Daris Javier Cuevas
La economía dominicana inició la mayor transformación de su historia reciente a partir de la aplicación de fuertes reformas estructurales que se manifestaron con la promulgación de las leyes arancelaria, tributaria, inversión extranjera y laboral, a partir de 1990.
En la práctica tal situación se tradujo en la adopción de un nuevo modelo de gestión económica influenciada por los postulados del denominado consenso de Washington, cuya filosofía céntrica es impulsar un cambio en la economía sustentado en sectores no tradicionales sobre la plataforma del neoliberalismo económico, el cual se expresó, en el plano local, convirtiéndose los sectores de servicios en el eje fundamental del crecimiento del país. En adición, están los conflictos con Medio Oriente a principios de los 90’s, la crisis asiática, 1997-1998, y la guerra en Irak que aumentaron la volatilidad en el precio del petróleo con gran impacto en la economía dominicana.
Pero es importante resaltar que la década de los 80s se inició con nuevos sectores que se desarrollaron en la economía dominicana como es el caso de las zonas francas industriales y el sector turístico, como alternativa a los sectores que estaban declinando, es así, como dicha década se fue caracterizando, y a su vez, generando otra reorientación, pero en tal período se registraba fuerte crisis, así como la intervención del FMI, 1983-1984. A esto también se le agregaba la situación de la industria azucarera que declinaba de manera acelerada, el cual se le denominó la columna vertebral de la economía dominicana, es así como la década de los 80 presentaba agotamiento del modelo de la industrialización por sustitución de importaciones.
Fueron alrededor de dos décadas en que la economía dominicana expresaba una de su más pronunciada transformación hacia una economía donde la participación del sector privado se hacía mucho más notable, ante la presencia de una reducción de la participación del Estado en la economía y que pasaba a jugar un nuevo rol de regulador y ente de equilibrio, garante del capital privado. Este modelo económico del país fue combinado al beneficiarse con una estabilidad económica que favoreció el crecimiento económico, en tanto, el nivel inflacionario disminuyó, se controló el presupuesto fiscal y se redujo la deuda externa.
La expansión y el crecimiento del sector construcción enfrentaron el desempleo, aumentó el flujo de dinero y la capacidad adquisitiva de amplios sectores, el cual se consolidó a partir de la segunda mitad de la década de los 90s.
Resulta irrefutable que los sectores de zonas francas y Turismo fueron los principales atractivos que se beneficiaron con la inversión extranjera, aunque hay que admitir que desde finales de los 80s y la primera mitad de los 90s se aplicación indeseables medidas neoliberales que lesionaron la producción agropecuaria, se desarrollaron los cordones de miseria en los alrededores de las grandes ciudades y también se produjo el éxodo migratorio hacia el extranjero. En adición, durante el período 1986-1996 la economía dominicana registró una degradación por el colapso de tres bancos que fueron el Banco Antillano, BanRegión y el Banco Panamericano, impulsado por las malas prácticas bancarias y fuertes debilidades de la supervisión bancaria, el cual era una réplica, que aceleró un deterioro pronunciado de todo los indicadores macroeconómico, por lo que hubo un expandío de la pobreza, particularmente en el año 1985 y 1989.
Es en tal contexto que en la década de los 90s se impulsaron grandes cambios estructurales en la economía dominicana, así como un período de crecimiento sostenido durante el período 1995-2000, bajos niveles de inflación y desempleo, a pesar de la existencia de una estrechez presupuestaria, especialmente en lo que se refería al nivel de los gastos corrientes, y que no permitía cubrir una serie de servicios públicos básicos. A pesar de que estaba en marcha una reforma fiscal que mermaba los ingresos fiscales del país y se perdían ingresos vía el comercio exterior y que perturbaban su recuperación.
Los avances alcanzados por la economía dominicana, a finales de la década de los 90s, fueron interrumpidos, a partir del 2001, de manera contundente y brutal, fruto de fuertes cambios derivados de la introducción de la aplicación de una tipología de política económica imprudente e inoportuna que se iniciaron con el establecimiento de un impuesto fijo por galón de combustible, y posteriormente, la promulgación de la ley de hidrocarburos, así como la aprobación de un nuevo arancel de Aduanas que estableció un desorden de cinco tasas arancelarias básicas de 0, 3, 8, 14 y 20% para las importaciones, la modificación del Impuesto Sobre la Renta, cuyo elemento principal fue el establecimiento de un pago 1.5% sobre los ingresos brutos de las empresas, que funcionaría como anticipo al pago de dicho impuesto y la reforma fiscal de diciembre del 2000, que aumentó de un 8 a un 12%, la tasa del ITIBIS, lo que se convirtió una cruz pesada para los contribuyentes.