VIII. Traiga automovilistas culpables y sus víctimas juntos, en el momento adecuado, de modo que puedan someterse a la libertad del perdón.

IX. En el camino, proteger a aquellos que son más vulnerables.

X. Comportarse de manera responsable en relación con los demás.

Me permito invitar a la lectura de la primera parte relativa a la Pastoral de los Usuarios en el portal.

Por considerar en su contenido una interesante y profunda reflexión de compromiso de la Santa Sede contra el flagelo de la inseguridad vial, calificada hoy día una pandemia.

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