La década de los 80s para la región de América Latina fue calificada como la década perdida por que todos los indicadores socioeconómico no lograron superar en calidad los de la década de los 70s. En adición, hubo una exorbitante expansión de la pobreza y del endeudamiento externo que trastornó la estructura y orientación de la economia empujándola a los peores niveles conocidos hasta entonces.
En ese contexto de estrangulación de la economia de la región, la economia colombiana resaltaba como la que menor nivel de endeudamiento exhibía en la zona, fruto de que para la década de los 70s, y mediado de los 80s, representaba un monto inferior al promedio Latinoamericano, explicado tan solo por la necesidad de financiar el déficit fiscal estimulados por los shocks externos. Este panorama negativo de la deuda externa fue cubierto por el auge de las exportaciones de café, el cual generaba superávits fiscales aceptables.
Durante la primera mitad de la década de los 80s la economia colombiana presentó un manejo adecuado de su perfil de endeudamiento promedio de 20.2% del PIB, a pesar de que se transitaba por el segundo shock petrolero y las adversidades que generan las alzas de las tasas de interés. Es así como con altas y bajas, la deuda externa giraba durante el periodo 1985-2005, hasta superar el promedio regional de hasta llegar a un 34.1%, lo que obligó a un cambio profundo de la política económica y el perfil de la deuda externa, ante una economia de crecimiento lento y volátil de 3.3%, por debajo del promedio de las economías regional.
A partir de esa realidad, en la economia Colombia surgieron los debates acerca de si expandir la intervención del Estado en la economia o abrir la economia a las fuerzas del mercado, mediante la apertura económica, cuya finalidad era impulsar la eficiencia para acelerar el crecimiento del PIB e inserción a la economia mundial, de cara al proceso de globalización. Este dilema de hacia dónde reorientar la economia solo logró impactar en el sector financiero, la liberalización comercial y la apertura hacia la inversión extranjera directa, con lo cual se entró al siglo XXI.
En la última década del siglo XX, la economia colombiana experimentó fuertes cambios en el manejo macroeconómico que implicaron una transformación sustancial en la estructura del sector publico que implicó un intenso programa de regulación, combinado con un criterio del Estado empresario, que luego permitió avanzar hacia un agresivo proceso de privatización acelerada. Por el lado del gasto público, este registró una expansión impresionante que disparó el déficit fiscal a niveles de un 9.5%, impulsando esto a un incremento de la deuda externa, fruto del incremento en el gasto de seguridad y defensa para enfrentar la guerra contra el narcotráfico y la violencia, gastos en estos renglones que pasaron de un 4.5%, en el 2004, a un 14.6% del PIB, en el 2015.
Durante muchos años, la economia colombiana ha sido cafetalera, tercer productor del mundo, y, en menor medida en la minería, lo que permite tipificarla que descansa en el sector primario de la economia, pero resulta que la volatilidad de los precios de ambos rubros en los mercados internacionales ha impedido un incremento en la generación de divisas más holgada, sin embargo, cuando se mira hacia los potenciales sectores emergentes, estos también dependen del sector externo, como es el caso de la inversión extranjera directa. Por estas razones es que en las últimas dos décadas se han impulsado sucesivos procesos de paz con la finalidad de que impacte en una reorientación de la actividad económica
Desde la década de los 80s, la economia colombiana ha recibido una estocada mortal fruto de la violencia compleja que se ha ejecutado, debido a la combinación de conflictos en la frontera, las luchas de los indígenas por el derecho a la tierra, los movimientos guerrilleros y los efectos del narcotráfico y una enorme red de contrabando. Tal realidad está directamente relacionada con el narcotráfico y explica en una alta proporción el fuerte aumento de los homicidios, los secuestros, por parte de los carteles de las drogas, aunque una parte de estos han sido desarticulados, como el caso de Medellín, pero sus actuaciones han dejado una secuela negativa al corromper a una parte significativa del sistema político y economico, dejando huellas profundas en todas las esfera de la sociedad colombiana.
La situación económica actual de Colombia gira en torno a ciertas situaciones que generan un ambiente de incertidumbre, por tanto, es de vital importancia la intervención del gobierno, la diversificación productiva es uno de los temas que hacia el futuro debe lograr un significativo incremento de las actividades manufactureras, innovación tecnológica, orientadas hacia la diversificación de la estructura exportadora, estimular un mayor flujo de inversión extranjera directa (IED) ya por el momento registra un insignificante monto anual de US$2.357 millones, al cierre del 2015. Tal situacion llama más la atención si se toma en consideración que en ese año la economia creció a un ritmo de 3.6% y para el 2016 se proyecta que el PIB pueda crecer a un 3.1%, lo que ponen en evidencia una ligera contracción de la economia, la cual está experimentando niveles de devaluación de su moneda de un histórico de $3.003,35 por un dólar.
Por todo ello, es fundamental que en el 2016 existan nuevas oportunidades para el sector exportador, los negocios locales y la inversión foránea, cuyo incremento dependerá si se cristaliza finalmente el proceso de paz con la guerrilla. Pues se trata de un país grande que puede convertirse en una gran economia, dado el hecho de que Colombia tiene una población de 47 millones 662 mil personas, con ansias de progreso, y una superficie de 1.141.749 Km2.