Opinión

En el bicentenario de Karl Marx

Está considerado uno de los autores más leídos de todos los tiempos. Salvo los grandes líderes religiosos, es la figura que mayor influencia ha ejercido en la humanidad. Bajo su inspiración se han realizado diversas revoluciones en distintos continentes; y conforme a su pensamiento, se han organizado varios Estados en el mundo.

Su nombre: Karl Marx.

Nació hace 200 años, el 5 de mayo de 1818, en la ciudad de Tréveris, la cual contaba en ese momento con cerca de 12 mil habitantes. Se encontraba en la porción suroeste del reino de Prusia, que conjuntamente con Austria, formaba parte de los 39 Estados de la Confederación Alemana.

Su padre, Enrique Marx, era un prestigioso abogado, de origen judío. Para poder seguir ejerciendo su profesión, en medio de las severas restricciones de la monarquía prusiana, tuvo que convertirse al luteranismo, la principal denominación protestante. Igualmente, fue un hombre de la Ilustración, un liberal clásico, interesado en las ideas de filósofos como Immanuel Kant y Voltaire.

La madre de Karl Marx, Henriette Pressburg, provenía de una próspera familia holandesa, también de origen judío, que entre uno de sus negocios llegó a fundar Philips, la muy conocida compañía electrónica.

Poco se sabe de la niñez de Marx. Era el tercero de nueve hijos, de los cuales cinco murieron de tuberculosis a temprana edad. En principio, fue educado directamente por su padre, hasta que al llegar a los 12 años de edad ingresó al bachillerato.

En 1835, a los 17 años de edad, Karl Marx se matriculó en la Universidad de Bonn para estudiar jurisprudencia y ser abogado, al igual que su padre. No obstante, no se sintió identificado con los estudios de derecho; y al año siguiente, en 1836, se trasladó a la Universidad de Berlín, donde rápidamente se sintió atraído por las ideas de Hegel, el reconocido filósofo alemán.

De la filosofía hegeliana al materialismo dialéctico

La Universidad de Berlín, fundada por Guillermo von Humboldt, era considerada por aquellos años como el mejor centro de educación superior del mundo. Había un espectacular ambiente cultural y artístico y una efervescencia intelectual que provocó la fascinación del joven Marx.

Para esa época se encontraban en boga las ideas filosóficas de Federico Hegel, quien promovió el concepto de racionalidad. A través de la amistad de dos jóvenes profesores de filosofía, Bruno Bauer y Ludwig Feuerbach, Karl Marx ingresó al Círculo de los Jóvenes Hegelianos, que elaboraron una concepción radical de la filosofía hegeliana, que los condujo de la metafísica a la dialéctica.

De acuerdo con sus propias palabras, lo que Marx hizo con la filosofía de Hegel fue colocarla “patas arriba”. Es decir, mientras Hegel creía en una visión en la que la conciencia engendra el ser, Marx, por el contrario, partía de la premisa de que es el ser, lo material, lo que da origen a la conciencia, o lo espiritual.

De esa concepción surgió la base de lo que sería el materialismo dialéctico, en oposición a la dialéctica idealista. Sobre este particular, sin embargo, sus ideas quedaron más claramente establecidas en su onceava tesis sobre Feuerbach, en las que afirmó: “Hasta ahora, los filósofos que nos han precedido no han hecho más que contemplar el mundo. De lo que se trata es de transformarlo.

Al término de sus estudios superiores, el joven filósofo aspiraba a la cátedra académica. Sin embargo, no le fue posible. Sus ideas radicales se encontraban en conflicto con el carácter autoritario del Estado prusiano.

Por eso, al trasladarse a la ciudad de Colonia, en Alemania, junto a su esposa, Jenny de Westfalia, con quien había contraído nupcias recientemente, inició una carrera que le iba a servir a lo largo de los años, para expresar con eficacia sus ideas a un amplio público: el periodismo.

Empezó escribiendo, a partir de 1842, en el periódico La Gaceta Renana. Posteriormente, desde París, en los Anales Franco-Alemanes. Luego, en una publicación de efímera existencia, Adelante; y finalmente, donde realizó su labor más extensa, en el periódico New York Daily Tribune.

De sus trabajos en la prensa fueron publicados los libros, Sobre la Cuestión Judía; El 18 Brumario de Luis Bonaparte; La Guerra Civil en Francia; La Guerra Civil en los Estados Unidos; y La Lucha de Clases en Francia.

