Hablan los hechos

La innovación: un requisito para el Desarrollo económico y Social

Como ya se sabe, la innovación es la máxima expresión de la transformación de una idea en un producto que luego se coloca en el mercado con el objetivo de ser comercializable, pero también, puede tratarse de un producto a mejorar. En la práctica en ambos casos esto tiene un impacto trascendental en la industria y el comercio, que tiende a transformar la organización social y económica de la producción, así como de la economía como un todo.

Pero resulta que dicha transformación sugiere transitar por múltiples etapas que obligan a la incorporación de la asimilación de nuevas técnicas, tanto comerciales como financieras, las cuales son importante para el desarrollo y comercialización exitosa de el nuevo producto que se deriva de ese proceso de transformación. Es a ese proceso que se denomina innovación, fruto de que el mismo va orientado a cambiar y superar la dinámica anterior ya que la misma crea las expectativas de mejorar la industria, el comercio y los servicios que venían quedando rezagados, pero que sirven de plataforma del desarrollo de la economía, esto es, que inician un nuevo ciclo.

Bajo ese enfoque, la innovación implica la presencia de nuevos productos y despierta el dinamismo en el mercado que van a superar un conjunto complejo de procesos que tienden a redefinir la economía sustentado en la adopción de una nueva política económica acorde al entorno que va creando la innovación, como mecanismo transformador. Sin lugar a dudas, la innovación va generando la construcción de cambios en los paradigmas tecnológicos los cuales serán los responsables de hacia dónde se quiere colocar la economía en el devenir inmediato y asumir los desafíos a la luz del mediano y largo plazo como desafíos continuo.

Esta concepción de la innovación es amigable con el planteamiento hecho por el Presidente Leonel Fernández en el marco de la II reunión de la conferencia de ciencia, innovación y TIC, auspiciado por la CEPAL, celebrada en San José, Costa Rica. En efecto, para Leonel Fernández “el futuro de América Latina y el Caribe depende de la capacidad de los países de la región para actuar unidos ante los desafíos de un mundo en constante cambio”.

Esa visión del desarrollo latinoamericano encuentra mayor fundamento si se toma en consideración que la región se ha colocado por años en exportadora de materia prima hacia las grandes economías, preservadora de una baja diversificación de los mercados, bajo coeficiente de industrialización, explicado esto último por la poca iniciativa de innovación tecnológica. Es en tal sentido que trascienden el argumento de que “la falta de avances en ese aspecto impide que varios países de la región puedan producir bienes con valor agregado”.

En ese contexto es que se debe destacar las prevalecientes brechas socioeconómicas, las frágiles democracias y las confusas políticas económicas ancestrales que han servido de catalizadores activos que impiden dar el salto al desarrollo y dificultan la cohesión social y económica, pues estamos frente a una región que no ha logrado impulsar una política coherente y uniforme, cada país anda con su agenda particular. Por tales razones es válido, por tanto, la observación de Fernández, en el sentido de que “esta debilidad se debe a que América Latina y el Caribe aun no han asimilado la idea de que la innovación es el motor del crecimiento, por lo que insistimos en la necesidad de que se impulsen políticas públicas dirigidas en ese renglón”.

Si tomamos en consideración las teorías sobre el desarrollo económico, nos encontramos con la triste realidad de que América Latina es una región que preserva un alto grado desequilibrio regional fruto del enraizamiento de un esquema sustentado en el dualismo económico, esto es una economía que parcialmente asimila las innovaciones tecnológicas, en cambio un sector importante preserva los esquemas tradicionales con resistencia a los cambios que se producen en el entorno internacional. Pues esta situación es lo que explica en una alta proporción la observación puntual hecha por el Presidente Fernández, en el sentido de que “mientras EE.UU hace una inversión de de 2.8% en innovación, América Latina y el Caribe solo destina 0.8%, lo que da una idea del esfuerzo que la región debe hacer en ese renglón tan importante para el desarrollo”.

Efectivamente, es que el desarrollo económico es un proceso continuo orientado a generar transformaciones significativas en las estructuras productivas cuyos efectos impactan en el ingreso nacional durante un periodo prolongado, factor determinante en la mitigación de la inequidad, razón por la cual el futuro de la innovación en América latina ha de interpretarse en el marco del desarrollo de la industria pesada, la aceleración de la asimilación tecnológica y la adopción de los cambios en la tecnología de punta, el desarrollo de la energía renovable y el desarrollo de Software como soporte de la organización económica regional que ha de reorientarse hacia el progreso y la esperanza del continente.

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