Opinión

Leonel y Abinader a la cabeza

La economía, en tanto ciencia, permite una mejor comprensión de la dinámica del mundo por medio del razonamiento teórico y del análisis cauteloso de los datos que a diario se generan en nuestro entorno, los cuales se utilizan para contrarrestar las teorías económicas. Pero resulta que estas teorías normalmente se formulan en forma que se denominan modelos económicos, esto es, la realidad simplificada para interpretar la correlación entre variables.

Es bajo ese enfoque que la economía rompe con el simplismo explicativo de situaciones coyunturales que usualmente se tratan sin la rigurosidad requerida y la reflexión objetiva que expliquen las causas y los efectos de los fenómenos económicos. Por tales razones, los economistas recurren a la utilización de datos para desmitificar las magnitudes que tiene una variable sobre otra, por ejemplo, que influencia provoca una medida de política monetaria sobre el crédito, el tipo de cambio y el PIB.

En tal sentido, uno de los instrumentos fundamentales que utilizan los economistas es la correlación entre variables, mediante el cual se puede identificar y describir el nivel de grado en que dos variables tienden a evolucionar al unísono. Esta relación es lo que se conoce en el ámbito económico como el coeficiente de correlación, pues el dominio analítico de este es lo que separa el análisis económico profundo de la descripción de un fenómeno económico sin la rigurosidad ponderativa adecuada.

Esta reflexión se entiende mejor si colocamos en el epicentro al producto interno bruto que, como variable macroeconómica, expresa el valor de los bienes y servicios producidos en una economía en un periodo determinado, que usualmente es un año. Con el PIB se mide el grado de crecimiento de la economía al compararlo con un periodo anterior, el cual va a reflejar en que porcentaje logra variar la producción de bienes y servicios inter periodo.

Es obvio que si el PIB crece ha de esperarse una mayor cantidad de bienes y servicios que ingresan al mercado. En dirección contraria está el hecho de que si el PIB decrece, se estanca o desacelera, en el mercado se observarán menos bienes y servicios disponibles para los consumidores, generándose en lo inmediato escasez y expresión de inflación y desempleo.

En el análisis simplista se tiene la creencia de que si la economía crece esto ha de traducirse en lo inmediato en una reducción de la pobreza o un incremento del bienestar de las personas. Lo que así piensan pierden de vista de que el crecimiento económico no es sinónimo de mitigar la pobreza, pero tampoco del bienestar individual, sino que la economía produce mayor cantidad de bienes y servicios que, al comercializarse, va a permitir que el fisco genere mayores ingresos tributarios, vía mediante la cual se beneficia el Estado para satisfacer las necesidades de la colectividad social.

Esto obliga a la interrogante de que ¿No se supone que si se produce más, se emplea a más personas? la lógica económica permite llegar a esa conclusión, pero si lo vemos desde una óptica sesuda determinar que si el crecimiento del PIB es muy bajo, entonces, no se crea empleo, por tanto, se necesita crecer a tasas mayores para generar nuevos empleos. Por igual, crecer es producir más y no siempre se emplean más personas, sino usando más tecnología, esto significa que hay que ser cauteloso al momento de asociar de manera lineal la reducción o expansión de la pobreza con el crecimiento del PIB. En ese contexto, los hacedores de política económica deben de emplearse a fondo para auspiciar un ambiente económico y social adecuado que evite inestabilidad política ya que esta inexorablemente se refleja en la dinámica de la economía. Si no se crean empleos, no aumentará el consumo y con ello tampoco la producción, lo que a su vez, lleva a menor generación de empleo, por lo que ingresamos a un círculo vicioso que se profundiza con la postergación de decisiones de compra por la incertidumbre política potencial.

La importancia de preservar la estabilidad macroeconómica e impulsar el dinamismo de la economía con políticas económicas responsables, reside en que existe una estrecha relación entre política y economía que se refleja en la proyección del PBI, la inversión privada, lo que tendrá un fuerte impacto en la confianza. Cualquier evento que lacere el esquema institucional y su sistema jurídico, tiende a manifestarse en una inestabilidad política que afecta negativamente el crecimiento económico, pues cuando hay estabilidad, incluso se superan las proyecciones.

En un escenario económico y político que se perciba convulsionado por la precariedad de la credibilidad de sus autoridades, indudablemente que esto representa un alto riesgo y si los mercados lo descodifican así, la incertidumbre se eleva. En conclusión, la preservación de la estabilidad económico político estará en función de la capacidad del respeto a los esquemas institucionales establecidos, lo cual generará confianza en los sectores productivos, impulsará el crecimiento económico y repercusiones positivas en el empleo.

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