Opinión

El legado de Obama

Restan Poco menos de dos meses antes de que se produzca la tradicional toma de juramento del presidente electo de Estados Unidos, evento protocolar que desde ya comprende una incógnita, al juzgar por la notable diferencia entre las dos figuras que protagonizarán el próximo traspaso de mando.

La magnitud de la incertidumbre con respecto al devenir de Estados Unidos a partir del próximo 20 de enero, se ve potenciada al compararse los dos perfiles que han de converger en el evento: por un lado tenemos a un multimillonario,símbolo del capitalismo, el cual se muestra orgullosamente prepotente, desafiante y habilidoso conocedor de las debilidades del sistema impositivo estadounidense, y, por si fuera poco, más allá de sus discursos, son sus acciones concretas las que durante años han evidenciado su repudio a las minorías en una nación que hace gala de su diversidad.

En contraposición tenemos a un Premio Nobel de la Paz, quien logró sacar a su país de la más fuerte recesión económica desde el Crack del 29 (crisis heredada de los gobiernos republicanos de George W. Bush), promotor de la igualdad, los derechos civiles, la lucha contra el cambio climático y sobre todo,un vivo ejemplo del legendario aunque cada vez más precario “Sueño Americano”, cuyos logros han sido autogestionados en base a la formación, superación constante, perseverancia y rompimiento de la barrera racial.

Sin embargo, a pesar de haberse convertido 8 años atrás en el primer presidente afroamericano de la nación, consumando una idea que hace apenas cuatro décadas sería considerada absurda y utópica, Obama supo administrar con notable equilibrio su gestión, al punto de mantener un nivel de aceptación que desde ya le coloca como uno de los presidentes mejores valorados de la historia de su nación.

Partiendo de lo expuesto, resulta oportuno dar un breve vistazo a ciertos aspectos que han de marcar el legado presidencial de Barack Obama, el cual, lejos de ser perfecto, muestra a un presidente que contra notables obstáculos a lo interno y externo, marcó el curso a seguir por un Estados Unidos obligado a replantear su peso e imagen en el mundo.

Comenzando por el aspecto internacional, quizás una de las primeras conquistas en este sentido para el presidente Obama y de mayor impacto mediático como efecto directo de su proximidad geográfica, fue la normalización de las relaciones con Cuba. Este hito histórico se produjo el 17 de diciembre del 2014, luego de más de medio siglo de total bloqueo cubano impuesto por Washington, medida que aún requiere del fin del embargo económico, para que Cuba pueda reinsertarse nuevamente en el comercio internacional y recuperar las décadas perdidas por el aislamiento.

A pesar de que todo va fluyendo en esa dirección, al juzgar por la sorpresiva y muy aplaudida abstención de Estados Unidos en la Asamblea General de la ONU en octubre pasado, a propósito de la solicitud de poner fin al embargo, queda una materia pendiente para Obama, la Bahía de Guantánamo, donde hay unos 60 presidiarios en la actualidad.

Otra de las controvertidas medidas de Obama lo fue el pacto nuclear con Irán, una apuesta estratégica, que más que una simple marcha atrás a tres décadas de animadversión, procura impulsar una recomposición en el equilibrio geopolítico de Medio Oriente, donde Arabia Saudí e Israel (gobiernos con los cuales nunca mostró simpatía en lo personal) habían pasado a manipular la región a su antojo. Hoy en día, Washington ha comenzado a reconsiderar su rol en la región, buscando corregir errores como los de Irak, la Primavera Árabe y Siria (incluyendo al Estado Islámico), a través del establecimiento de un balance de poder entre las potencias regionales.

Sin embargo no todo ha sido gratificante, pues Obama tuvo que lidiar con la nueva realidad que experimenta Estados Unidos respecto a su lugar en un mundo multipolar donde ya no pueden ser los líderes hegemónicos y policías del mundo, sitial que se vio cuestionado tras el abusivo uso de la fuerza y pérdida de calidad moral estadounidense producto de los gobiernos de Bush. Es así como el actual mandatario ha tenido que reconocer el nuevo peso de potencias, naciones emergentes como Rusia y China, así como el peso económico de India y Brasil (esta última inmersa en una evidente crisis económica, pero perteneciente junto a las otras tres al grupo BRICs).

