Hoy el mundo occidental se encuentra celebrando una de sus fechas más emblemáticas, es decir, el día de Navidad, ocasión en la que tradicionalmente se conmemora dentro de una de las tres grandes religiones monoteístas, “el cristianismo”, el día del nacimiento de Jesús de Nazaret. No obstante, para esta época también gran parte del mundo recuerda (algunos con nostalgia, otros con especial alivio) lo que fue la sorpresiva disolución 26 años atrás de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, la URSS.
Tras aquel trascendental evento del 25 de diciembre del 1991, las 15 naciones que conformaban la célebremente conocida Unión Soviética, se irían fragmentando en un efecto dominó que marcaría el inicio de una nueva era post-soviética, con claras repercusiones geopolíticas, nacionales y culturales. A esta realidad no escaparon otras naciones de Europa del Este, que por décadas fueron Estados satélites de la URSS y miembros del antiguo Pacto de Varsovia, un acuerdo de cooperación militar para contrarrestar la creciente influencia de Estados Unidos en Europa, en especial a través de la OTAN en tiempos de la Guerra Fría.
Uno de estos Estados y cuya capital fue la que le dio el nombre al citado acuerdo en Europa del Este, es Polonia, nación que se convirtió desafortunadamente en el epicentro y detonante de la Segunda Guerra Mundial, al ser invadida conjuntamente el 1ro de septiembre del 1939 por la Alemania Nazi y el ejército soviético.
Habiéndose desprendido de las ataduras del antiguo mundo bipolar superado tras 1991, Polonia logró incorporarse a la Unión Europea en el año 2004, convirtiéndose desde entonces en un ejemplo de crecimiento y superación. Su prestigio se consolidó para el 2008, al evitar los efectos de la crisis financiera mundial y creciendo desde entonces un 25% en su PIB, pasando a disfrutar de una de las etapas de mayor prosperidad en su historia, a pesar de no estar en el mismo nivel económico de la media europea. De hecho, desde su inclusión como miembro de la UE, Polonia ha gestionado sus políticas locales conforme a los lineamientos y valores que promueve la Mancomunidad europea, lo que en parte incidió en la elección en el 2014 de quien fuera primer ministro polaco, Donald Tusk, al frente del Consejo Europeo. Esta relación armónica cambiaría a partir del 2015, cuando a pesar de los logros la organización gobernante, Plataforma Cívica, los polacos optaron por sustituir al entonces mandatario Bronislaw Komorowski por Andrzej Duda, del conservador partido Ley y Justicia. Desde entonces, como consecuencia de la imposición de medidas que riñen contra el estado de derecho, el PiS (como también se le conoce al actual partido en el poder), ha provocado la marginación de Polonia dentro de la Unión Europea. En efecto, da la impresión que en los dos últimos años el gobierno anda tras la transformación de todo el sistema polaco, lo que incluye la Constitución y el delicado “equilibrio de poder”, al proponer reformas que en la práctica suprimen la independencia del Poder Judicial.
La imposición de un sistema centralizado se hizo patente el pasado mes de julio, cuando el Parlamento polaco aprobó con cierta premura tres proyectos de ley con miras a la reforma del sistema judicial, que brindan al ejecutivo el control a Tribunal Supremo, el Consejo Nacional del Poder Judicial y de los tribunales inferiores. Al momento de tener que someterse a la aprobación del mandatario polaco, el proyecto fue vetado en dos de sus tres leyes propuestas, en especial debido a la presión social, lo que a su vez generó sorpresa por este pertenecer al mismo partido que sometió las reformas, pero Dudas alegó que no se le había consultado. El principal promotor de estas medidas es el líder del PiS, Jaroslaw Kaczynski, quien llegó a proferir sendos insultos contra los manifestantes y la oposición política a propósito de la controversial reforma al sistema de justicia. Este, al igual que la primera ministra Beata Szydło, han mostrado su desacuerdo con el veto presidencial, prometiendo instaurar las referidas medidas en el sistema judicial.
En cuanto a la Unión Europea, desde Bruselas se ha advertido que de llevarse a cabo la reforma, Polonia perdería su derecho al voto dentro de la Unión, puesto que se estaría ante un régimen autoritario, lo que preocupa especialmente al Consejo Europeo y a su presidente, Donald Tusk. Vale destacar que las acciones emprendidas desde el ejecutivo polaco, van en contra de los criterios de Copenhague, a los cuales Polonia tuvo que atenerse para poder comenzar las negociaciones introductorias como miembro de la Unión Europea, a finales de los 90.
Dada la determinación de Varsovia en imponer las medidas reformadoras del sistema judicial, la Comisión Europea ha activado el artículo 7.1, conocido como “opción nuclear”, que dará paso a posibles sanciones e incluso la expulsión de Polonia del Bloque Comunitario de no acatar las directrices planteadas. De hecho el artículo 7, introducido en el Tratado de Ámsterdam en 1999, se previó como una forma de preservar la identidad, sentido de cuerpo y orden democrático de la Unión Europea ante su proceso de expansión, ante el cual accederían antiguos países del bloque soviético.
Esta primera advertencia de Bruselas, debe contar con la aprobación de al menos 22 de los 27 actuales Estados miembros de la UE, lo que de conseguirse obliga a Polonia a regirse bajo las medidas preventivas. A pesar de la posibilidad de que Varsovia no acate el llamado de advertencia, el Consejo Europea tendría problemas en pasar al artículo 7.2 e imponer sanciones, puesto que en esta etapa requerirá del consenso de los 27 miembros, y de partida Hungría ha indicado que se opondrá a tal tentativa.
Resulta aún imprevisible lo que sucederá con Polonia, de seguir rigiéndose bajo las actuales condiciones de autoritarismo y concentración de poder, sumado a que más del 80% de la población es pro-europeísta, más allá de que su actual gobierno es euro-escéptico. El dilema está trazado y dependerá de las decisiones futuras del ejecutivo en Varsovia, la marginación o no de Polonia en una Unión Europea decidida a restablecer su prestigio y peso internacional.