Daris Javier Cuevas
El economista español don Aristóbulo de Juan, es uno de los pensadores de la regulación y supervisión bancaria que posee una inteligencia privilegiada y es uno de los que más ha profundizado acerca de la crisis bancaria, la gestión de los bancos, la prevención y la resolución de crisis.
Pero que ha advertido que aun cuando la supervisión sea precisa, no servirá de mucho si no va acompañada de eficaces mecanismos de saneamiento, esto lo ha enfatizado en sus libros “De buenos banqueros a malos banqueros” y su “Manual contra crisis bancarias”, los cuales deben ser de lectura obligada para banqueros y reguladores.
En este último, don Aristóbulo arriba a una conclusión que, a mi modo de interpretarlo, ha de convertirse en la regla de oro de la regulación y supervisión para establecer los retos de esta. Pues entiende que “una buena regulación es necesaria.
Pero no es suficiente, si no va acompañada de una buena supervisión. La supervisión también es necesaria, pero tampoco es suficiente, si no va acompañada de eficaces mecanismos de saneamiento y autoridades capaces. Se trata de un paquete inseparable”.
Pero, lamentablemente, la situación de la supervisión bancaria ha estado transitando por un proceso inadecuado. Cuatro dificultades caracterizan la situación: inadecuado marco y diseño institucional, un pronunciado atraso en relación a los estándares internacionales, al tiempo que existe un perímetro de la supervisión lleno de confusiones y sistemas inadecuados de los mecanismos de resolución de bancos en problemas, rodeados de dudas y corrupción por parte de muchos reguladores, y desarticular esta práctica es otro gran reto de la regulación y la supervisión.
Desde principios de la década de los 90, América Latina asumió un sostenido proceso de reforma en su sistema financiero que transformó el esquema operativo e institucional de las entidades de intermediación financiera, así como reorientar el enfoque de la supervisión, sustentado en la legislación de cada país, que representando las más modernas en la historia bancaria de la región cuyos resultados se pusieron a prueba con la crisis financiera gestada en USA.
En adición, la región abrazó los 25 principios para una supervisión bancaria eficaz, que fue el primer documento que sugería una mejor calidad en la supervisión de los diferentes sistemas financieros, así como también incorporar los tres pilares de Basilea II.
Es en tales cambios donde podemos encontrar una explicación objetiva e irrefutable sobre el liderazgo de la regulación y supervisión financiera asumida en América Latina que explica en toda su dimensión la estabilidad financiera en muchos países en los últimos veinte años.
Pero resulta que hace tres años que en la región se ha producido fuerte desnaturalización en el marco institucional y prácticas de supervisión inadecuadas que nos hacen pensar que se ha ido retornando a la época de vulnerabilidad del sistema, el cual tiene explicaciones multifactoriales como son las designaciones de autoridades incompetentes, permisibilidad con las malas prácticas bancarias, las cuales terminan en quiebra, violaciones de las normas y la legislación, tratamientos populista y politiquero en los entes reguladores, entre otros malestares.
Fruto de tal situación, la regulación y supervisión han entrado en un deterioro acelerado que pone en riesgo la estabilidad financiera y económica de la región, en el mediano plazo, si los gobiernos no intervienen con la cautela adecuada, ya que como sabemos el Estado es quien tiene la capacidad de regular el sistema financiero y proteger a los depositantes.
Para que se entienda mejor el deterioro en la característica de la regulación y supervisión en América Latina, solo hay que observar el ranking de la calidad de esta, la cual sitúa a Brasil, Colombia, Bolivia, Uruguay, México, Perú, Chile, El Salvador y Argentina como los que aplican las mejores prácticas de supervisión y adopción de los estándares internacionales, en tanto, todos los países han retrocedido en promedio en más de un 25%, explicado esto fundamentalmente por las escogencias de autoridades incompetentes y el bajo avance en la aplicación de Basilea I y II, así como por el abandono a desarrollar la supervisión basada en riesgos.
Ante una economía mundial, y regional, que permanentemente se enfrenta a escenarios de alta complejidad y vulnerabilidad, es razonable que la regulación y supervisión financiera adecuada debe enfocarse hacia tener en cuenta todos los riesgos que afectan a las entidades bancarias, vinculando el pilar I de Basilea II con el mismo, promover la supervisión consolidada y con esto mantener una supervisión preventiva que logre mitigar los potenciales incubaciones de crisis y aplicando prueba de stress permanente ya que no se puede dejar que esta gane la batalla, pues la victoria ha de ser el norte, y ese es el gran reto.