Hablan los hechos

Reconciliación entre las Coreas. ¿El inicio de una historia?

“Una nueva historia empieza ahora. Estamos ante una era de paz”. Puede resultar una sorpresa para muchos, pero lo cierto es que esta frase cargada de simbolismo y que sirve para brindar esperanza a la comunidad internacional, fue pronunciada por el líder norcoreano, Kim Jong Un, al momento de firmar el libro de honor previo a la histórica reunión que sostuviera el pasado viernes con su homólogo surcoreano, Moon Jae-in.

Bastaría retrotraernos a solo unos pocos meses atrás, para poder valorar el giro de 360 grados que ha dado la historia, sobre todo si se toma en cuenta que para septiembre del 2017 la animadversión entre Corea del Norte y Estados Unidos estaba en su punto más álgido, llegando a mutuas amenazas que pusieron en jaque a gran parte del planeta. De hecho, para esa fecha el régimen de Pyongyang había llevado a cabo su última prueba nuclear, considerada por expertos en la materia como la más potente en esa nación (Corea del Norte viene haciendo pruebas nucleares desde el 2006), y que confirmaba en cierta medida el nuevo estatus del régimen como potencia nuclear.

Aunque su capacidad podría ser comparativamente menor a la de las actuales potencias nucleares, lo cierto es que la última prueba de Corea del Norte triplicó el potencial de la bomba atómica lanzada por EE.UU. en Nagasaki, Japón, al término de la Segunda Guerra Mundial, lo que le convierte en una amenaza considerable.

Como era de esperar, el éxito de esta prueba vino acompañado de un endurecimiento de la retórica bélica hacia occidente, dando al traste con nuevas y drásticas sanciones impuestas por el Consejo de Seguridad de la ONU, y avaladas por China, que aunque ha sido un tradicional aliado del régimen norcoreano, su rol de potencia y líder del multilateralismo le llevan a propugnar por la estabilidad en la región. Sin embargo, Kim Jong Un pareció haber logrado su objetivo, pues al igual que sucedió en 1998 con Pakistan y la India, las recurrentes pruebas nucleares le terminaron por merecer el derecho a ser tratado con respeto y mayor nivel en futuras negociaciones.

En efecto, esa nueva carta de presentación parece haber sido la antesala de una estrategia futura, dando paso a un cambio de paradigma en la relación del régimen con Corea del Sur y sus pares occidentales. Para estos aprestos habría jugado un papel elemental el presidente surcoreano Moon Jae-in, quien desde que asumió el poder en mayo del pasado año, luego de la deshonrosa destitución de la presidenta Park Geun-hye, se mostró optimista ante un futuro proceso de reconciliación y paz entre las dos Coreas.

El gesto amistoso del sur sería finalmente correspondido a finales del 2017, cuando el presidente norcoreano sustituyó para su discurso de año nuevo la retórica de confrontación por un mensaje más amigable, aceptando posteriormente una invitación que le hiciera Jae-in a los Juegos Olímpicos de invierno. A modo de allanar el camino hacia un futuro proceso de dialogo, el mandatario norcoreano envió como representación del régimen a su hermana y jefa de propaganda, Kim Yo Jong, quien a su vez tuvo un rol determinante junto al general Kim Yong-chol, sobre la decisión del régimen de aceptar un nuevo proceso de acercamiento con Estados Unidos, teniendo como meta una reunión entre los mandatarios de ambas naciones.

Tres meses transcurrieron aproximadamente entre especulaciones e incertidumbre, en torno a si se produciría o no la esperada reunión entre los presidentes de ambas Coreas, un inicio del necesario proceso de paz intercoreano, que sería también la antesala a una reunión futura de Kim Jong Un con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Fue durante ese periodo, que de manera inesperada se supo del viaje del mandatario norcoreano a su gran aliado China, donde fue recibido con todos los honores por el presidente Xi Jinping, en una visita extraoficial cargada de secretismo y alto valor simbólico, por ser el primer viaje al exterior de Kim desde que asumió las riendas del Estado a finales del 2011.

No cabe dudas de que la visita a Beijing por parte del mandatario norcoreano, constituye una muestra de respeto a quien ha sido su principal socio comercial y aliado, lo que supone que dicha visita buscaba garantizar el visto bueno de las autoridades chinas a los pasos futuros del régimen.

De este modo llegamos al más reciente acontecimiento, cuando se produjo la esperada reunión conjunta de los líderes de ambas Coreas en la zona desmilitarizada que divide a las dos naciones. En el proceso, Kim Jong Un se convirtió en el primer mandatario de su nación en cruzar la frontera hacia el sur en 60 años, pero no el primero en reunirse con un mandatario surcoreano, ya que su padre Kim Jong Il se había reunido en la pasada década con dos presidentes de Corea del Sur, pero en Pyongyang.

Es en este contexto donde el líder norcoreano redacta el mensaje con que dimos inicio al presente trabajo, aspirando a consumar un necesario acuerdo de paz que daría fin oficialmente a la guerra que libraron ambas naciones entre 1950 y 1953, y para lo cual será vital la colaboración de Washington y Beijing. La aspiración de alcanzar la paz en este año, ha ido de la mano con la voluntad conjunta de “desnuclearizar” la península de Corea, lo que implica un desmonte del arsenal que ha logrado construir Corea del Norte, a la vez del establecimiento de garantías por parte de Estados Unidos y aliados para con el régimen de Pyongyang.

A su vez, como forma de compensación, Corea del Sur podría estar reabriendo el complejo de Kaesong, una zona industrial que daba empleo a millares de norcoreanos, pero que fue clausurada en el 2016 por órdenes de Seúl, bajo la sospecha de que el régimen despojaba a los empleados de sus ganancias para invertirlo en el programa nuclear. Un dato interesante, es que desde hace unas semanas ambas naciones habían cesado el uso de los altoparlantes propagandísticos, que usaban de manera casi permanente para denunciarse mutuamente desde 1963.

En lo adelante, la agenda de trabajo conjunta sugiere: el fin de las hostilidades; reducción de armas en la región; reunir a las familias divididas por la guerra; conectar las vías férreas entre ambas naciones; convertir la zona desmilitarizada en una zona de paz; entre otros temas…

Será difícil apostar al éxito de este proceso, pero podríamos tener una idea de la voluntad de Pyongyang al concluir con otra curiosa frase de Kim Jong Un, al sugerir: “Quizás habrá adversidades, dificultades y frustraciones en nuestro camino». Pero la victoria no puede lograrse sin dolor”.

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