Hablan los hechos

Jacob Zuma: “De la cima al repudio popular”

Transcurrían las primeras horas del pasado miércoles 14 de febrero en Occidente, cuando a más de uno le tomó desprevenido la noticia sobre la renuncia de Jacob Zuma, hasta entonces presidente de Sudáfrica, a quien el día del amor y la amistad pareció guardarle un amargo final.

Al frente del gobierno desde el 2009, el ahora exmandatario de una nación consignada entre los 18 destinos mega diversos del mundo, cuyo pasado resulta tan tortuoso como admirable, por ser el epicentro del Apartheid a la vez del hogar del extinto e icónico líder de fama mundial, Nelson Mandela, se prepara para un futuro incierto. La anunciada renuncia, ha venido luego de las tensiones generadas a lo interno del Congreso Nacional Africano, partido al que pertenece Zuma, cuya cúpula le había exigido su dimisión a fin de evitar el voto de desconfianza por parte del Parlamento.

Sucede que sobre el exmandatario, quien compartió prisión durante 10 años junto a Mandela por su lucha contra la segregación racial, recaen más de 18 cargos de corrupción dictaminados por el Tribunal Supremo sudafricano, los cuales se suman a todo un historial de controversias, que terminaron marcando negativamente el paso por la función pública de un antiguo héroe de la resistencia. De hecho, este último episodio representaba la novena ocasión en la que el exmandatario sería puesto a prueba en el Parlamento, lo que lo convertía en la presidencia más polémica desde 1994.

En ánimos de brindar una idea del cuestionable prontuario de Zuma, podríamos comenzar por citar que siendo vicepresidente en 1999, éste fue protagonista de una sospechosa transacción de compra de armas francesas por unos $5,000 millones de dólares, que unos años después le mereció la acusación de lavado de dinero y crimen organizado, y su destitución de la vicepresidencia. Para el 2006 logró ser absuelto de unos cargos por violación, muy parecido a lo que enfrentó en el 2009 cuando se le acusó de abuso sexual y corrupción.

A su vez, para el 2016 Zuma fue acusado por gastar unos $20 millones del erario público en reformar una casa de su propiedad, cargo de malversación del cual fue exonerado luego de devolver la cantidad denunciada, mientras alegó que dicha inversión fue para mejorar la seguridad de la residencia, no así para lujos personales. Sin embargo, dada su poligamia, paralelamente a lo anterior ha reconocido gastar 1.5 millones de dólares mensuales en la manutención de sus esposas y 20 hijos.

Por si fuera poco, en consonancia con las acusaciones del 2006, el exmandatario ha sido duramente criticado por su posición respecto a la salud sexual, en especial su desayuda a la campaña contra el VIH SIDA (esta enfermedad es padecida por unos 5.7 millones de sudafricanos, de los cuales mueren 1,000 diariamente), pues debido a sus creencias y hábitos sexuales Zuma admite no usar protección, a la vez que aconsejaba a sus conciudadanos a usar como medidas preventivas los remedios caseros y mantener la higiene.

Esta hilera de denuncias y críticas suelen contrastar con el ferviente apoyo que recibió Zuma al momento de asumir la presidencia por primera vez, donde contó con el 60% de los votos a favor en una campaña que basó en la educación, lucha contra la desigualdad, redistribución de tierra, salud, seguridad ciudadana y empleos dignos. Su ascenso a la presidencia se daba en un contexto favorable para la nación, pues Sudáfrica pasaba a formar parte de los BIRCS, además de ser considerada una de las grandes potencias africanas, junto a Kenia y Nigeria.

De igual forma, el también ex jefe de inteligencia del Congreso Nacional Africano en los tiempos de clandestinidad, había asumido el compromiso de brindar mayores garantías y poder económico a la población mayoritariamente negra del país. Sin embargo, el efecto ha sido totalmente contrario a lo propuesto, donde el limitado acceso a la educación superior de la población negra y un gasto que no supera el 0.75% del PIB en este renglón, ha provocado protestas universitarias y el consiguiente cierre de 16 de las 26 universidades del país, además de que el desempleo juvenil ronda el 50%.

Un movimiento especialmente controversial, fue la decisión en 2016 de Zuma de abandonar la Corte Penal Internacional (CPI), lo cual hizo sin previa consulta y aprobación parlamentaria en medio de los continuos escándalos. Sudáfrica se había adscrito al Estatuto de Roma en 1998, quedando desde entonces bajo la órbita de este tribunal de alcance internacional, incidiendo en efecto en el ordenamiento jurídico interno. No obstante, de cara a los escándalos, las posturas autoritarias de Zuma se fueron haciendo cada vez más evidente, al punto de influir en las instituciones en casos como la desestimación de la denuncia de fraude presentada contra él por el ministro de Finanzas, Pravin Gordhan, quien cuestionó la manipulación gubernamental y corrupción patente en el gobierno. Agregado a esto, la gota que derramaría el vaso sería la designación de un sucesor presidencial, lo que desencadenó las denuncias por la instauración de una posible dinastía, al Zuma decantarse por su ex esposa Nkosazana Dlamini-Zuma. La acción era de prever en un partido donde sus congresistas son electos a puertas cerradas por la cúpula, lo que hace que la elección de Nkosazana, quien había sido ministra de Salud, Interior y Exteriores pudiera ser impuesta, convirtiéndose en la candidata predilecta para las elecciones del 2019. Según los detractores, la movida de Zuma buscaba blindarlo ante futuros procesamientos contra él y sus hijos una vez dejara la presidencia, donde uno de sus vástagos, Duduzane Zuma, está acusado de usar la influencia familiar para lucrarse con contratos del Estado.

Ante todo esto, el principal rival de la esposa de Zuma y actual vicepresidente, Cyril Ramaphosa, quien en los 70´s había sido encarcelado al igual que Zuma y Mandela en su lucha contra el Apartheid, ha plantado una fuerte oposición a la pretendida imposición de un candidato a sucesora, siendo a su vez el principal beneficiario de la renuncia anunciada el pasado miércoles. En efecto, Ramaphosa fue confirmado el jueves como nuevo presidente de Sudáfrica, sepultando las previsiones futuras de Zuma, quien pasó de la cima al repudio social.

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