Opinión

El lado oscuro de los premios oscar

Los reconocimientos en las artes no se diferencian en su devenir y estructura de los que se entregan a las ciencias o a los deportes. Todos hacen énfasis en los logros conseguidos en un periodo de tiempo elegido arbitrariamente por quienes organizan esas actividades.

Las personas seleccionadas para tan difícil labor asumen la imposible misión de despojarse, no de sus gustos, pero si de sus prejuicios, puesto que se premia a una obra en particular y no siempre a una trayectoria, que tiene otras reglas. Distinguir a una persona o a su producto artístico de ese año, es todo lo que se requiere.

La capacidad técnica de los jurados está fuera de dudas, no así sus compromisos emocionales con quienes financian los premios y con los gremios de donde vienen los postulantes. Como resultado, se comenten severas injusticias en el nombre del arte.

La cinematografía es un arte y una industria, verdad de Perogrullo, que se salda con una parcialidad terrorífica hacia el lado financiero-mercadológico a la hora de resaltar las bondades de un film, aunque se adornen las motivaciones con palabras aduladoras de origen artístico para darle el barniz que la ocasión reclama.

El Oscar es el premio de más alto rango en la industria norteamericana del cine, y aunque no es el único, aporta un status y unas prebendas monetarias por el hecho de recibirlo, ya que el solo hecho de ser nominado arroja un brillo celestial y coloca tu nombre en ese Olimpo de dioses con pies de carísimos calzados.

La ceremonia despierta la ansiedad, el morbo y la expectación de todo el sector, no solo en EE.UU. sino alrededor del globo terráqueo, pues los nominados vienen de una variedad de países, incluyendo el continente americano. Este año contó con la presencia del mexicano Alejandro González Iñárritu, director de la película Birdman, ganadora de cuatro premios Oscar, entre ellos, Mejor Película y Mejor Director.

Lo que se ha destapado son acusaciones de exclusión racial, de no representar las minorías negras y latinas en la proporción que merecen por el numero de habitantes y su asistencia a las salas, pero los 6000 miembros de la Academia viven en el pasado, en un Nirvana que parece desconocer el avance de estos sectores.

Esta discriminación no solo se da por raza sino también por sexo, pues ninguna mujer ha sido nominada como directora o guionista, un hecho que podría explicarse porque el 77% de su membresía son hombres blancos con una edad promedio de 62 años.

La no-nominación de la directora Ava Duvernay, ni la del actor David Oyelowo de la película Selma, basada nada más y nada menos que en la vida de Martin Luther King, ha desatado una polémica que prosigue su agitado curso.

No se explica que los afroamericanos y los latinos solo representen el 2% de los volantes acreditados, cuando estos últimos llegan al 30% de la población estadounidense, una clara desproporción que no tiene visos de corregirse por mas que la presidenta de la Academia, Cheryl Boone Isaacs, sea de origen negro, la primera de su raza en dirigirla.

Los pálidos esfuerzos por mejorar la representatividad solo han logrado bajar un punto al sector blanco, que aun tiene el 93% del voto, lo que expone muy claramente el porque de la selección y los premios que se otorguen.

Los entendidos aseguran que existe un ciclo de 10 años para premiar a los afroamericanos en Hollywood, pues el primer director negro nominado lo fue John Singleton en 1992 con Boyz N The Hood, el segundo Lee Daniels en el 2010 con Precious, y Steve McQuinn en el 2014 con Doce Años de Esclavitud, la primera película dirigida por un afroamericano que gana el Oscar.

Los latinos y los negros no están solos en la exclusión porque los asiáticos tampoco son tomados muy en cuenta. Uno de los chistes de Amy Pascal co-presidenta de Sony, que se filtraron en los correos entre ejecutivos de esta empresa, expresaba que al presidente Barack Obama solo le gustaban las películas de negros como “Django Encadenado” o “Doce años de Esclavitud”.

Recordamos que en 1973 Marlon Brando rechazó su Oscar al Padrino y envió a una indígena a la ceremonia en protesta por la imagen que se daba de este colectivo en las películas, lo que demuestra que la discriminación étnica y la protesta vienen de mucho tiempo atrás.

Voces tan representativas como la actriz Oprah Winfrey, el director Spike Lee, y el luchador por los derechos civiles Al Sharpton, están en pie de guerra, amenazando con radicalizar las protestas contra una actitud que el director George Lucas ha calificado de obedecer a campañas políticas y de no tener nada que ver con el arte.

Al contrario de estas minorías, el poderoso “lobby judío” acrecienta su poder, y si no, pregúntele a Javier Barden o a Penélope Cruz, que firmaron un manifiesto contra los bombardeos en Gaza y luego tuvieron que disculparse públicamente, pues se les acusó de antisemitismo.

Aunque la presidenta de la Academia ha declarado que existe un compromiso con la búsqueda de la diversidad de voz y de opinión, argumentando el aumento en los reconocimientos a las mujeres y a los afroamericanos en los Oscar de los últimos años, a nuestro parecer estas no son mas que declaraciones retoricas, porque los resultados contradicen ese discurso.

El mundo ha cambiado y los paradigmas que los rigen también, pero la membresía de la Academia de Ciencias y Artes que organiza estos Premios, mantiene unos parámetros que muchos acusan de ser discriminatorios racialmente hacia un grupo de minorías significativas que llenan las salas como espectadores y demandan ver reconocidos a sus representantes en las pantallas.

Los llamados hechos por algunos premiados para que se respeten los derechos de las mujeres, de los homosexuales y de las minorías, sonaron increíblemente irónicos ya que la propia organización no los respeta como se supone que debería hacerlo.

La sociedad norteamericana actual reclama a los votantes de los premios Oscar una actitud tolerante, abierta y respetuosa de los valores de todas las etnias, acorde con lo que una vez se llamó el crisol de razas o “melting pot”.

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