Opinión

“Si nosotras paramos se para el mundo”

El pasado 8 de marzo las mujeres celebramos como cada año, nuestra alianza para la defensa de los derechos conquistados y alzamos la voz contra las desigualdades y abusos persistentes en la mitad de la población mundial. Lo novedoso en esta ocasión fue la convocatoria y respaldo en más de 170 países de la huelga feminista, propiciando movilizaciones en la esfera laboral, en la de los cuidados y en el consumo.

Esta movilización de carácter social reivindica la necesidad de promover cambios para conseguir la real igualdad de oportunidades entre las mujeres y los hombres. La fecha elegida por el feminismo para conmemorar la participación de las mujeres en la sociedad en igualdad con los hombres, tiene su origen en la feminista rusa Alexandra Kollontai que logró el voto para la mujer, que fuera legal el divorcio y que se celebrara el 8 de marzo el día de la mujer, aunque fuera laborable, el actual reconocimiento a la mujer trabajadora nos remite también a marzo de 1911 cuando 140 trabajadoras murieron en un incendio de una fábrica de camisas en Nueva York, porque habían sido encerradas en su puesto de trabajo.

“Si nosotras paramos, se para el mundo”. La idea fue emular lo ocurrido en Islandia el 24 de octubre de 1975, aquel día, nueve de cada diez islandesas se pusieron en huelga para reivindicar su desarrollo individual y social en igualdad con los islandeses. No solo no fueron a trabajar, sino que dejaron los hombres al cuidado de los hijos. La convocatoria paralizó el país y visibilizó el trabajo no siempre reconocido de la mitad femenina de la población. Lo ocurrido supuso un primer paso en la emancipación de las mujeres y abrió los ojos a muchos hombres de un país que, desde entonces, es referencia mundial en la lucha por la igualdad.

Es una aspiración poner en valor el papel de la mujer en todos los ámbitos de la sociedad, también visibilizando a las que trabajan en casa o cuidan de niños y mayores. Entre otras cosas, la huelga feminista también se propuso denunciar la violencia machista, el sexismo de la sociedad consumista, las desigualdades económicas y poner sobre la mesa algunas cargas que soportamos las mujeres.

La ONU estima que 66.000 mujeres son asesinadas anualmente en el mundo, en América Latina, por ejemplo, cada día son asesinadas 12 mujeres por el hecho de serlo, al menos 200 millones de mujeres y niñas sufren mutilación genital femenina, según Unicef. Más de 700 millones de mujeres contrajeron matrimonio antes de cumplir los 18 años, una de cada tres lo hizo antes de los 15. Aún hoy, 280 millones de niñas se encuentran en riesgo de casarse antes de cumplir la mayoría de edad, conforme a los datos de la agencia de las Naciones Unidas especializada en la defensa de los derechos de la infancia.

Es alarmante que 225 millones de mujeres de todo el mundo carezcan de acceso a una adecuada salud sexual y reproductiva y a medidas de planificación familiar, según revelan los datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Más preocupante aun, 120 millones de niñas de todo el mundo (algo más de una de cada 10) han sufrido violencia sexual en algún momento de sus vidas, de acuerdo a las estadísticas de Unicef. Esto provoca, entre otras consecuencias, embarazos no deseados y mortalidad por abortos inseguros.

Según publica la OMS, unos 16 millones de chicas de 15 a19 años y aproximadamente un millón de niñas menores de 15 dan a luz cada año, la mayoría de ellas en países empobrecidos. La misma organización señala que 47.000 mujeres mueren al año por abortos inseguros (32% en África y 24% en América Latina), las mujeres y niñas comprenden el 71% de las víctimas de trata, según la Oficina de la ONU contra la Droga y el Delito. La mayoría de ellas, para matrimonios forzados y esclavitud sexual, y el 70% de las personas pobres en el mundo son mujeres. Según Naciones Unidas, las mujeres realizan el 66% del trabajo en el mundo, producen el 50% de los alimentos, pero sólo reciben el 10% de los ingresos y poseen el 1% de la propiedad, nada más decepcionante.

República Dominicana no escapa a esta realidad, se percibe en todas las áreas incluyendo en el liderazgo político. Es un tema de voluntad política, los gobiernos deben implementar medidas reales, eficaces y con recursos que erradiquen las diferentes formas de violencias contra las mujeres y menores; que garanticen la seguridad, el acceso a la salud y a derechos sexuales y reproductivos universales y gratuitos; asegurando la igualdad de oportunidades y condiciones laborales justas, sin brecha salarial ni techos de cristal.

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