Constantemente las economías experimentan perturbaciones provocadas por factores internos y externos, cuyos resultados pueden encubar recesiones o expansiones que trastornan el curso de la economía. Es por tal razón que en los debates sobre política económica se genera un interés muy especial por parte de los agentes económicos, pero se convierte en el epicentro de la agenda politica y que en definitiva impactan en los mercados.
Ante las adversidades posibles, derivadas de tales perturbaciones, los responsables del diseño y ejecución de política económica están en la obligación de garantizar que la economía mantenga un nivel de inflación baja y con estabilidad. Para ello, la política económica descansa en las políticas fiscal y monetaria las cuales utilizan múltiples instrumentos para contrarrestar las fluctuaciones económicas que se puedan presentar, al tiempo que sirven de soporte para promover la estabilidad macroeconómica.
Dada la volatilidad que han experimentado los precios del petróleo en los mercados internacionales, los efectos de la crisis financiera global, la pérdida de valor del dólar frente al Euro y ante una posible recesión de la economía mundial, hay que estar muy alerta en América Latina vigilando la estabilidad macroeconómica y evitando que proyectos aventureros continúen insertándose en los procesos electorales y puedan sorprendernos llevando a nuestros países a dar un salto al vacío que provoquen un desvío en su dirección hacia el progreso económico y social, hasta con interrupción institucional. Pues en la región, en sentido general, existen precedentes muy dolorosos y frustratorios suficientes como para repetir administraciones gubernamentales responsables de la expansión de la pobreza.
La pobreza como tal es un fenómeno cuya presencia es tan antigua como el género humano pero que tiene explicaciones multifactoriales. En los hechos esto se expresa en la carencia de recursos económicos, falta de nutrición, ausencia de oportunidades de empleo, acceso a servicios básicos de educación, salud, agua potable, entre otros, pero en definitiva es la prohibición de que el individuo pueda disfrutar de una vida digna y saludable para el desarrollo de sus capacidades.
Hay que resaltar que la reproducción de la pobreza en cada país tiene como catalizador armónico factores internos y externos que la estimulan, siendo el primero un elemento fundamental ya que en este es muy importante la política económica prevaleciente así como la dinámica del mercado laboral interno y el crecimiento de la economía. Es obvio pues que la combinación de estas tres variables explican en una alta proporción el comportamiento del desempleo y subempleo los cuales permiten cuantificar la distribución desigual del ingreso y la riqueza.
A pesar de la opulencia mayúscula en que se vive hoy en día en el mundo, el fenómeno de la pobreza persiste como el peor mal que afecta a una parte significativa de la población, en efecto, durante el período 1987-1998, o sea 11 años, el número de personas que en el mundo vivía con menos de un dólar diario, paso de 1,183.2 a 1,198.9 millones, siendo el mismo en América Latina de 63.7 millones en 1987 y de 78.2 millones de personas en 1998, esto es la pobreza extrema o indigencia.
Pero cuando se observa el número de personas que vive con menos de dos dólares diarios nos encontramos con un incremento de la pobreza que fue muy notoria para el período 1987-1998 ya que se cuantifica que 2,549 millones de personas estaban en esta situación en 1987 las cuales se expandieron a 2,801 millones de personas en 1998, igual expansión se observa en America Latina, ya que en 1987 se identificaron 148 millones de personas que vivían con menos de dos dólares diario, incrementándose esta cifra a 183 millones de personas en 1998.
A pesar de que en América Latina la pobreza y la indigencia ganaron terreno durante el periodo 1990-2002, al pasar 200 a 221 millones de personas pobres y de 93 a 97 millones de indigentes, es notorio un descenso significativo al registrar un número de personas pobres de 209 millones en el 2005 a 190 millones en el 2007, en tanto que la indigencia se contrajo al pasar de 81 a 69 millones. Sin lugar a dudas que la aplicación de políticas económicas adecuadas y orientadas a promover la estabilidad están explicando el cambio en el perfil de la pobreza en la región.
En adición, las evidencias empíricas demuestran que la tragedia que vive el mundo con una desigualdad que pone en un riesgo global a la democracia mundial, al igual que las metas del milenio se ha incumplido al cerrar la proyección que cerró en el 2015. Pues ya desde 1992 el número de pobres en el mundo se situaba en 2,800 millones y 1,300 millones de indigentes, mientras que la OIT en el 2007 anunciaba la existencia de 180 millones de desempleados, cifras que se han duplicado a partir de la crisis financiera 2008-2009.
Es este malestar que ha llevado a la reflexión de que la única manera de reducir la brecha de la desigualdad es una tasa progresiva de impuesto mas elevada, al tiempo que las grandes riquezas del mundo aumentan más en tiempos de crisis, mientras la desigualdad se incrementa. Por tal razón se entiende que “la desigualdad se está disparando en todos los países desarrollados, y que el 1 por ciento de la población es cada día más rico, y que el 0,1 por ciento es aún más rico, y que el 0,01 por ciento es aún más rico todavía”.