Opinión

Los límites del poder

Es común escuchar el anacrónico concepto de que el poder es para usarse, también que al poder hay que subordinarse y que el poder todo lo puede. Nada de eso es cierto en el siglo XXI, pues la veracidad de esos conceptos fueron válidos en el entorno de las dictaduras, de los imperios y las monarquías, esquemas estos que hicieron daño horrible al dinamismo político y económico de las naciones, los cuales hoy en día se tienen esas herencias con poca significación e influencias, aunque en algunas mentalidades están presentes.

Los límites del poder, en la región de América Latina, tomaron cuerpo en la década de los ochenta a raíz de que el Estado intervencionista, paternalista y centralista entró en crisis, el cual tuvo una duración de más de medio siglo, pero que con la explosión de la crisis de la deuda externa alcanzó sus limitaciones al mostrar todas las debilidades ancestrales. El agotamiento de las fuentes de recursos fiscales fue la primera señal de la crisis que se avecinaba a la existencia de un modelo de Estado y de poder, por igual, el agotamiento del Estado anquilosado por décadas, estaba explicado por la presencia de una crisis de funcionamiento del aparato administrativo, inducido por una crisis de legitimidad política, conjugación esta que conducía al denominado Estado fallido.

Si aceptamos como válido el criterio de que la democracia es poner bajo el control al poder político, donde los ciudadanos tienen la facultad de elegir de manera libre a sus gobernantes, también estos han de entender que estos tienen limitaciones para ejercer el poder frente a los ciudadanos que lo han elegido. Es que el código de la democracia establece que el poder alcanzado democráticamente, mediante elecciones libres, le confiere a los gobernantes un grado de legitimidad desde su origen, sin embargo, los gobernantes han de tener presente que esa legitimidad ha de ganarse en el ejercicio cotidiano del poder de manera cautelosa ya que la misma puede perderse cuando las acciones de la obstinación del poder van en dirección contraria que afectan a los intereses de los ciudadanos, en la toma de decisiones.

Es en ese contexto que los gobernantes deben ser capaces de comprender que el poder tiene que estar limitado, hasta en la democracia más perfecta que existe, pues los errores cometidos con la extralimitación del poder, incluyendo atropellos y extensión del período gubernamental, han terminado cayendo en dictaduras que la historia las califica como las peores. Es así como muchos partidos políticos al desviarse de la democracia, caen en el totalitarismo para imponer proyectos de estirpe ya que pasan de un proyecto de gobierno a un cambio de régimen donde el gobernante de turno destruyen a los partidos políticos, a la economía y a la democracia, situación que en pleno siglo XXI es inaceptable y es una aventura sin éxitos para quien tenga la osadía de intentarlo.

La historia está llena de episodios traumáticos de la relación entre el individuo y el poder que ejerce sobre el Estado, en el cual cuando un grupo llega al poder y se obnubilan y llegan a la creencia de que su presencia es a plazo indefinido y sus acciones son ilimitadas, pues en ese punto de inflexión es que se cometen los atropellos, los enriquecimientos ilícitos y los abusos del poder. Entonces, a partir de tal realidad es que han surgido las dudas sobre los límites de la influencia del Estado en el individuo, la complejidad del liderazgo para entender tal problemática y el control emocional de quien ejerce el poder.

La limitación del poder ha tenido siglos de discusiones que parte de las ilustres ideas de pensadores como Monstequieu, cuyas bases teóricas descansan en la existencia en el derecho constitucional, y el constitucionalismo como tal, para segregar los derechos del individuo y promover la división del poder mediante la presencia de una constitución sólida y la existencia de leyes inquebrantables, ambas respetadas por los gobernantes que conducen el poder, cuya credibilidad es la que asume el ciudadano, pero si se irrespeta, así mismo este lo hará.

En la concepción de la filosofía política es que la limitación del poder cuando se quiebra, entonces, encontramos todo tipo de maleza que arrastra a la sociedad y a la economía hacia una hecatombe que requiere décadas para recuperar los avances e institucionalidad destruidos. Pues esa sería la herencia dejada por los gobernantes cuando no entienden los límites del poder ya que “el poder tiende a corromper y el poder absoluto lo corrompe absolutamente”, entonces ha de entenderse que las acciones de los gobernantes los persiguen más allá de la tumba y la historia es implacable al momento de juzgarlos.

Es importante destacar que la modernidad política alcanza su mayor esplendor e institucionalidad cuando los actores de la dinámica política y económica aceptan la validación de que han de existir limitaciones de los poderes públicos en el marco de lo que establece la constitución y las leyes, frente a las personas, y evitar invadir la esfera de lo privado. En ese contexto es que se pondera la influencia del poder económico, la presencia de los partidos políticos y los medios de comunicación, como garantes.

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