Entre sus obras académicas se cuentan, Crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel; Ludwig Feuerbach y el Fin de la Filosofía Clásica Alemana; Manuscritos Económicos y Filosóficos; La Sagrada Familia; La Ideología Alemana; Miseria de la Filosofía; El Manifiesto del Partido Comunista; Grundrisse; Contribución a la Crítica de la Economía Política; y su obra fundamental, El Capital, en tres volúmenes.

En 1844 inició una amistad con Federico Engels, que lo conduciría a realizar varias obras en conjunto, a ampliar su visión filosófica hacia los campos de la economía, la sociología, la política, la antropología y la historia, así como a intervenir, en el plano práctico, en la organización del movimiento obrero europeo.

De la revolución proletria al siglo XXI

Aunque Marx vio en el sistema capitalista una continuación de la historia como expresión de la lucha de clases, en este caso entre la burguesía y el proletariado, reconoció, sin embargo, su carácter revolucionario.

Así lo hizo junto a Federico Engels en El Manifiesto Comunista, al escribir estas palabras: “La burguesía ha desempeñado, en el transcurso de la historia, un papel verdaderamente revolucionario. En el siglo corto que lleva de existencia, como clase soberana, la burguesía ha creado energías productivas mucho más grandiosas y colosales que todas las pasadas generaciones juntas. Basta pensar en la aplicación de la química a la industria y la agricultura, en la navegación de vapor, en los ferrocarriles, en el telégrafo eléctrico”.

Frente a eso concluye con la siguiente predicción: “El desarrollo de la gran industria socava bajo los pies de la burguesía las bases sobre la que esta produce y se apropia de lo producido. La burguesía produce, ante todo, sus propios sepultureros. Su hundimiento y la victoria del proletariado son igualmente inevitables”.

Es del alto nivel de desarrollo alcanzado por el capitalismo de donde Marx y Engels derivan la idea de su inevitable desaparición. El socialismo, como etapa de transición hacia el comunismo, solo podría llevarse a cabo como resultado de la contradicción entre el desarrollo de las fuerzas productivas y el estancamiento de los modos de producción.

El triunfo de la Revolución bolchevique en 1917, colocó el nombre de Karl Marx en el epicentro de las grandes transformaciones mundiales. Luego de la Revolución rusa se suscitaron varias otras oleadas revolucionarias. Se produjeron insurrecciones socialistas en China y otros países asiáticos; en Europa del Este; en África y América Latina.

Con el desmoronamiento de la Unión Soviética y de otros países socialistas, se consideró que no solo el socialismo, como manera de organización social, sino también el marxismo, como escuela de pensamiento, entraron en crisis.

Para una amplia corriente de opinión, sin embargo, no fue el marxismo lo que se vio afectado con el derrumbe del modelo socialista en varios países. Esto así, en razón de que las denominadas revoluciones socialistas no se produjeron en países capitalistas con alto nivel de desarrollo de sus fuerzas productivas, sino todo lo contrario.

Sin declararse propiamente marxista, un destacado analista político y económico norteamericano, Jeremy Rifkin, en su más reciente libro, La Sociedad de Coste Marginal Cero, hace una profecía que parece emanada de la pluma de Marx.

Dice así: “Como paradigma económico, el capitalismo ha tenido mucho éxito. Aunque su trayectoria ha sido relativamente breve en comparación con otros paradigmas económicos de la historia, es de justicia reconocer que su impacto, tanto positivo como negativo, en la aventura humana quizás haya sido más profundo y más amplio que el de ninguna otra era económica.

Lo único es que el declive del capitalismo no se debe a ninguna fuerza hostil. Frente al edificio capitalista no se agolpan hordas dispuestas a echar sus puestas abajo. Todo lo contrario. Lo que está socavando al sistema capitalista es el éxito enorme de los supuestos operativos que lo rigen. En el núcleo del capitalismo, en el mecanismo que lo impulsa, anida una contradicción que lo ha elevado hasta lo más alto y que ahora lo avoca a su fin.”

El capitalismo de la era digital; del internet de las cosas; de la inteligencia artificial; de la realidad virtual aumentada; de las impresiones 3D; de la robótica; del vehículo sin conductor; del fin del trabajo; y de la transhumanización, parecen ser los sepultureros en el siglo XXI de un sistema que, aunque ha sido reconocido por el propio Marx como el más revolucionario de la historia, encuentra, sin embargo, en la concentración de la riqueza y en la desigualdad social, la fuente permanente de su razón de ser.

A 200 años de su natalicio, Karl Marx, desde su tumba, nos envía ese recordatorio.

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