Opinión

Interpretando el presupuesto público

Ya sabemos que cuando el Estado gasta más de lo que recibe como ingresos fiscales durante un período, se genera un déficit presupuestario, al cual se le denomina déficit fiscal, y como consecuencia de incurrir en un déficit fiscal, durante varios años, si el mismo Estado ha de endeudarse durante esos años, cuya acumulación del valor de la deuda es lo que los economistas identifican como deuda pública del Estado.

Los economistas normalmente suelen justificar el endeudamiento cuando éste se destina a obras de mediano y largo plazo, como son carreteras, hospitales, etc., pero que van a beneficiar a las presentes y futuras generaciones, lo que de por sí, indica el destino de esos recursos financieros. El temor de muchos analistas es que en ocasiones en los países, el Estado suele endeudarse por encima de su capacidad para pagar de manera flexible el capital principal y los intereses que del mismo se deriva.

Tal situación termina en incertidumbre ya que esto obliga a incrementar los impuestos y a disminuir el nivel de vida de la población. En adición, la financiación del gasto público endeudándose en vez de recaudar más impuestos induce a un incremento del nivel de consumo a corto plazo, pero además la financiación mediante déficit provoca una contracción de la inversión, por tanto, se desacelera la producción y el consumo.

Es cierto que el endeudamiento del Estado supone una carga económica a las futuras generaciones, la cual se concretiza con el pago de la misma, esto es una transferencia intergeneracional de la deuda, impacta de manera negativa en la producción y los salarios, así como en un desahorro. Pero es en el marco del presupuesto público que se entiende mejor ese mecanismo ya que esta es una herramienta donde se refleja la política fiscal como instrumento esencial de la política económica.

Es por tales razones que para interpretar la utilidad del presupuesto como herramienta de la política fiscal, es necesario conocer sus tres grandes componentes, los cuales son el gasto, los ingresos fiscales y el superávit o déficit presupuestario. Es exactamente la incomprensión de estos componentes que conduce a que algunos analistas, hasta economistas, sean erróneamente concluyentes de que en un determinado momento un presupuesto sea financieramente insostenible, lo cual es muy frecuente cuando hay carencias interpretativas.

Para que se tenga una mejor compresión de estos tres componentes del presupuesto hay que resaltar que el gasto público se refiere al gasto total del Estado durante un determinado período, lo cual implica las compras del Estado, las transferencias y los pagos de los intereses. En relación a los impuestos, estos representan los ingresos del presupuesto público, en sus diferentes modalidades, pues la diferencia entre ambos es lo que define la existencia de un déficit o superávit presupuestario, pero que no pueden ser forzosamente igual entre un año y otro, pues del resultado del mismo es que podemos saber el valor de endeudamiento que ha de financiarse, pues este se convierte en el centro de atención de los debates públicos dependiendo de la magnitud del mismo.

Es obvio que el presupuesto público tiene una frontera limitante, el cual queda definido por el tamaño de la economía que es lo que define la capacidad de generar ingresos fiscales para cubrir el gasto público, así como reconocer el monto de la deuda derivada del déficit presupuestario. La mayoría de los economistas no creen que el gobierno deba estar forzado a mantener un resultado fiscal equilibrado todos los años porque esto subestimaría el rol de los impuestos y transferencias como estabilizadores automáticos, sin embargo, los hacedores de política económica preocupados por los déficits excesivos algunas veces sienten que son necesarias reglas duras que prohíban o que al menos impongan un límite superior a los déficits y con ello evitar exceso de endeudamiento.

En el caso dominicano, para el 2017 se ha formulado un presupuesto público por un monto de RD$711,399 millones, el cual supera en RD$47,841 millones al actual del 2016 que es de RD$663,558 millones. Este monto nos está indicando un salto cuantitativo de la generación de riqueza en la economía dominicana, si tomamos en consideración que en el 2005, post crisis bancaria, el presupuesto público alcanzó la suma de RD$160,152 millones, en el 2010 de RD$310,861 millones y en el 2015 de RD$630,482 millones, esto se puede interpretar de que cada 5 años se produce un cambio muy significativo en la economía que se refleja en el presupuesto público.

El financiamiento del déficit presupuestario ha de corresponderse con el potencial de ingresos fiscales o la capacidad para accesar a cubrirlo, pero lo importante de un déficit, no es el monto como tal, sino cómo se va a financiar. Al respecto, en los debates acerca del mismo, suele salir lo más absurdo como es el condicionar el presupuesto público a un pacto fiscal, pues en ninguna parte del mundo a alguien se le ocurre plantear que la política fiscal está sujeta a pactos, por tal razón es que el premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz, en su libro sobre la economia del sector público, aconseja que “si quieres que el presupuesto te genere ruidos, deja que la ignorancia lo analice”.

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