Hablan los hechos

Volatilidad económica y política en Brasil

Cuando un equipo de Fútbol de Brasil logra colocar un gol en la cancha en medio de una competencia, la emoción y celebración es incontrolable, es lo máximo para ese país, todos se unifican para coronar de júbilo, esa Azaña de su deporte preferido, es como repartir alegría y amor en la población. En el otro extremo se sitúa el gol impulsado por la tragedia, la desolación, la decepción, la frustración, la humillación y la impotencia, situación que tiene su origen con la presencia de la crisis económica y política fruto de que ambas tienen varios episodios que han marcado esa nación y donde la población ha saboreado la amarga pérdida de la capacidad de compra de sus ingresos con alta inflación, devaluación, desempleo y expansión de la pobreza e inestabilidad política.

Esas vicisitudes de la economía brasileña encuentran su origen con la presencia de la dictadura militar, 1964, y la aceleración de una indetenible política de endeudamiento externo que estranguló la economía para la época. En efecto, de acuerdo a los criterios del gobierno militar de entonces, las causas de la espiral inflacionaria prevaleciente, estaban explicadas en la inexistencia de un mercado de deuda pública para financiar, como alternativa, el déficit fiscal.

Es en tales circunstancias, que el gobierno impulsa la creación de un mercado de deuda mediante la emisión de bonos indexados a la inflación, con la finalidad de que estos sean atractivos al sector privado, lo cual resultó positivo en el corto plazo ya que se estimuló el ahorro privado para canalizarlo a la inversión, estrategia que logró su éxitos en el hecho de que la acumulación de deuda fue compatible con los altos niveles de crecimiento económico, tan esplendoroso que la década fue calificada como el milagro económico de Brasil. Sin embargo, lo que detrás se ocultaba era una multiplicación de 5 del saldo de bonos del gobierno, cuyo stock se incrementó de un 8.6 de miles de millones a 40.5 miles de millones de dólares.

Las consecuencias de esta política de deuda pública se expresó, para mediados de la década de 1970, en alta inflación e inestabilidad, las alzas en los precios del petróleo que generó el temor de que la deuda pública cayera en default, impulsando de esta manera una contracción de la inversión, deterioro de las finanzas públicas y agravamiento de la inflación.

Al entrar la década de 1980, este malestar se profundizó ya que la inflación entró en una situación de hiperinflación, estancamiento del crecimiento PIB, el stock de deuda externa se multiplicó por 4.8% para la década al pasar de 39.1 billones a 186.6 billones de dólares al cerrar 1989, situación ésta que expandió la pobreza a niveles de un 70%.

Este deterioro que experimentó la economía de Brasil fue trasladado a la década de 1990 obligando a implementar diversos programas de estabilización con la finalidad de evitar el largo historial inflacionario prevaleciente, objetivo que se logró, lo cual sirvió de plataforma para el ingreso de fuertes flujos de capital, 1993-1997, lo que se tradujo en un impresionante dinamismo en el crecimiento económico.

Estos acontecimientos permitieron que Brasil se reinsertara en la comunidad financiera internacional al reestructurar su deuda externa y reorientar su perfil, haciéndola sostenible en el corto plazo.

A pesar de la reorientación a la que fue inducida la economía de Brasil, situaciones multifactoriales de origen exógenas gravitaron a lo interno creando un ambiente de incertidumbre en los mercados financieros y los organismos multilaterales. En efecto, para julio de 1994 se introdujo el denominado plan real el cual introducía el real como unidad monetaria local, esto experimentó un fuerte cambio en la composición de la deuda, reestructuración en los bonos emitidos, en tanto, las crisis asiática y de Argentina impactaron de tal magnitud que las tasas de interés y de cambio desarticularon todo el proyecto de reestructuración ya que la moneda se deprecio en un 53%, el coeficiente de deuda/PIB se colocó en 63%, el déficit fiscal alcanzo un 12% y la pobreza se expandía de manera vertiginosa.

Bajo esa terrible panorámica económica, los mercados y los electores asumen como alternativa a Luiz Inacio Lula da Silva, como Presidente del Estado Federal de Brasil, acontecimiento que se corona con su investidura el 1 de Enero del 2003.

Con este evento, la economía de Brasil se convirtió en una de las principales del mundo, la mayor de América Latina, fruto de la entrada de nuevos capitales y un conjunto de reformas estructurales, una envidiable estabilidad macroeconómica, acompañada de una pronunciada reducción de los niveles de pobreza, 52 millones, 27% de la población, la cual se sustentó en una expansión de los programas de asistencia social para los pobres, logros que se obtuvieron durante sus dos períodos de gobiernos, 2003-2011.

Brasil enfrentó la crisis económica mundial, iniciada en 2008, con cierto nivel de holgura, cuya caída del PIB para el 2009, fue del orden de 0,3%, recuperándose para el 2010 con un impresionante 7,5% lo que mostraba cierto rezago en el 2011. Sin embargo, para ese año, la importancia de esta economía se expresó en un volumen de 2,293 billones de dólares, la sexta economía mundial y la mayor de América Latina, siendo en el ámbito continental, junto a México y Argentina los únicos países miembros del G20 y único de la región miembro del BRICS.

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