Opinión

30 años de la eictv-cuba: anécdotas y memorias

El gran cantante argentino Carlos Gardel decía que “veinte años no es nada”. Podría tener razón, pero cuando se pasa de ahí, como en el caso de los 30 de la Escuela Internacional de Cine y TV de San Antonio de los Baños, Cuba, la que ha parido generaciones de cineastas que pueblan las pantallas de todo el mundo, son muchos.

La EICTV, sobre nombrada de los tres mundos, se incubó en las mentes y corazones de los cineastas de América Latina, para hacerse realidad un 15 de diciembre de 1986 de la mano del escritor Gabriel García Márquez, de los cineastas Fernando Birri, Tomas Gutiérrez Alea, Julio García Espinosa y del comandante Fidel Castro, sin cuyo apoyo esta idea, o se queda en papeles o se hubiese tardado muchos más años.

En La Habana, Cuba, aterrizamos un grupo de estudiantes dominicanos integrado por Tanya Valette, Juan Basanta, Jaime Gómez, Radel Villalona y quien les escribe, para iniciar un capitulo en esa institución que treinta años después ha cambiado y sigue haciéndolo, el panorama cinematográfico mundial.

Nuestros padres fundadores partieron de la más hermosa de todas las utopías, la del ojo y la oreja, para conducirnos por una formación polivalente, hacia un cine quizás imperfecto pero libre de la sospecha de esa enfermedad que corroe a una gran cantidad de cineastas, la perfección sin sentido, hueca y carente de sensibilidades o valores sociales.

Pasar por la EICTV es imbuirse de la técnica y del humanismo, es aprender, como nos dijo Fernando Birri una vez y que me gusta repetir de cuando en cuando: “Hay que combinar la paciencia con la impaciencia”. Una lección que como creadores no debemos perder de vista, en un mundo que marcha a toda velocidad, a veces sin espacio para reflexionar.

De fidel a garcia márquez

De las ocasiones en que me tocó estar cerca del Comandante en Jefe, recuerdo particularmente dos que atesoro como una herencia muy valiosa, pues la vida es memoria, el cine es memoria visual y esos encuentros están ligados a la escuela, a mi vida, a la historia. Ahora que él no está, quedan sus hechos y la certeza de sus palabras.

En el Palacio de la Revolución se celebró una recepción con motivo del Festival de Cine de la Habana y allí estábamos los estudiantes con nuestros monos azules oscuros y el logo de la EICTV. En un momento, Fidel se me acerca y pregunta: ¿De dónde tú eres? De Republica Dominicana -contesto yo-. El pregunta de nuevo: ¿De qué ciudad? De Montecristi -le respondo-. Me mira y dice: Ah, pero tú eres de una ciudad muy importante para los cubanos, pues allí se firmó el manifiesto de la liberación de Cuba entre Martí y Máximo Gómez. Ya se imaginarán ustedes con el ánimo que salí de allí.

En otra ocasión, esta vez con motivo de un conversatorio del Comandante con los estudiantes en la sede de la EICTV, hice unas observaciones sobre la tv cubana y una pregunta sobre la fuerza aérea y la victoria de Playa Girón, Fidel no solo me contestó y ya cuando se iba, se paró frente a mí y lo acompañé hasta su vehículo, el explicándome detalles sobre la invasión y las operaciones de las fuerzas militares. Cuando se fue, algunos compañeros se me acercaron para indagar el tema de la conversación y no quisieron creer que hablamos sobre Girón, pensaban que era sobre otra cosa.

Con Gabriel García Márquez me sucedió algo curioso, pues yo era bastante tímido en esa época. Fui casi empujado por los compañeros para presentarme al ilustre escritor y este, al verme, me dijo: “Tú tienes una cara de médico…”. Una coincidencia porque entré a la universidad pensando en estudiar medicina, cosa que “el Gabo” no sabía. Días después, me lo encuentro en la piscina del Hotel Nacional y le pregunto si seguía teniendo cara de médico. Me dijo que sí, pero cuando le conté lo de mis aspiraciones pasadas, se rio muchísimo.

Una noche, caminaba con Radel Villalona por las oscuras carreteras de San Antonio de los Baños, pues habíamos perdido el autobús hacia la escuela, y vimos a lo lejos que se acercaba un vehículo a toda velocidad. Al acercarse, se detiene y para sorpresa nuestra, quien baja el cristal es el mismísimo Gabo diciéndonos: “Suban, par de tunantes”, con ese humor tan típico de él.

Silvio rodriguez y otras cosas

La foto que nos hizo Jorge Dalton a Radel Villalona, Benjamín Franklin, Silvio Rodríguez y a mí, se dio en el contexto del acto de inauguración de la escuela, Silvio acudía a esta actividad a cantar Blancanieves, una canción compuesta para la ocasión y cuyos derechos donó a la institución como aporte a la sostenibilidad.

Estábamos, y estaba yo tan concentrado oyendo los detalles de las circunstancias en que fue escrita La Gota de Rocío, que ni siquiera tuve conciencia del disparo fotográfico, imbuido totalmente en las palabras y el universo poético del bardo cubano. De ahí la sorpresa de saber de su existencia por lo hermoso del momento.

Hace 30 años la utopía se hizo realidad en San Antonio de los Baños para un grupo de jóvenes soñadores que accedían al conocimiento, a los equipos y a la sabiduría de los cineastas de América Latina y del mundo, para seguir el camino de construir un espacio fílmico reflejo de las realidades, creencias, mitos y valores de los pueblos del tercer mundo.

Hoy, tenemos el orgullo de contar que después de egresar, Tanya Valette dirigió con acierto la EICTV, y que el país dispone de cineastas como Juan Basanta, Johanne Gómez, Desireé Reyes, Laura Amelia Guzmán, Natalia Cabral, Franklin Hernández, Nino Martínez Sosa y varios más, que han convertido aspiraciones en realidades, cumpliendo la misión estética encomendada por aquellos maestros del nuevo cine latinoamericano.

Julio García Espinoza, Gabriel García Márquez, el Comité de Cineastas de América Latina, la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano y el Comandante Fidel Castro, plantaron la semilla de un cine que floreció, y que 30 años después sigue dando frutos.

¡A ustedes, estén donde estén, gracias!

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