Opinión

Entre la resistencia y la perseverancia I

Fue leyendo a Sábato que me vino la idea de escribir este desahogo. Él expresa una esperanza, a la que denomina como demencial. Y a esa esperanza él la auto define como algo, en cuyo proceso el individuo va sintiendo con ansiedad, la sensación de que se puede vivir una vida más humanitaria en una sociedad marcada por el individualismo y por la competencia. Él afirma, que nos convencemos de que podemos lograrlo, olvidándonos de la gente que nos acompaña y a lo mejor ha hecho más aporte que nosotros mismos a nuestra propia causa. El individualismo tiene esa capacidad para el desapego y la mediocridad.

Él establece por convicción lo que autodefine como los “valores del espíritu”, afirmando que son los únicos remedios que pueden salvar a la humanidad de la soledad y deshumanización en que ha caído el hombre actual. En ese orden, encuentra culpabilidad en los aparatos virtuales, pero entendiendo la virtualidad como el progreso de la informática y el auge de la televisión como fuentes preferidas de entretenimiento, que van apartando al hombre de su entorno, y yo le añado a eso, que van acomodando al individuo para que acepte un entorno, que los autores y directores están creando, quizás por encargo o por convicción particular.

Estos medios posmodernos van moldeando conductas futuras sobre valores y costumbres, para cambiar el contexto actual, por el que ellos prescriben como objetivo lograble, a corto, mediano y largo plazos.

Dice Ernesto Sábato, que a medida que nos relacionamos de manera abstracta por vía telefónica o virtual, más nos alejamos del corazón de las cosas y una indiferencia metafísica se adueña de nosotros. Y continúa diciéndonos que, el hombre está perdiendo el dialogo con los demás y el reconocimiento del mundo que lo rodea. Y sucede, que es allí donde se dan el encuentro, la posibilidad del amor, los gestos supremos de la vida plena del ser humano.

El hombre y la mujer se encuentran en la actualidad, en una “profunda soledad existencial.” Esto es así, debido a la inexistencia de vías concretas de comunicación con el prójimo. Nos vamos alejando y perdemos la sensación de compañerismo, de solidaridad y de compasión, a eso le sumamos la embriagues que producen las posibilidades de demostrar el Poder que poseemos y nos coloca en posición de pisotear a los otros.

Es así, como en la cercanía con el calor de la presencia humana, la que nos sacude, la que nos alienta, y la que nos necesita, podemos comprender que es el otro el que siempre nos ha de salvar de la soledad, del egoísmo, de la envidia, de la malquerencia, de la incomprensión, del chisme y del odio. Pero ahora, a través de lo virtual, no se puede dar una comunicación afectiva con el otro, y la lejanía, trae malos entendidos y confusos olvidos.

Pero, los que buscan el bien son más que los que procuran el mal, por lo que el referido autor nos pide resistir. Te pido que reflexiones, porque la resistencia debe comenzar a aparecer, en un mundo lleno personas que no quiere riesgos, porque estos pueden perturbar la comodidad que se arrellana en su egoismo. Ésta resistencia consiste, en no permanecer en actitud pasiva y quejarse del ruido y de lo que Sábato define como “intrusión sensorial”, es decir, el individuo humano se está acostumbrando a aceptar pasivamente una constante instrucción sensorial a través del contexto comunicacional actual, que nos conduce a una verdadera esclavitud, que nos lleva a depender de la moda, del escenario superfluo del inmediatismo, que relega lo que no se ve a lo que se ve.

Entonces reaccionamos, y asumimos que “si me conviene lo hago”, sin importar consecuencias a terceros. He ahí el peligro, porque estas conductas pueden generar rencores, odios y perturbaciones emocionales llenas de peligrosos e incontrolables acontecimientos.

Pero existen formas viables para encaminar la protección del clima social, una de ellas se denomina “resistencia”, cuyo significado directo y objetivo es no resignarse.

Debemos resistirnos al afán intransigente que nos dicta el ego. Hoy la mayoría de nosotros vivimos afanados por las cuestiones materiales y la sociedad sobrevive afanada por el trabajo, la ciencia, la tecnología, la técnica y todos los beneficios que todos estos medios de progreso producen. Pero esta velocidad es deshumanizante; plantea Sábato, que el hombre tiene que vivir con serenidad.

La serenidad, es una cierta lentitud, que es tan inseparable de la vida del hombre, como el suceder de las estaciones, lo es de las plantas, o del nacimiento de los niños.

Por tanto, la salvación del hombre, afirma, está en el amor, puntualizando, que el ser humano sólo se salvará si pone su vida en riesgo por su prójimo, por el niño o la niña abandonada en la calle y sus peligros. Y si llevamos estas ideas a lo interno del PLD, entonces podríamos terminar diciendo, que estamos en la obligación de resistir, que lo primordial es negarnos a perecer por falta de comunicación, por la existencia de la no solidaridad, la incomprensión, el chisme, la envidia y el egoísmo.

Entonces, las consignas deben ser: defender el servicio, defender la unidad. Debemos hacerlo con el mismo arrojo con que construimos al partido, a través de hechos heroicos emblematizados en esfuerzos concentrados, tertulias, cobros del periódico y la revista y manifestaciones relámpago a modo de piquetes y consignas. Esa es nuestra tradición, la que nos vive diciendo, cuánto honor tienen nuestras luchas. Es por eso que debemos reaccionar ante los retos que nos plantea la vida cómoda del Poder.

Quiero finalizar esta entrega, la primera de dos que presentaremos sobre este tema, diciendo, que como seres humanos, no debemos permitir que se nos desperdicie la gracia de esos pequeños recuerdos heroicos, los que pueden convertirse en episodios del futuro, para de esa forma poder compartir con la gente que queremos y con la que hemos luchado hombro con hombro; una mesa compartida entre nosotros y poder hacerlo de nuevo en los barrios mejorados, pero participando directamente en sus mejoras, como hacíamos antes de que marcáramos tanta diferencia entre nosotros mismos y entre ellos y nosotros. Necesitamos volver a paz interior de poder tomarle el teléfono al compañero que nos llama y hacerlo sin la altivez del éxito que pesamos hemos alcanzado.

Necesitamos volver a esa libertad y poderla gozar aunque sea en una minina expresión, porque Don Juan no puede seguir siendo para unos pocos solo un discurso, él es la esencia de las ideas del servicio, de la solidaridad y de la convivencia.

Esa es la razón por lo que debemos pedir, que volvamos a nuestra esencia y caminemos de nuevo juntos, sin la azarosa división de unos “buenos” y unos “malos,” porque el soberano nos observa y necesita de nuestra unidad para poder disfrutar de caminatas sin asaltos, de ver televisión sin apagones, de ir a la escuela sin sobresaltos, de gozar de buena salud, poder alimentarse dignamente, y de realizar sus sueños.

La población quiere que nos regalemos la reconciliación, porque ya vivieron la desgracia del PRD de los ochenta de los noventa y el infortunio de los acontecimientos de los años 2013-2014. La gente común quiere olvidar esa historia, en que la mayoría de ella se percató, de que nada se puede lograr con un partido de hombres y mujeres que cantan desde sus miserias el estribillo del egoísmo, el odio, la opulencia y la sinrazón.

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