Opinión

El deseo de las mayorías

Esta semana continúan los trabajos de revisión y estudio al proyecto de Ley de Partidos que descansa en la comisión especial creada por la Cámara de Diputados.

Es bueno recordar que el presidente de esa misma Cámara, Rubén Maldonado, recibió en su despacho las visitas de organizaciones empresariales, políticas, religiosas, profesionales y de la sociedad civil, con el fin de que sean escuchadas sus voces en torno al referido proyecto. Entregaron todo un legajo que bien pudiera ser parte de lo consultado a la hora de hacer las consideraciones finales.

Importante igualmente sería recordarles a los comisionados lo que debe ser la base de sustentación de este proyecto: la Constitución.

Los partidos políticos al igual que otras organizaciones -legalmente formadas- se rigen bajo el derecho fundamental consagrado en nuestra Constitución de libre asociación. Nadie puede imponer cuándo reunirse, dónde, con quiénes ni qué asuntos tratar en esas asambleas de iguales o asociados. Todo se regula según lo dictan sus normas internas.

Para que esta ley sea verdaderamente democrática y cónsona a los deseos de las mayorías debe impregnársele el sello de libertad. Votar por quien quiero, en el tiempo establecido por la organización a la que pertenezco, conforme a las reglas estatutarias. Si no es así, los partidos ni el derecho de afiliación tendrían valor ni razón de ser.

Abiertas y simultáneas sería convocar al país al más grande y estresante desorden nunca visto. Si nos da trabajo leer y respetar las señales de tránsito, qué no sería someterse a la elección de los candidatos a posiciones electorales de todos los partidos en un mismo día. ¿Cuántas boletas, nombres y posiciones serían? ¿Capacidad de los involucrados en este trabajo? ¿Eficacia? ¿Costo? ¡Esto sería como celebrar 2 veces las elecciones generales del país!

El clamor es permitir que la ley nos de un espacio de libertad dentro de su mismo marco regulatorio. Que cada organización escoja sus candidatos a posiciones electivas de acuerdo a sus estatutos y plazos, el día y con el método que mejor le convenga. Quien desee celebrar con el método de abiertas que lo haga, y que le vaya bien. Tenemos experiencias de ingrata recordación en ese sentido.

El PLD no puede darse el lujo de sumar otra variable de estrés al pueblo. Hay que regular y parir una ley digna del partido que fundó don Juan: apegada a lo constitucionalmente establecido, coherente y transparente. Pero sobre todo, democrática y con sentido de libertad. Son los deseos de la mayoría del pueblo… háganlo ya, no den más vueltas.

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