Históricamente la economía de Argentina ha estado vinculada a los llamados ciclos económicos, los cuales se expresan en las fluctuaciones de la producción y el empleo, lo cual sirvió de base, desde mediado de la década de los 70s, 1976, para implementar las políticas económicas neoliberales apadrinadas por el gobierno golpista cívico militar de entonces.
Estas políticas neoliberales impulsadas por los gobiernos militares establecieron la destrucción de la actividad industrial y una concentración progresiva de la riqueza que provocaron un deterioro en el nivel de vida de la población, cuyo esplendor se había alcanzado a mediados del siglo XX, tal como lo describe el brillante economista argentino, Raúl Prebisch, al analizar el desarrollo económico de América Latina. En adición, la deuda externa se incrementó al pasar de un monto de US$7,875.00 millones de dólares a la fría suma de US$ 45,087 millones de dólares durante el periodo 1975-1983, elevándose así la relación deuda externa/PIB.
La ejecución de las políticas neoliberales, aplicadas a partir de 1976, iniciaron con la devaluación de la moneda, la liberalización de los precios y el congelamiento salarial, situación que se tradujo en un serio obstáculo para las políticas de desarrollo, al tiempo que el gobierno militar estableció que la economía ha de sustentarse en los sectores primario y financiero y no en el industrial. Al finalizar la década, los principales indicadores macroeconómicos ponían en evidencia el fracaso neoliberal, fruto de que la inflación alcanzó el 160 %, en tanto, el PBI registró una contracción de un 3.2 % y un estancamiento económico global, lo cual estimuló la más grande fuga de capitales con alrededor del 25 % de los depósitos bancarios.
Las políticas neoliberales en la década de los 80s, agravaron el malestar económico cuando ese país se declaró en cesación de pagos e inició la realización de pagos parciales hasta lograr un acuerdo con sus acreedores, lo cual es un reflejo del fracaso de las mismas, pero al entrar la década de los 90s se reactivaron con el impulso de las reformas económicas, la cuales se fundamentaron en un amplio programa de privatización de todos los servicios públicos y en la apertura de la economía. A partir de 1991, hubo que recurrir a la política de paridad del peso con el dólar estadounidense, mediante la denominada Ley de convertibilidad cuya finalidad era hacer frente a la instauración del fenómeno de la hiperinflación, mientras se duplicaba el gasto público y la economía giraba sin rumbo.
La ejecución de la Ley de convertibilidad ponía en evidencias clara que las políticas neoliberales no tenían límites y que sus diseñadores tampoco les importaba las consecuencias de las mismas, tal como implicó con el crecimiento exponencial de la deuda pública y privada, así como con el gasto público. En efecto, en el caso de este último se pasó de un monto US$ 46, 351 millones de dólares en 1991 a US$82 842 millones de dólares en 2001, lo que implicó un incremento del 79%, generándose un ensanchamiento constante y ascendente del déficit fiscal, lo que se tradujo en una expansión de la deuda pública externa que pasó de US$60,000 millones a $105,000 millones, en el mismo periodo, lo que impactó en una expansión impresionante de la pobreza que superó 35.3 % al concluir el año 1999.
Los problemas económicos fueron tan repetitivos que a finales de la década de los 90s la economía cayó en una prolongada recesión que traspasó al 2002 cuyas consecuencias económicas, políticas y sociales impactaron en una desestabilización y colapso del sistema financiero y bancario, cuya máxima expresión fue la restricción al retiro de dinero en efectivo, denominado corralito, caída en una situación de impago o default de sus compromisos financiero de su deuda externa y una devaluación de su moneda, el peso Argentino, y la fuga masiva de los capitales de los inversionistas extranjeros. Las consecuencias políticas fueron la inestabilidad de múltiples gobierno fruto de la renuncia del Presidente Fernando de la Rúa y en lo social la pobreza y el desempleo expulsaban a los argentinos a migrar, en tanto, los créditos fueron cerrado a nivel internacional ya que el riesgo país superaba a todos los países del mundo.
Luego de tres décadas de ejecución de políticas neoliberales que empujaron la destrucción de la economía argentina combinado con inestabilidad política, la economía encuentra un escape hacia la estabilidad con la llegada al gobierno del Presidente Néstor Kirchner, 2003, quien en lo inmediato tuvo que tomar medidas de política económica muy valientes. Entre estas fue descontinuar la ejecución de políticas de corte neoliberal, a lo cual le siguió reemplazar los más de 150 tipos de bonos que habían arrinconado a la economía a un default, cuyo monto ascendían a US$81,800 millones de dólares, de los cuales se lograron canjear US$62,200 millones de dólares, equivalente al 76%, mejorando así el perfil de deuda.
Con esta situación, se facilitó saldar la deuda externa frente al FMI por un monto de US$9,810 millones de dólares, lo que facilitó el crecimiento de las reservas internacionales del Banco Central por el orden de los US$28,750.00 millones de dólares, en sus primeros 3 años de gobierno, medidas que permitieron la estabilidad de la economía con crecimiento sostenido. Sin lugar a dudas, el progreso de los argentinos fue evidente y la inversión extranjera directa y el interés por los bonos del Estado atrajeron gran interés en los mercados financieros.
Con la llegada de Cristina Fernández, como Presidenta, 2007, se logró que durante el periodo 2003-2015 la economía de Argentina transitara por el periodo más largo de crecimiento con estabilidad en toda su historia, sin políticas neoliberales, con un manejo impresionante del perfil de su deuda externa, lo cual hizo desaparecer la figura crediticia del default. Pero además, de acuerdo con el FMI, ese país se distinguió en la última década por haber experimentado una reducción del 73 % de su deuda externa con relación a su PIB, 17.9%, por lo que se convirtió en ser el país con mayor nivel de desendeudamiento en todo el mundo y con mejor el ritmo de crecimiento del PIB, 9.1% en promedio, para el periodo 2003-2011, lo que permitió la mejor expansión de su clase media en América Latina, al pasar de 9.3 millones a 18.6 millones de personas, como reflejo de bajar la tasa de desempleo a un 6.4% y el estableciendo de políticas sociales contra la pobreza.
Todos los logros alcanzados en la economía argentina durante el periodo 2003-2015 parece que han entrado en una situación de riesgos, fruto de que la llegada al gobierno del ultra conservador Mauricio Macri, ha significado el retorno de invocar las viejas y fracasada políticas neoliberales. En efecto, en lo inmediato el nuevo gobierno al poner en práctica su política, ha impulsado una devaluación de la moneda por el orden de un 40%, implicando esto un desplazamiento de la inflación interanual de un 41.7% e incremento en las facturas de todos los servicios, incluyendo la educación, a lo se ha denominado “el tarifazo”, en tanto, que se estima que al cierre del 2016 la inflación terminará en un 37,4 %, el déficit fiscal en 4,8 % y que el PBI caerá un 1,9 %, tasa de desempleo de un 8.1%, lo que ha empujado a 1,4 millón de personas en situación de pobreza en tan solo 6 meses.