Por los siglos de los siglos, Europa, conocida como el “Viejo Continente”, ha sido abatida infinidad de veces en su paso por la historia de la humanidad.
Esta no será la primera fragmentación que sufre la sociedad europea. El más reciente acontecimiento da visos de división después de haber logrado lo que muchos estiman sería el mayor avance de progreso de integración y cohesión internacional de los últimos decenios: la Conformación de la Unión Europea.
No se hicieron esperar las consecuencias del referéndum británico efectuado el 23 de junio pasado.
Esta fecha será para recordarse en las páginas tristes de la historia de Europa porque su impacto se verá más crudamente en los próximos años, pese a que ya empieza a sentirse en la bolsa de valores, los precios del petróleo y de la libra esterlina frente al euro y al dólar, evidenciando una crisis financiera con pocos precedentes en el mundo.
Si la acción de Gran Bretaña representa el preludio de la desintegración del bloque europeo, ya hay quienes afirman no tardará en producirse una tercera guerra mundial, razón que justifica se movilicen los principales líderes del planeta concentrados en la OTAN y Norteamérica.
Ya Reino Unido solicitó de manera informal a la Unión Europea reformar primero “la libertad de circulación” de personas, uno de los temas claves de la campaña del referéndum inglés en el que venció la opción de abandonar el bloque.
La respuesta de los Estados representantes de la Unión a esta solicitud fue dada sin pérdida de tiempo: “No habrá un mercado único a la carta”, afirmó el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, al término de la reunión informal de los 27 jefes de Estado y de Gobierno.
Para los mandatarios, el acceso al mercado interior supone el respeto de sus cuatro libertades: libre circulación de bienes, servicios, capitales y personas.
Los objetivos de la otrora Comunidad Económica Europea que dieron origen a la Unión Europea a partir del 1993 tienen sus cimientos en el mercado sin fronteras. La libertad de circular libremente a través del territorio que conforma la comunidad.
El movimiento a que hace referencia no solo es de personas, sino también de bienes, servicios y capitales a lo que tienen que acogerse los Estados miembros de la Unión.
Ello quiere decir, que los ciudadanos tienen derecho igualitario de desenvolverse y convivir. Esto es, “estudiar, vivir, hacer compras, trabajar y jubilarse en cualquier país de la UE” respetando disposiciones legales de los órganos creados para tales fines.
Los Estados integrantes son fiscalizados rigurosamente por la UE, y de no acogerse a sus mandatos, a través de un informe de incumplimiento son sometidos ante un Tribunal de Justicia, para ser penalizados sobre la base de que prime la “competencia justa, protección a los consumidores y la sostenibilidad del medio ambiente”.
Dos de las barreras que persisten se refieren a los mercados nacionales de energía y de transporte, así como el tema de la cualificación de los profesionales para el desarrollo del empleo.
Los ciudadanos de la Unión no requieren de pasaporte dentro del territorio Schengen o de fronteras comunes, salvo Bulgaria, Chipre, Croacia, Irlanda, Rumanía, el Reino Unido, Islandia, Liechtenstein, Noruega y Suiza.
Sin embargo, existen niveles de cooperación que facilitan el desplazamiento y, que mediante un avanzado sistema de información transfronteriza, pueden establecer alertas interesantes, tanto para personas como para documentos y vehículos.
Los infractores de tránsito y seguridad vial, dentro de los límites pertenecientes a la Unión, sin importar donde cometen las violaciones se someten a un régimen de consecuencias normadas por el Parlamento y la Comisión Europea.
Reino Unido, al igual que Irlanda y Dinamarca, este año en curso deben presentar su adhesión a esta nueva disposición que busca evitar la impunidad y actuar en contra de la discriminación de los conductores.
De manera que se estableció un Sistema de Gobierno Electrónico que permite acceder a los Registros de Vehículos Matriculados que reposan en los organismos gubernamentales.
Los delitos contra la seguridad vial definidos, fueron los siguientes:
1. Exceso de velocidad
2. No usar el cinturón de seguridad
3. No detenerse en los semáforos
4. Conducir bajo los efectos del alcohol
5. Conducir bajo los efectos de las drogas
6. No usar el casco de seguridad
7. Utilizar un carril prohibido
8. Uso del móvil o cualquier otro dispositivo mientras se conduce
“Se aplicará en cualquier caso el procedimiento sancionador y las cuantías previstas para las multas del país donde se haya cometido la infracción. La comunicación será realizada en el idioma del país del titular del vehículo o en una de las lenguas oficiales del Estado de matriculación del vehículo”.