Opinión

¿Tiene el liderazgo del PLD la prudencia de San José?

El esposo de María, nos reta a la prudencia, que consiste en la vigilancia interior y el cultivo de la capacidad para obrar bien y tomar las decisiones correctas. Acciones que ayudan a evitar errores que luego se podrían lamentar, la prudencia practicada por personas como San José, constituye una virtud cardinal práctica que nos ayuda a obrar rectamente, facilitando la elección de los medios conducentes a nuestra perfección como seres humanos.

“La prudencia es conductora de virtudes, dijo San Bernardo de Claraval, porque acciona numerosas capacidades humanas como la humildad, la escucha y el discernimiento” este un pensamiento recurrente en mi mente, sobre todo cuando en mi condición de dirigente del PLD analizo el escenario político en nuestro país. Indudablemente, los líderes de nuestra organización se encuentran en una situación delicada, que requiere de absoluta prudencia.

A mediados del mes de marzo pasado, la firma encuestadora ASISA Research Group tomó varias muestras sobre las decisiones e intenciones de las personas, relacionadas al país y su situación política. El 71 % de los dominicanos entrevistados se opone a una reforma constitucional que permita otra reelección presidencial, evidentemente, este resultado es un indicador de cómo está pensando el resto de la población.

La prudencia nos vincula objetivamente a la realidad, exigiendo un conocimiento de la verdad que nos permita obrar bien. Es una virtud que se adquiere con el tiempo, muy distinta a la astucia, compromete nuestras acciones, el comportamiento que debemos exhibir y nos aleja del triunfalismo. Ser prudentes nos ayuda aproximarnos a la verdadera realidad, buscando factores y elementos que nos permitan actuar correctamente en beneficio de todos y todas.

Los que practicamos la fe cristiana, sabemos que prudente es quien se basa en la verdad objetiva para actuar. La prudencia exige una inteligencia disciplinada y vigilante, que no se deje influenciar ni por prejuicios ni por valoraciones irreflexivas, tampoco por deseos ni por pasiones, sino que siempre busque la verdad por incómoda que esta sea, porque prudencia y humildad son inseparables, lo contrario sería la imprudencia precipitada, la impulsividad desconsiderada, o la inconstancia frenética y apasionada.

La prudencia necesita ser cultivada constante y pacientemente en todo momento, buscando discernir para decidir. Este debe ser un llamado a todos los y las peledeístas, debemos actuar con prudencia, si queremos continuar siendo opción de poder en la República Dominicana, si en verdad nos interesa seguir el camino del desarrollo y la modernidad, si todavía queremos ejecutar nuestros objetivos fundacionales y completar la obra de nuestro maestro don Juan, debemos ejercer la prudencia y procurar siempre el bienestar colectivo para hacer nuestro país más grande cada día.

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