Opinión

Vinculantes de la intervención norteamericana a RD en el año 1965

Juan Bosch enseñó que la historia es memoria de los pueblos. Haciendo honor a ese planteamiento y en el preámbulo de este breve artículo, es bueno recordar que la Alianza para el Progreso aparece en la en la vida política del hemisferio vinculada en su génesis a la OEA. Ese proyecto nace de de la idea del presidente Juscelino Kubistcheck, que ejercía el poder en Brasil en el año 1958.

El presidente Kubistcheck creó un proyecto de cooperación internacional al que denominó “Operación Panamericana” y fue en el Acta de Bogotá del año 1961, donde la OEA le da carácter institucional. Los fundamentos del proyecto, enmarcado por el presidente de Brasil creaban la necesidad de aprovechar en forma enfática los sistemas de consulta de los gobiernos para encontrar soluciones a las problemáticas que se presentaban comúnmente en las naciones que confluían en la organización. De ese modo se podrían construir formas de cooperación económica para ayudar al progreso de las naciones y por ende desarrollar y fortalecer los principios de la democracia en las geografías de las repúblicas integrantes de la organización. Es en ese contexto que al presidente de los Estados Unidos John F. Kennedy le nace la innovadora idea de ofrecer el financiamiento necesario para que la iniciativa alcanzara la dimensión de posibilidades básicas para generar el programa de cooperación que nace en la República del Uruguay, aprobado como iniciativa en Punta del Este en el año 1961, en donde se le asignó el sustantivo de Alianza para el Progreso.

En la ejecución de ese instrumento de ayuda, la OEA tuvo una participación directa y ejecutó tareas que dinamizaron la institución, porque la hicieron crecer y desarrollarse como entidad, creando una percepción favorable ante las poblaciones de las naciones miembros. En la ejecución de dicho proyecto trabajaron destacados profesionales de toda Latinoamérica y la OEA expandió en forma contundente su campo de acción. La Alianza para el Progreso como instrumento de ayuda creó una mística de trabajo en la Organización de Estados Americanos, que le prestigió en proceso de desarrollo institucional, lo que devino en prestigio, pero esa percepción positiva de su incursión no duró mucho en la palestra pública.

La Alianza para el Progreso impactó en la OEA de forma tal, que el Secretario General de la misma estaba supeditado a los intereses de los programas de la Alianza, pero ya la organización estaba marcada profundamente, cuando en el año 1962 los estados miembros a través de sus representantes habían acordado dejar fuera de la institución al gobierno de la República de Cuba, gesto que causó una mancha indeleble casi en la génesis misma de su historia.

Puede pensarse que la Alianza para el Progreso surgió como vacuna ante los posibles contagios ideológicos que podrían focalizarse en el cuerpo de una América con tantas penurias existenciales.

En su génesis la OEA planteaba dignificar a la región latinoamericana en los fundamentos de la democracia como sistema garante de las libertades y los derechos ciudadanos. Es por ello, que desde puntos de vistas diferentes, cuando el organismo decide marginar a la República de Cuba, se obtienen unas consecuencias que aún perduran y estas consecuencias se perpetúan en desconfianza en la institución con respecto a sus actuaciones. La OEA a partir de ese acontecimiento histórico se enmarcada en la ilegalidad, pero coherente con la voluntad de los Estados Unidos.

Cuando separaron a Cuba, lo hicieron sin base jurídica, entrando en una contradicción inexplicable, porque justificaron dicha exclusión fundamentándose en que la ideología marxista-leninista era incompatible con los principios democráticos del sistema interamericano de naciones, porque las dictaduras ejercieron el poder a sus anchas durante decenas de años sin que los ojos que excluyeron a Cuba observaran dichos mandos autocráticos, que violaron los derechos ciudadanos hasta cerca de los años ochenta e incluso formando parte de la propia organización. Con estos antecedentes es que la OEA sirve de puente para la intervención a la República Dominicana.

Afirma Don José Ortega y Gasset, que el hombre no es un hombre cultura sino un hombre historia. La Organización de Estados Americano actúa en 1965 en forma coherente con su historia, desnudándose como un mecanismo del Departamento de Estado del gobierno de los Estados Unidos de América. El conflicto dominicano inicia con el golpe de Estado al profesor Juan Bosch en septiembre del año 1963 y la guerra de abril lo que buscaba era volver a la constitucionalidad, por lo que la respuesta de la OEA a los que solicitaron la intervención de una “Fuerza Interamericana de Paz” que vino a obstaculizar el regreso de la democracia y a imponer sus criterios en forma directa sin los camuflajes geopolíticos de la “diplomacia de la nueva Roma”, debió enmarcar un reclamo a las fuerzas que se oponían al regreso de la democracia.

La experiencia del 28 de abril de 1965 coloca a la OEA una mancha indeleble, que ni siquiera la tardía, pero justa petición de perdón por haber auspiciado una injerencia tan burda y antidemocrática, podrá opacar. Su pecado no puede ser olvidado por los latinoamericanos, porque marcó el regreso del neotrujillismo al país, a través de los gobiernos del Dr. Balaguer de los primeros 12 años, en donde desaparecieron decenas de jóvenes y tuvieron que irse al ostracismo muchos más. Esta situación se presenta como producto de la posguerra de abril. Desde la muerte de Trujillo y durante los años previos a la guerra, es decir, desde el 30 de Mayo del año 1961 hasta la Guerra de Abril se fueron identificando una serie de movimientos en donde afloraron nombres de personas que se fueron convirtiendo poco a poco en blanco de los grupos anticomunistas que aparecieron y se proliferaron en la clandestinidad. El objeto de estos grupos fue la aniquilación física o moral de los personajes más destacados y sospechosos de ser “agentes del comunismo internacional.” No olvidemos que la intervención de los Estados Unidos de América se produce bajo la consigna de “evitar una nueva Cuba”, lo que sirvió como pretexto a los remanentes del trujillismo para hacer todo lo que le vino en ganas durante 12 años consecutivos.

El Presidente Danilo Medina cumplió con su rol histórico al pedir que la OEA se disculpara por haber servido de canal a la segunda intervención de los Estados Unidos de América a nuestro territorio. Lo hizo en el marco de la Asamblea General de la OEA, la que por segunda vez se realizaba en nuestro territorio, haciendo su petición en la mejor ocasión que se había presentado; aprovechando la presencia del representante de los EUA y conociendo la sagacidad del Presidente, puedo afirmar que consultó con dicho representante, antes de pronunciar su petición, asiendo lo propio con la mayoría de los representantes de los Estados miembros de la organización. Haber logrado que la aprobación de disculpa no se llevara a votación sino que se hiciera por aclamación, fue una sabia decisión.

Para terminar con esta reflexión y para dar respuesta al título de ese artículo, enumero los factores vinculantes de la intervención norteamericana a nuestro territorio en el año 1965: La Alianza para el Progreso; la mística de trabajo de la organización se crea bajo dependencia de dicho programa; el dinamismo de la OEA estaba supeditado a los fondos provenientes de los Estados Unidos; la pobreza económica de los estados miembros como penurias existenciales; la organización fue convertida en un puente de los organismos de inteligencia norteamericana hacia la geografía de nuestras naciones; el organismo regional fue tomado desde el principio como un mecanismo del Departamento de Estado; la exclusión de Cuba como Estado miembro y la sospecha de infiltración comunista en el movimiento constitucionalista, como fundamento ideológico de la acción.

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