A su vez, la administración Obama logró aumentar en un 28% las exportaciones de bienes y servicios, lo cual redujo el déficit comercial, pero no pudo evitar el preocupante aumento en un 87% de la deuda pública, superando en un 100% el PIB al colocarse en casi 20 billones. En ese mismo renglón entra el intento de impulsar y ratificar el Acuerdo Transpacífico, que enlazaba a 11 países del pacifico, aislando a China en sus afanes expansionistas, pero que encontró resistencia en el Congreso y posiblemente será derogado por Trump.

En la política doméstica, el presidente Barack Obama consiguió reducir el nivel de desempleo a menos del 5% (2,9% menos que cuando asumió en el 2009), lo cual resulta de 6 años de crecimiento progresivo del mercado laboral, donde se crearon aproximadamente 11 millones de empleos (en su mayoría temporales). No obstante, la desigualdad social se ha visto potenciada a pesar de los empleos generados, producto tanto de la precariedad de los puestos de trabajo, como de la concentración de capitales por el 1% más rico tras la crisis económica.

Por otra parte está el programa de seguro de salud, extensamente conocido como ¨Obamacare¨ (término despectivo usado por los detractores), el cual aun con sus limitantes, logró dotar de seguro médico a más de 16,5 millones de personas, de las 44 millones que se estimaban no poseían.

Uno de los puntos controversiales y negativos lo ha sido el tema de las deportaciones, donde la cantidad de 2,500,000 inmigrantes deportados, le mereció a Obama el título del presidente que más personas a expulsado de Estados Unidos en la historia. Esto se une a los continuos episodios de asesinatos deliberados con armas de fuego en escuelas, club nocturno, cines y otros lugares públicos, lo que ha generado serios debates en torno al alcance de la segunda enmienda de la Constitución estadounidense.

También está el aspecto racial, donde quizás por el uso de la tecnología, en especial los videos tomados desde los teléfonos inteligentes, se ha hecho más evidente que nunca la realidad del racismo patente en buena parte de la población y autoridades. Llegado a este punto, donde sobran los ejemplos de asesinatos desmedidos como el de Ferguson en Missouri, Baltimore en Maryland, en que policías ejecutaban a jóvenes negros que estaban neutralizados y que fueron captados en videos, es evidente la fragmentación social que padece Estados Unidos y la cierta frustración de las actuales autoridades al no poder romper con realidades (uso de armas, racismo, y desigualdad) que están lacerando la precaria unidad en que se ha fundamentado el espíritu de la nación norteamericana.

Quizás el balance presentado previamente nos indique que después de todo, la victoria de Trump puede ser la respuesta de una buena parte de la población, así como del viejo establisment norteamericano, a los cambios y la reivindicación de las minorías que en su momento representó Obama, incluyendo los ideales progresistas que abrazó. Hoy en día su balance dista mucho del discurso que como candidato le llevó a conquistar miles de seguidores. Pero sin lugar a dudas, amén de las restricciones que le aplicaba el sistema, el precario nivel de maniobra en el ámbito internacional y los continuos boicots a iniciativas que iban contra el statu quo, Obama se retira como un estadista que brilló con luz propia a pesar de las tinieblas.

En definitiva Estados Unidos no estaba listo para un presidente negro, ahora no lo estuvo para su otrora rival interna, Hillary Clinton (que sería la primera mujer en dirigir la Casa Blanca). En cambio, prefiere volver a imponer la “Ley y Orden” de Nixon, la misma que en los 70´s acalló las conquistas sociales y marginó nuevamente a los negros después de la ley de derechos civiles, esa misma “Ley y Orden” que al enarbolarla ahora Trump, tendrá sus propios efectos…

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