La economía Francesa registra episodios interesantes de progreso y prosperidad a partir de la segunda mitad del siglo XIX, fruto de que para la época asumió la revolución industrial como la vía de por donde se orientarían sus actividades económicas, acompañada de una liberalización económica sostenida en el inicio de la denominada tercera República. Pero resulta que desde finales del siglo la misma superaba potencias económicas, como Inglaterra, que había iniciado primero la revolución industrial, en tanto, se convirtió en productora del 10% de la producción mundial.
Muchas décadas transcurrieron para que Francia lograra la solidez de su economía, 1946-1973, esto es, el periodo de la guerra fría en el cual alcanzó un fuerte crecimiento económico, 5% anual, el cual obedeció a la sostenibilidad del trabajo y a una intensa productividad, durante años prolongados, fruto de innovación tecnológica superando a las demás potencia económica predominante. Es por tales razones que durante varios años, Francia se mantuvo como la cuarta economía más grande del mundo.
Para el 1994, Francia disfrutaba de un PIB per cápita elevado que la convertía en el décimo tercero a escala planetaria por encima de economía como la de Canadá y una estabilidad con crecimiento sostenido. Es esa realidad que permite a este pais ser de los auspiciadores de la unión monetaria europea, para 1999, cuando se produce la introducción de la moneda única en el marco del deseo de estrechar la cooperación económica de la mayoría de los países de la integración económica y monetaria.
En la última década, Francia ha transitado desde una economía con intervención del Estado, con característica de modernidad y desarrollo, hacia una economía de mercado donde predominan las reglas del laissez-faire laissez-passer, es decir la carencia de regulaciones, tal como lo concibieron los pensadores de esa nación llamados fisiócratas, durante el siglo XVII. La expresión más concreta de este proceso en la actualidad se observa en la privatización de grandes empresas, bancos y las aseguradoras.
En la actualidad, Francia tiene el privilegio de colocarse en una de las 10 economías de mayor importancia en el mundo, de acuerdo al tamaño de su PIB y la diversidad de ls sectores económicos que la componen. Por igual, el volumen de su deuda pública al cierre del año 2016 ascendía a la respetable suma de 2.147.418 millones de euros, equivalente una relación deuda/PIB de un espantoso 96%, siendo su deuda per cápita de 32.166 euros por habitante, lo que coloca a sus ciudadanos entre los más endeudados del mundo.
En la era de la crisis global, que aun afecta a los países Europeos, Francia ha atravesado por grandes momentos difíciles que se han convertido en un verdadero obstáculo para superar la crisis que enfrenta, aunque el crecimiento del PIB se haya recuperado en un 1,3% en 2015, impulsado por el consumo público y doméstico. En esa misma dirección, se pronostica un ligero crecimiento en 2017, impulsado por una desaceleración en la tasa de desempleo, mejora en los niveles salariales y un mayor acceso a los créditos al consumo, pero el «Brexit» es una amenaza por su impacto negativo en la demanda externa.
Es en ese contexto que se entiende mejor los resultados del proceso electoral francés donde los partidos tradicionales que han predominado en la politica de esa nación han quedado fuera de competencia para una segunda vuelta o balotaje, algo que no se había producido desde1973. Es así como el futuro de la economía francesa ha quedado bajo las manos de Marine Le Pen y Emmanuel Macron cuya decisión final por donde inclinarse depende de la ciudadanía electora.
En efecto, las propuestas económicas de ambos candidatos son ampliamente disimiles con visiones políticas económicas que chocan entre si ya que de lo que se trata es de el viejo enfrentamiento entre neoliberales y quienes propugnan por una participación discreta del Estado en la economía. Por un lado, Emmanuel Macron ha presentado un programa presidencial liberal-conservador en el ámbito económico, en lo político y cultural.
Por igual, Macron propone una reforma global del sistema nacional de cotizaciones y protección social y persigue flexibilizar el mercado del trabajo, así como la jubilación, llamada a sufrir un gran cambio. Tambien que se impulse el derecho universal al subsidio de desempleo y que Francia preserve su membrecía en la Zona Euro.
La propuestas económicas de Marien Le Pen son de corte neoliberales razón por la que propugna por controlar desde el Gobierno la política macroeconómica, y abandonar el euro para suplir los errores de competitividad con devaluaciones constantes, que no hacen nada más que empobrecer a todos. Esto lo justifica mediante la recuperación de la soberanía monetaria para poder manipular desde el Gobierno la libre circulación de mercancías y de capitales, regreso al uso del franco francés como moneda oficial de esa nación.